En un pequeño orfanato una niña no sabe que será una de los pocos sobrevivientes y quién era como su madre da la vida par aque ellos puedan escapar.
Decidida y con una promesa echa a la lus de luna, jura proteger a quienes sobrevivieron y a los que la necesiten.
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Capítulo 8: El Molino
Elia estaba en el patio del gremio cuando Orven fue a buscarla.
Ella llevaba la espada de madera en las manos y las pesas escondidas bajo la ropa.
Había terminado una carrera corta alrededor del patio y estaba tratando de recuperar el aliento sin que Bram lo notara.
Bram se encontraba al otro lado, ocupado con dos aprendices, Elia aprovechó para caminar más despacio y fingir que solo estaba descansando.
Orven apareció junto a la puerta.
—Elia, necesitamos hablar.
La niña dejó la espada sobre el banco.
—¿Hice algo?
—No.
Elia lo miró con cuidado.
—¿Y porque?
—Tenemos una misión.
Elia se olvidó del cansancio.
—¿Una misión para mí?
—Para el grupo y tu nos vas a acompañar.
—¿A dónde vamos?
—A un molino que está fuera de la ciudad.
Orven sacó un papel doblado y lo abrió sobre el banco, había un dibujo sencillo de un edificio junto a un río.
También aparecía una rueda grande y un canal de agua.
—Se llama Molino del Sauce, el dueño envió un aviso esta mañana. Desde anoche escucha golpes debajo de la sala principal, aparte de eso de encontró varios sacos rotos y sangre de animales cerca de la acequia.
—¿Hay personas heridas?
—No. Por ahora, nadie resultó herido.
—¿Y el monstruo?
—No sabemos qué tan peligroso es.
Elia frunció el ceño.
—¿No saben si es peligroso?
—No, solo tenemos algunas señales. El dueño vio una sombra oscura junto al agua y escuchó un chillido, no pudo ver la criatura con claridad.
—¿Por qué vamos nosotros?
—Porque no podemos mandar a un aprendiz solo a investigar algo desconocido. Iremos varios aventureros de alto rango para asegurarnos de que la misión sea segura.
Elia miró el dibujo del molino.
—¿Quiénes van a ir?
—Bram, Neris, Sira y yo. También vendrán dos aventureros de rango Plata, uno de ellos conoce la zona y el otro tiene experiencia con monstruos que viven cerca del agua.
—¿Entonces es peligroso?
—No lo sabemos, puede ser una criatura débil que se escondió en el molino o algo más fuerte que todavía no conocemos. Por eso vamos preparados.
Elia tomó la espada corta que llevaba en el cinturón.
—¿Puedo usarla?
—Solo si es necesario. Primero observarás y seguirás cada palabra.
—Voy a hacer todo lo que digas.
Orven la miró con seriedad.
—Eso espero.
El grupo se preparó en el patio, Bram llevó un escudo grande y una espada corta.
Neris cargó un arco y varias flechas.
Sira preparó vendas, frascos y agua limpia, los dos aventureros de rango Plata se llamaban Ivena y Ren.
Ivena era una mujer alta, de cabello oscuro y armadura ligera.
Llevaba una lanza corta y un escudo redondo, Ren era un hombre mayor con barba gris. Usaba una espada larga y tenía una capa marrón llena de bolsillos.
Elia los observó mientras revisaban el equipo.
No hablaban mucho, cada uno sabía qué debía llevar y qué podía necesitar.
Ivena revisó las cuerdas, Ren comprobó las lámparas, Neris examinó las flechas una por una.
Elia miró su propia mochila, tenía vendas, una botella de agua, una cuerda corta y un poco de comida.
—¿Está todo bien?
Preguntó Sira.
—Sí.
—Revisala otra vez.
Elia abrió la mochila y comprobó cada cosa, la cuerda estaba allí, vendas también y la botella tenía la tapa cerrada.
—Ahora sí.
Orven se reunió con todos antes de salir.
—Escuchen, no sabemos qué hay en el molino, no vamos a entrar corriendo. Primero revisaremos el exterior, después veremos las huellas y hablaremos con el dueño. Si es muy peligroso los novatos se retiran.
Elia repitió en voz baja.
—Revisar, observar. Si es muy peligroso, los nos retiramos.
Orven la escuchó.
—Bien, también quiero que recuerdes tus reglas. No te separarás del grupo, no usar magia sin avisar si el hechizo puede afectar a otra persona. Y seguirás cada orden, aunque no te guste.
—Sí.
—No voy a repetirlo durante la misión.
—No será necesario.
—Eso espero.
El grupo salió de Ardentia por la puerta sur, el camino hacia el molino cruzaba campos bajos, huertos y una zona de árboles delgados.
El cielo estaba nublado, pero no parecía que fuera a llover.
Elia caminaba cerca de Bram, no corría aunque sus piernas querían avanzar más rápido.
Las pesas escondidas debajo de la ropa tiraban de sus brazos y sus tobillos.
Ya se había acostumbrado a llevarlas durante las caminatas, pero el sendero tenía muchas piedras y debía levantar bien los pies.
