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Gemelos genios y un CEO implacable

Gemelos genios y un CEO implacable

Status: Terminada
Genre:CEO / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Una noche que no debía ocurrir. Un secreto que dura siete años. Y dos niños dispuestos a cambiarlo todo.

Ariana lo había perdido casi todo: el cariño de su padre, su lugar en casa, su sueño de estudiar. Lo único que le quedaba era su tenacidad. Hasta que una trampa cruel la arroja a los brazos de Edgar Alcázar, el presidente del imperio empresarial más poderoso del país, un hombre tan atractivo como glacial. Al amanecer, ella huye con un secreto que jamás imaginó llevar.

Siete años después, Ariana ha rehecho su vida lejos de todo, convertida en madre de unos gemelos que no son niños comunes: Rayan y Zayan son dos pequeños genios capaces de hackear cualquier sistema... y de trazar el plan maestro para encontrar al padre que nunca conocieron.

Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, Edgar no piensa dejarla ir por segunda vez. Pero entre ellos se interponen viejas heridas, un comisario que la protegió en silencio durante años y una familia dispuesta a todo con tal de arrebatarle la herencia al heredero.

¿Podrá el amor sobrevivir a siete años de mentiras y a los secretos que aún no han salido a la luz?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

La luz de la mañana entró por la ventana del estrecho cuarto de Ariana, como si quisiera ahuyentar los últimos nubarrones de la noche más espantosa de su vida. Después de haber agotado todas sus lágrimas en la madrugada, Ariana entendió algo: lamentarse de su suerte no iba a cambiar nada. Tenía que seguir viva, y tenía que luchar por su futuro.

Frente al espejo empañado del rincón, se acomodó la blusa. Contempló su propio reflejo; los ojos, todavía un poco hinchados, irradiaban ahora una firmeza nueva. Se dio unas palmaditas suaves en las mejillas, tratando de reunir los restos de su valentía.

—Vamos, Ariana, ánimo... ¡Haz de cuenta que lo de ayer nunca pasó! —se dijo a sí misma en voz baja, forzando una sonrisa tenue—. Tu futuro es mucho más importante que quedarte llorando esta herida.

Ese día pensaba ir a la universidad de sus sueños a pagar el saldo de la matrícula. Aunque había conseguido una beca por mérito académico, la institución no cubría del todo los gastos administrativos. Al menos tenía que depositar unos pocos miles de dólares para el arranque del semestre. Para Ariana, ese dinero era el boleto hacia su mayor anhelo: convertirse en una empresaria exitosa e independiente, a la que nadie volviera a mirar por encima del hombro.

En la universidad la esperaba su mejor amiga, Renata, que le había prometido acompañarla con los trámites.

Con paso decidido, Ariana salió de su cuarto y atravesó el comedor familiar. Allí, don Mariano, su padre, bebía su café de la mañana mientras leía las noticias en el celular, mientras Nova y Dana disfrutaban de su lujoso desayuno.

Al ver a Ariana caminar erguida, bien vestida y con el rostro como si nada le pesara, a Nova y a Dana se les agrió el gesto al instante. El plan de verla destrozada, llorando a gritos o incluso escapando de la casa, pareció evaporarse sin más.

—Buenos días, papá —saludó Ariana al pasar junto a la mesa.

Don Mariano apenas le echó un vistazo por encima del celular, sin devolverle el saludo a su hija, y volvió a concentrarse en su lectura con una indiferencia tan gélida como de costumbre.

Acostumbrada ya a que su padre la ignorara, Ariana no quiso darle más vueltas. Salió de la casa con la cabeza en alto.

En cuanto la puerta principal se cerró, Dana estrelló la cuchara contra el plato de mala manera.

—¡Mami, mira eso! ¿Por qué esa maldita sigue tan campante? —susurró con los dientes apretados de rabia—. ¿No se suponía que ayer la iban a destruir? ¿¡Cómo puede seguir sonriendo y yéndose a la universidad!?

