Isabella, una escritora huye a Italia a buscar algo que la inspiré para una historia de amor. Su novio la engaño con su mejor amiga y su jefa le dijo que no sirve para escribir.
No imagino que en aquel pueblo de Italia encontrará el amor, disfrazado de una coraza celosa, posición y amor.
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Día Triste Para La Familia Valero.
El entierro de Marco Valero fue el 18 de marzo.
Trajeron el ataúd desde Roma hasta Montalcino. Cerrado. De madera clara, como la que usaba Franco grande para hacer las barricas.
Lo pusieron en la pequeña iglesia de piedra del pueblo, la misma donde Pietro e Isabella se habían jurado amor ante Dios en una reunión discreta.
Ahora la misma iglesia, pero con frío de marzo, con nieve sucia afuera, con flores negras.
Isabella llegó con Franquito de 2 meses y medio en brazos, envuelto en la manta amarilla y ahora también en una mantita pequeña que le puso Giulia. El bebé con su piel blanca como la nieve, con su pelo rizado negro, con sus ojos marrones claros, no entendía nada, pero lloraba. Lloraba sin parar desde ayer.
Pietro estaba de traje negro, por primera vez desde la muerte de Marco no se había afeitado, con ojeras, parado al lado del ataúd de su hermano mayor, con la mano encima de la madera, sin decir nada, como si lo cuidara.
Franco grande entró último. Con Giulia del brazo. Con su sombrero negro. Con 70 años. Con su rostro cansado y aquella sonrisa que había borrado en 3 días.
Cuando vio el ataúd de su hijo mayor en el medio de la iglesia, se paró en seco.
—Marco... — dijo bajito.
Se acercó. Con pasos chiquitos. Con bastón.
Levantó la mano para tocar el ataúd.
Y cuando lo tocó, cuando sintió la madera fría donde estaba su primer hijo, su primer hijo varón, el que le dijo "papá, yo me voy a Roma porque Montalcino me queda chico, tengo que abogar por más personas", su corazón no aguantó.
Se llevó la mano al pecho.
—¡Ay! — dijo —. ¡Ay, mi pecho!
Y se desplomó al lado del ataúd de su hijo.
—Papá! — gritó Pietro.
Toda la iglesia se paró.
Franco grande cayó al piso de piedra, con la mano en el corazón, con los ojos abiertos, respirando rápido, pálido como la nieve.
—Paro cardíaco — gritó el doctor de Montalcino que estaba ahí —. ¡Llamen ambulancia! ¡Es el corazón!
Pietro se tiró al piso al lado de su padre, y al lado del ataúd de su hermano. Un padre en el piso, un hijo en el ataúd. Los dos.
—¡Papá, papá no! ¡Papá no me dejes también! — le gritaba Pietro, con la cara pegada a la de su padre.
Giulia, que no pudo tener hijos, que quería a Marco como su hermano mayor que la defendía de todo, que había llegado con la mantita para el bebé, vio a su padre en el piso y a su hermano en el ataúd y se desmayó en seco. Cayó contra la banca de la iglesia.
Dos ambulancias. Una para Franco grande, una para Giulia.
Isabella se quedó sola en medio de la iglesia, con Franquito llorando en brazos, con su piel tibia, con el ataúd de su cuñado que no alcanzó a conocer bien, con su suegro en el piso, con su cuñada desmayada, con su esposo en el piso llorando.
Por primera vez en todos estos meses. Pietro Valero, el dueño celoso, protector y apasionado de 42 años, el que nunca lloraba frente a nadie, el que cargaba barricas de 200 kilos, se arrastró hasta los pies de Isabella y lloró en los brazos de su mujer.
Se arrodilló. Le puso la cabeza en la panza, porque ella estaba sentada en la banca con el bebé. Y lloró como un niño.
—No puedo, Isabella, no puedo — lloraba —. Mi hermano mayor muerto, mi padre con paro al lado de su ataúd, mi hermana desmayada... no puedo ser fuerte. No puedo.
Isabella, con el corazon acongojado, con su pelo rizado negro, con su hijo de 2 meses llorando también, lo abrazó con un brazo, porque en el otro tenía a Franquito. Le acarició el pelo.
—Llora, amor — le dijo bajito, en español, porque el dolor no tiene idioma —. Llora conmigo. No tienes que ser fuerte hoy. Hoy somos una familia triste. Hoy se vale llorar.
Y se sentía. En toda la iglesia de piedra de Montalcino. En toda la villa después. En todo el viñedo nevado. Se sentía la tristeza profunda en la familia Valero.
Ese día, Montalcino entendió que los Valero, que siempre tenían vino, fiesta y felicidad, también podían perder.
Franco grande sobrevivió al paro. Quedó en el hospital de Arezzo, 3 días en cuidados intensivos, con la mano de Pietro agarrada. Giulia despertó a las 2 horas, con ataque de ansiedad.
Pero Marco Valero, el hermano mayor, el tío de Franquito que le mandaba cascos de moto, fue enterrado el 18 de marzo a las 4 de la tarde, con nieve cayendo de nuevo sobre Montalcino, al lado de donde iba a ser enterrado su padre algún día.
Y Franquito, con 2 meses y medio estuvo un poco mas calmado en todo el entierro en brazos de su madre, llorando, como si supiera que su familia ese día perdió una pieza.
La tristeza embargo a todo un pueblo.
Declaró tomar Vino es más peligroso que tomar Ron puro.
Atrapa
afloja
y habré lo que se debe mantener cerrado.
y acá va a:
calentar.
subir la temperatura y abrir lo que estaba cerrado pero entrando en calor y poniendo más aguado que gelatina fuera del enfriador. ( nevera o heladera)
ahora lo culpan😭