Camila y Luciano son grandes amigos desde pequeños, ambos se quieren como hermanos, pero las trampas y envidia de una mujer perversa hacen que dos amigos, unan sus vidas por el bienestar de una inocente.
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Sombra y Acechanza
El Corazón que Siguió Amando
Mientras que en algún lugar de los pasillos de la clínica, Daniela y Emiliano, demuestran su atracción mutua, en uno de los pasillos laterales de la misma clínica una hiena enfurecida hace su presencia.
El eco de los tacones de Lourdes resuena seco y cortante por el pasillo de la clínica, marcando cada paso de su furia contenida y su miedo oculto, al entrar a la consulta, apenas escucha las palabras del médico que le confirma que su embarazo avanzaba sin contratiempos, que el bebé crecía fuerte y sano dentro de ella, su mente no estaba ahí, seguía clavada en aquel rostro, aquellos ojos, aquella cara que era la copia exacta de la mujer que ella odiaba con toda su alma y que creía haber borrado para siempre.
—Todo marcha perfectamente, señora Mendiola —Le dice el doctor con amabilidad.
—Su hijo será fuerte y saludable.
— Lourdes apenas asintió, con una sonrisa fría y rígida que no llegaba a sus ojos.
—Gracias, doctor —Murmura mientras su mente ya tenía una red de planes oscuros y silenciosos— Mi hijo tendrá todo lo que merece y nadie se interpondrá en su camino.
Sale de la consulta con el semblante endurecido, la mano apretada contra su vientre como si con ese gesto pudiera proteger a su hijo de cualquier amenaza y también como si lo usara de escudo para sí misma.
El pasillo de la clínica olía a desinfectante y calma forzada. Emiliano caminaba junto a Daniela, su paso lento, atento a cada palabra que ella decía, ella con el cabello rubio brillante que enmarcaba su rostro, hablaba con voz suave, y cada vez que lo miraba, sus ojos se iluminaban de una manera que le revolvía el pecho. El corazón de Daniela latía con fuerza, no por malestar, sino por la cercanía de él; esa sensación cálida y familiar que no lograba explicar, como si lo hubiera conocido toda la vida.
—No sé qué me pasa —confesó ella, llevándose una mano al pecho— Cada vez que te veo, siento que algo dentro de mí se despierta… como si recordara algo que perdí.
Emiliano se detiene un instante, voltea y clava la mirada en ella, el parecido con Camila lo dejaba sin aliento, los mismos rasgos, la misma dulzura y sin embargo, había algo distinto, algo propio de Daniela, quería decirle todo, preguntarle cosas, pero las palabras se quedaban atrapadas en su garganta.
—Tal vez nos conocimos antes —Responde él, con voz baja— Tal vez el corazón no olvida, aunque la mente no recuerde.
Pero su tranquilidad y el buen momento que compartían se acaba porque una mujer enloquecida se les acerca y sus ojos se clavaron en Daniela, el odio que irradiaba fue tan palpable que hasta el aire pareció volverse pesado.
—Tú—escupió Lourdes, con voz cortante, sin siquiera mirar a Emiliano al principio— Eres igual a ella, la misma cara, la misma insolencia de aparecer donde no te llaman ¿Vienes a hacer de las tuyas tan pronto?
— Daniela dio un paso atrás, confundida y herida por la hostilidad que no entendía, observa a Emiliano buscando apoyo, él sintió la necesidad de protegerla de inmediato, colocándose un poco delante de ella.
— Lourdes ¡basta!—dijo Emiliano, firme— No sabes de quién hablas, y no tienes derecho a hablarle así.
—¿Ah no? —Lourdes soltó una risa seca, amarga, sin apartar la mirada de Daniela.
— Mírala, Emiliano, es su viva imagen, parece que la desgracia de esa familia no tiene fin, y ahora viene esta, esta copia a seguir arruinando la vida de los demás, ¿Acaso es la sustituta de Camila para ti? Ya que tu mejor amigo te la quito y la mato.—Se acercó un paso más y sus ojos brillaron con malicia.
— No te confundas niña, no importa cuánto te parezcas a ella, no eres nada, y si sabes lo que te conviene, te alejarás de lo que no te pertenece, o pretendes relajarte y solo ser la sustituta de alguien.
