Un alma implacable despierta en un cuerpo ajeno.
Tras el trágico final de la antigua Aria Thorne, un espíritu frío, astuto y deslumbrante toma el control de su vida. Decidida a vengar el humillante pasado de la chica tímida, desmantela la arrogancia de Pietro y destroza la envidia de su hermanastra Chloe.
En la élite universitaria, la nueva Aria se convierte en una pesadilla intocable y despierta el peligroso deseo de Dante Vance. Sin romanticismos ni piedad, un juego de seducción y poder comienza.
La víctima murió... hoy reina la destructora.
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CAPÍTULO 24: Fuego cruzado y posesión
¡Hola, mis queridas lectoras! 💖 ✨
Primero que nada, ¡muchísimas gracias por estar aquí acompañándome en esta historia de amor, venganza y pasión! Leer cada uno de sus pensamientos sobre Aria y Dante me llena el corazón.
Si les están gustando estos capítulos cargados de fuego, intrigas y venganza pura, les pido con todo mi amor que me apoyen dejándole un 'Me Gusta', votando por la novela y dejando sus comentarios. 💬 🔥
Saber qué opinan de las locuras de Aria y la devoción de Dante es mi mayor motivación para seguir escribiendo sin parar y traerles capítulos cada vez más apasionantes. ¡Espero sus votos y opiniones aquí abajo! 👇🏼✨
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Una hora después, ambos caminaban por el pasillo principal del centro comercial más exclusivo de la ciudad. Aria lucía impecable: un vestido estilizado que marcaba su figura con sutileza, unos tacones altos y su andar firme. Dante, a su lado, mantenía la mano sobre la parte baja de la espalda de ella, marcando una presencia imponente que atraía las miradas de los transeúntes.
Mientras paseaban cerca de las boutiques de lujo, una voz masculina interrumpió su paso.
—¿Aria? ¿De verdad eres tú?
Un joven de porte distinguido, vestido con ropa de diseñador, se interpuso en su camino con una sonrisa desbordante. Al principio, el alma transmigrada de Aria no lo reconoció en absoluto; sin embargo, en cuestión de segundos, los recuerdos residuales de la antigua Aria inundaron su mente: era Julián, un antiguo compañero del colegio que solía intentar cortejarla en su adolescencia.
—¡Vaya cambio! Estás deslumbrante —dijo Julián, ignorando por completo la presencia del hombre a su lado y dando un paso audaz hacia ella—. Tenía tiempo sin verte en estos lados. Me enteré de que andas libre... Deberíamos ir a cenar esta misma noche a un lugar privado para ponernos al día.
Aria apenas alcanzó a procesar la ráfaga de recuerdos de la vieja Aria cuando sintió la mano de Dante apretarse con fuerza territorial en su cintura.
Dante dio un paso al frente, acortando la distancia de forma intimidante. Su estatura y su envergadura eclipsaron de golpe al joven. Los ojos verdes de Dante se tornaron oscuros, cargados de una furia peligrosa que heló el ambiente.
—Te sugiero que des dos pasos atrás si quieres conservar la dentadura intacta —soltó Dante con una voz grave, rasposa y cargada de una amenaza implícita.
Julián se congeló en el sitio, tragando saliva con dificultad al reconocer al heredero de la familia Vance. La sonrisa se le borró del rostro al instante.
—D-Dante... no sabía que venías con él, Aria —tartamudeó el joven, retrocediendo de inmediato—. Solo... solo estaba saludando.
—Ya la saludaste —intervino Dante, pegando el cuerpo de Aria al suyo de forma posesiva—. Ahora lárgate antes de que pierda la paciencia.
El joven no esperó una segunda advertencia; dio media vuelta y se retiró a paso apresurado entre la multitud.
Aria miró a Dante de reojo, notando cómo la mandíbula de él seguía apretada y la vena de su cuello permanecía marcada por la irritación. Una sonrisa divertida y provocadora se dibujó en los labios de ella.
—Vaya, no sabía que el gran Dante Vance era tan celoso por un simple saludo del colegio —se burló Aria en un susurro, pasando sus dedos por la solapa del saco de él.
Dante la acorraló levemente contra el ventanal de una tienda, tomándola del mentón con firmeza para obligarla a mirarlo directamente a los ojos.
—No son celos, Aria —siseó él con la voz ronca y posesiva—. Es dejarle claro a cualquier idiota que tú me perteneces. Y si alguien más intenta ponerte los ojos encima, voy a tener que enseñarle a la mala cuál es su lugar.
—¿Y si me gusta ver cómo te pones cuando te desafían? —provocó ella, alzando una ceja con absoluta audacia.
Dante soltó una risa amarga y corta, pegando sus labios contra los de ella en un beso dominante.