Nova apretó con fuerza la servilleta en su regazo, el rostro encendido de furia.

—Yo tampoco lo entiendo, cariño. Se suponía que volvería hecha pedazos, fuera de sí —siseó cortante, la mirada fija en la puerta que Ariana acababa de cruzar—. Pero tú tranquila: si esa cree que puede seguir tan altanera, está muy equivocada. ¡Voy a averiguar qué pasó de verdad anoche!

Mientras tanto, lejos de la inquina de su madrastra y su hermanastra, Ariana avanzaba por las calles de la ciudad en la mañana. Detrás de su sonrisa firme guardaba a solas, bien apretado, aquel oscuro secreto, y seguía adelante para encontrarse con Renata y recomponer los pedazos de su futuro, casi hecho trizas.

*

*

La luz del sol de la mañana atravesaba el gran ventanal del imponente despacho de la mansión Alcázar, pero su calidez no lograba derretir el ambiente frío y tenso del interior.

Edgar Alcázar estaba recostado en su sillón de mando. Su rostro severo se veía aún más rígido, con las cejas fruncidas en una línea afilada. Tenía la mente por completo secuestrada por aquella mujer de la noche negra. La curiosidad, la culpa y el desconcierto se mezclaban en él y lo hundían en una frustración enorme. Desde temprano, ni una sola pista había conducido a la identidad de la muchacha del uniforme de mesera.

—Bruno... vuelve a buscar información precisa sobre esa mujer —ordenó Edgar en voz baja pero con firme énfasis, clavando la mirada en su asistente.

Bruno, de pie frente al escritorio, inclinó la cabeza con respeto; comprendía lo serio que era este asunto para su jefe.

—Sí, señor. Volveré a rastrear la lista de nombres de las meseras que trabajaron esa noche en el evento —respondió con aplomo, ofreciendo un rayo de esperanza en medio del callejón sin salida de Edgar.

—Bien, espero buenas noticias tuyas —contestó Edgar, agitando la mano en señal de que se pusiera en marcha.

—Enseguida, señor. Con su permiso. —Bruno asintió con rapidez y salió, dejando a Edgar solo en el silencio de su despacho.

Cuando la puerta se cerró del todo, Edgar echó la cabeza hacia atrás y apretó los párpados. Pero, en vez de calma, las imágenes de aquella noche volvieron a girar desbocadas en su memoria. El roce cálido, los gemidos, incluso el llanto apagado de aquella desconocida, seguían resonándole con nitidez en los oídos.

Despacio, Edgar volvió a abrir los ojos. La mirada se le afiló al recordar una prueba innegable que había cambiado por completo su perspectiva: la mancha de sangre sobre la sábana blanca e impecable de la mañana anterior.

—Esa mancha roja es la prueba de que no soy un hombre impotente... —murmuró para sí, con el puño crispado sobre el brazo del sillón.

Un aire de determinación irradiaba con fuerza de su rostro. En medio de la oscuridad de los rumores sucios que fabricaban sus enemigos y de la desesperación de su padre por un heredero, aquella muchacha se había convertido en el único punto de luz y, a la vez, en el mayor enigma de su vida.

—Tengo que encontrar a esa mujer, como sea. Y no me importa su origen ni nada de ella... Lo único cierto es que voy a casarme con esa mujer. Es la única que elegiré para que esté a mi lado —afirmó Edgar, con una convicción y una voluntad de hierro, jurándose a sí mismo que esta búsqueda no se detendría hasta tenerla de nuevo entre sus brazos.

Después de un día entero, casi veinticuatro horas sin ninguna claridad, Nova logró por fin comunicarse con el celular de Desi. Sin perder tiempo, le exigió explicaciones y le señaló una cafetería de ambiente moderno en el centro de la ciudad como punto de encuentro.

En un rincón relativamente tranquilo del local, el ambiente en aquella mesa de cuatro se sentía de todo menos sereno. Nova estaba sentada con los brazos cruzados sobre el pecho y una mirada penetrante, mientras Dana, a su lado, la observaba todo con ojos de inquisidora. Frente a ellas, Desi hacía girar su taza de café, inquieta.