—No sé quién es ella de la que hablas.
—Responde Daniela, con voz firme, me miras con tanto odio, al parecer te equivocaste de clínica, el psiquiátrico queda a dos calles de aquí.
— ¡Yo no estoy loca! — Grita Lourdes.
— Te comportas como tal, por eso ella piensa que enloquesistes, la atacas si no te ha hecho nada. —Contesta Emiliano.
—¿Nada? —Lourdes apretó los puños y se olvidó por un instante de que se encuentra embarazada.— Tu sola presencia ya es demasiado, eres idéntica a ella, llegaste para estorbar, para quitar lo que no es tuyo, pero yo no soy débil, y no voy a permitir que nadie me quite lo que me costó conseguir, ni a Camila y mucho menos a ti.
— Emiliano intervino, colocandose entre ambas, con una mirada severa que hizo que Lourdes dudara un momento.
—Ya es suficiente —dijo él— No voy a permitir que la insultes sin saber quién es, y no tienes idea de todo lo que ha pasado, si vienes a tu consulta, sigue tu camino, pero deja para otros tu odio, No todo gira a tu alrededor, Lourdes. Y mucho menos la gente merece ser tratada así.
Lourdes lo mira incrédula. ¿La estaba defendiendo a ella, a esa mujer que se parecía a Camila? Sintió cómo la rabia le subía por la garganta, mezclada con un miedo oscuro y silencioso, esa chica era una amenaza, lo sentía en los huesos, si Luciano la veía, si descubría quién era realmente, todo lo que había construido con tanto esfuerzo se derrumbaría.
—Esto no termina aquí —susurró Lourdes, mirando a Daniela con veneno en la mirada
ya verás, lo que empieza mal, termina mal y tú no eres bienvenida aquí.
Se giró bruscamente y siguió su camino, con la cabeza en alto, aunque por dentro hervía de ira y de temor.
Daniela se quedó en modo alerta, no le gustaba la forma como la miraba aquella mujer, sus entrenadores le enseñaron que a las víboras se las tiene de frente, ella no es mujer débil.
—¿Por qué me odia tanto? ¿Porque me dijo que solo era una sustituta?— No es la primera vez que la veo, hace unas semanas también me la encontré y me miró de la misma manera, no entiendo porque me odia. ¿Por qué siento que me ocultan muchas cosas?
Emiliano la miró, con el corazón apretado.
—Porque ella tiene mucho que ocultar.
—Responde él, suavemente— Y tu quizás sabes más de lo que crees, no te preocupes por ella, yo estoy aquí, y no eres sustituta de nadie, no voy a dejar que te haga daño.
— Daniela asintió, y cuando sus miradas se cruzaron, su corazón dio un vuelco, había mucha seguridad y nada de temor, pero también había algo más, una certeza silenciosa, no importa cuántos obstáculos se interpusieran, la verdad empezaba a abrirse paso, y el corazón que siguió amando no dejaría de hacerlo, sin importar el precio.
*****
Lourdes camina por los pasillos de la clínica y se dirige a la salida, con una sonrisa torcida y cruel se dibuja en sus labios, al salir llega a su auto e ingresa a el.— No importa quién seas. —Susurra mirando su reflejo en el espejo retrovisor—Ni de dónde hayas salido, si crees que vas a venir a destrozar mi mundo, te equivocas, yo soy Lourdes Mendiola, y nadie me gana, nadie se atreve a ponerse en mi camino y sale bien parado, si es necesario, te haré desaparecer igual de lo que debí hacer desde el principio.
Saca su teléfono, marca un número con dedos firmes y decididos, y al otro lado de la línea su voz sonó baja, cortante y sin rastro de piedad.
—Necesito que averigües de inmediato quién es una joven que estaba con el doctor Emiliano, ella es de cabello rubio, ojos azules, rostro pálido, lleva una cicatriz en el pecho y se parece demasiado a alguien que murió en el parto.
Quiero saber su nombre completo, dónde vive, a quiénes tiene ¡Todo! No dejes ni un solo detalle sin descubrir Y que sea rápido, antes de que pueda hacer algo contra mí, quiero saber de qué familia es y contra quién me debo enfrentar, deseo desaparecerla.
— Dice Lourdes con odio en sus ojos.