—Eres una descarada, fiera —murmuró Dante, tomándola del brazo para dar media vuelta hacia la salida—. Nos regresaremos al penthouse ahora mismo. Te voy a quitar esa sonrisa a besos y voy a meter mi miembro en tu conchita rosada.
Aria rió levemente, acalorada por la rudeza de sus palabras, y se dejó guiar por él hacia el vehículo.
En cuanto cruzaron la puerta del penthouse, no llegaron ni a la habitación. Dante la tomó en brazos en el recibidor, devorándole la boca mientras le arrancaba la ropa. Hicieron el amor varias rondas consecutivas por toda la estancia: sobre el sofá, contra el ventanal de la sala y finalmente en el suelo de la alfombra, entregándose a una pasión desenfrenada, posesiva y sin aliento que duró hasta que la tarde cayó por completo.
Mientras tanto, en la sala privada de un exclusivo club de negocios en el centro financiero, el ambiente se respiraba tenso y denso.
Alrededor de una amplia mesa de caoba se encontraban Victoria, luciendo una falsa elegancia que apenas ocultaba su ambición; Chloe, con marcas de la golpiza e hinchazón en el rostro; Pietro, con la mirada perdida y sombría; y los padres de este último, evaluando la situación con frialdad.
—¡Es una maldita salvaje! —estalló Chloe, lanzando una queja al aire mientras se tocaba la mejilla lesionada—. Miren cómo me dejó el rostro. La humillación en la cafetería fue pública, mamá. Todos en el campus grabaron cómo me arrastró por el suelo sin que Alexia ni yo pudiéramos defenderos.
—Cálmate, Chloe —interrumpió la madre de Pietro con fastidio—. Lo que no entiendo es cómo esa muchacha, que siempre fue una tonta sumisa e insignificante a la que podías manipular como querías, de repente actúa como una ejecutora sin piedad.
Victoria suspiró, sirviéndose un copa de licor mientras apretaba la mandíbula.
—Todo cambió desde aquel maldito accidente en el puente —reveló Victoria, llamando la atención de todos en la mesa—. Desde que el carro cayó al río y despertó en el hospital hace unas semanas, Aria no es la misma. Perdió esa timidez estúpida y esa mirada de ciervo asustado. Ahora te mira como si estuviera calculando la forma más rápida de destruirte.
—Es verdad —asintió Pietro con voz ronca y resentida—. Intenté acorralarla como solía hacerlo, pero me habló con una frialdad espeluznante. No solo rechazó mis llamadas, sino que metió una adenda contractual al megaproyecto que compromete a mi familia. Se mueve con una seguridad táctica que nunca tuvo. Se nos está saliendo de las manos.
—No me importa qué espíritu se le metió tras el accidente —sentenció el padre de Pietro con voz dura, dando un golpe seco en la mesa—. Lo que importa es la fortuna Thorne. Su padre sigue de viaje en el extranjero y esta repentina rebelión de Aria amenaza las inversiones de mi empresa.
Victoria dibujó una sonrisa calculadora, inclinándose hacia el centro de la mesa.
—Por eso mismo nos reunimos hoy —dijo Victoria en un susurro cargado de veneno—. Si Aria cambió las reglas del juego y cree que puede ir por la vida humillando a Chloe y arruinando a Pietro, vamos a usar su nueva arrogancia en su contra.
Victoria extrajo una carpeta con documentos notariados de su bolso.
—Aprovechando que su padre me dejó poderes limitados para la gestión de bienes durante su viaje, he estado desviando activos a una cuenta instrumental. Si logramos que Pietro firme la adenda del megaproyecto ajustada a nuestras condiciones y acusamos a Aria de negligencia administrativa por sus actos violentos en la universidad, podremos declararla legalmente incompetente para manejar las acciones de la corporación.
Chloe sonrió por primera vez en el día, sus ojos resplandeciendo de malevolencia.
—¿La dejaremos en la calle? —preguntó Chloe con ansias.
—En la ruina absoluta —aseguró Victoria—. Tu familia, Pietro, absorberá las garantías sin penalización y tú te quedarás con el control del contrato. Aria perderá la herencia Thorne, su reputación y el acceso a las cuentas.
Pietro apretó los puños sobre la mesa. El orgullo herido y el rencor acumulado por la indiferencia de Aria pesaron más que cualquier recuerdo.
—Hagámoslo —aceptó Pietro con la mirada ensombrecida—. Si esa caída en el puente la volvió una mujer fría e intocable, yo mismo me encargaré de romperla hasta que no le quede nada.
Los cinco brindaron en medio de la sala privada, celebrando el plan sin sospechar que cada palabra pronunciada estaba siendo registrada para su propia destrucción.