—Desi, ¿estás segura de que hiciste bien tu trabajo, eh? —la acometió Nova con tono tajante—. Porque Jack, el matón que pagué para destruir a esa idiota, jura que jamás se encontró contigo. ¡Ni se te ocurra mentirme!

Desi tragó saliva. De pronto sintió la garganta seca al darse cuenta de que había una grieta fatal en su plan de la noche anterior.

—Ay... Entonces, ¿anoche me equivoqué de persona? ¿Con quién durmió Ariana? —balbuceó Desi, presa del pánico—. Un momento, déjeme averiguar algo en el Hotel Gran Palmera. ¡Tengo un contacto adentro!

Desi marcó a toda prisa el número de su cómplice en el hotel desde su elegante celular. Susurró unos instantes, preguntando por la identidad del huésped que había reservado la habitación donde había dejado a Ariana esa noche. Pero, en cuestión de segundos, el rostro de Desi se puso lívido. Casi se le resbala el teléfono de la mano.

—Es... es un desastre. ¡Me equivoqué de persona por completo! ¡Perdóneme, señora Nova! —dijo Desi, temblando, la cabeza hundida, cubierta de un remordimiento tremendo.

¡Pum!

Nova, incapaz de contener la furia, descargó un golpe seco contra la mesa de madera de la cafetería. El estruendo hizo que varios clientes y meseros se volvieran, sobresaltados, convirtiendo su mesa en el centro de todas las miradas.

—Mami, cálmate. ¡Qué vergüenza, nos está viendo la gente! —susurró Dana de inmediato, sujetando el brazo de su madre para controlar la situación.

Nova tomó aire y lo soltó con brusquedad, intentando aplacar el hervor en su pecho, aunque los ojos aún le echaban chispas.

—Dímelo de una vez: ¿quién es el hombre que durmió anoche con Ariana? —siseó con la voz contenida, pero llena de énfasis.

Desi volvió a tragar saliva, con un sabor amargo en la boca.

—El... el señor Edgar Alcázar... ¡Es él, señora Nova!

Al instante, Nova sintió que se le venía el cielo encima, como si un vendaval la golpeara a ella y también a Dana. Su plan inicial de arruinar el futuro de Ariana entregándola a un matón se había torcido en un destino que la ponía en la cama de uno de los hombres más poderosos y ricos del país.

—¡Desgraciada! ¿¡Por qué tenía que ser justo ese hombre!? —maldijo Nova, rechinando los dientes—. ¡Esto no se puede dejar así! Me temo que ese ricachón va a buscar la identidad de Ariana... Desi, voy a perdonarte el error, pero con una condición.

—¿Cu... cuál, señora Nova? —preguntó Desi, tartamudeando, dispuesta a lo que fuera con tal de librarse de la amenaza.

—¡Borra todos los datos y todo rastro de que Ariana trabajó como mesera esa noche! ¡Que el hotel no conserve ni una sola línea de su identidad! No quiero que ese hombre consiga encontrar a esa estúpida —ordenó Nova, rebosante de manipulación y de una malicia cada vez más encendida.

—B... bien, señora Nova. ¡Lo hago ahora mismo! —respondió Desi con presteza, y sus dedos volvieron a danzar sobre la pantalla del celular para guiar a su contacto en el borrado de todo rastro de Ariana del sistema del hotel.

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Graciela Saiz
no entiendo porque ellos sabiendo que Edgar es el padre de los gemelos, no o le dijeron nada, muy mal 😡,
Graciela Saiz
y porqué ese policía hermano de Renata la esconde de Édgar, si el no es culpable 🤔😡
Tere Jimenez
gracias increíble novela hermosa un abrazo gracias
Tere Jimenez
muy bueno el libro muchas felicidades increíble familia espero nos regales más éxitos tuyos bendiciones y felicidades
Noemi Fernandez
makdutos ambiciosos pero haci les va ir
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