Neris iba delante con Ivena. Las dos observaban el camino.
Después de casi una hora, Neris levantó una mano.
Todos se detuvieron.
—Hay huellas.
Dijo.
Se arrodilló junto al barro, había varias marcas hundidas cerca del sendero.
Algunas eran recientes y otras estaban cubiertas por hojas.
Ivena se acercó.
—Cuatro patas.
—Sí.
Respondió Neris.
—La criatura es pesada, pero no enorme. Las huellas delanteras son más profundas que las traseras.
Elia se acercó un poco, pero se detuvo antes de tocar el barro.
—¿Tiene garras?
Neris señaló el borde de una marca.
—Hay líneas pequeñas. Parece que sí.
—¿Podría ser un lobo?
—No tiene la forma de un lobo. Las patas están demasiado separadas.
Ren se agachó al otro lado del camino.
—También hay marcas de arrastre.
—¿Una cola?
Preguntó Elia.
—Podría ser.
Dijo Ren.
—Tambien podría ser algo que la criatura lleva consigo.
Orven observó los árboles.
—¿Las huellas van hacia el molino?
Neris siguió el rastro con la mirada.
—La mayoría sí. Algunas regresan hacia la acequia.
—Entonces no está lejos.
Dijo Orven.
Elia sintió que una emoción le subía por el pecho, no era miedo.
Era la sensación de estar cerca de algo desconocido.
Orven la miró.
—No te adelantes.
Elia bajó la velocidad.
—No iba a hacerlo.
—Si tu lo dices.
—Solo quería ver las huellas.
—Puedes verlas desde donde estás.
Elia obedeció.
Continuaron por el sendero, el olor a agua y madera húmeda se hizo más fuerte.
Poco después encontraron el primer saco roto.
Estaba junto a unos arbustos, lejos del camino con la tela que había sido rasgada desde un costado.
En el interior quedaban algunos granos de trigo mezclados con barro.
Bram se agachó para revisar la tela.
—Los cortes no son rectos y hay marcas de garras.
Ren miró el suelo alrededor.
—También hay sangre.
Elia se acercó un poco, había manchas oscuras sobre la tierra y un rastro que iba hacia los árboles.
—¿De una persona?
Sira se agachó, sin tocar la sangre.
—No parece, es demasiado poca y está mezclada con pelo.
Neris encontró un mechón atrapado en una rama.
—De animal.
—¿El monstruo cazó algo?
Preguntó Elia.
—Tal ves encontró un animal herido.
Respondió Orven.
—No saquemos conclusiones todavía.
Elia miró los granos de trigo, la sangre y las huellas.
Le costaba imaginar que aquello perteneciera a una criatura que solo estuviera perdida.
—¿Y si está herido?
Preguntó.
—Lo sabremos cuando la veamos.
Dijo Ivena.
Una hora después, el molino apareció entre los árboles.
Tenía dos pisos y una rueda grande junto al canal, el agua pasaba por debajo y movía una compuerta de madera. El edificio en si era viejo pero aún parecía firme.
Un hombre ancho esperaba frente a la entrada.
Tenía barba blanca, ropa cubierta de harina y una expresión preocupada, a su lado estaba un joven con una venda alrededor del tobillo.
—¿Son del gremio?
Preguntó el hombre.
—Sí.
Respondió Orven.
—Soy Orven, venimos a revisar el problema.
—Soy Daro, el dueño y el es Ivo, mi ayudante.
Sira miró la pierna del joven.
—¿Te ataco la criatura?
—No precisamente.
Respondió Ivo.
—Bajé al depósito y una tabla se rompió, cuando salté, me torcí el tobillo. Después escuchamos golpes debajo del piso.
Sira revisó la venda.
—No parece una fractura, pero no deberías apoyar demasiado.
Ivo miró a Elia.
—¿Ella también viene con ustedes?
Elia tocó su insignia provisional.
—Soy aprendiz.
—Es muy pequeña.
Dijo Ivo.
—Es más pequeña que nosotros, pero no significa que no pueda ayudar.
Respondió Daro.
Ivo bajó la mirada.
Orven hizo algunas preguntas, Daro explicó que la criatura había aparecido durante la noche.
Primero escucharon golpes debajo de la sala de molienda, después encontraron varios sacos rotos y restos de animales cerca de la acequia.
—¿Vieron la criatura?
Preguntó Neris.
—Solo una parte que parecía su espalda.
Dijo Daro.
—Era oscura y tenía algo duro encima. Después se metió debajo del molino.
—¿La atacaron?
Preguntó Ivena.
—No, nadie se acercó.
—¿La rueda se movió?
Preguntó Orven.
—Una vez dio un giro y se detuvo. El golpe hizo caer una lámpara.
Orven miró hacia la rueda.
—¿Hay personas dentro del molino?
—No, solo guardamos sacos y herramientas.
—Entonces todos esperarán afuera mientras revisamos el interior.
Dijo Orven.
—Nadie debe acercarse a la rueda ni al canal.
Daro asintió.
Neris comenzó a rodear el edificio, encontró más huellas cerca de la acequia y otras marcas junto a una compuerta atascada.
—La criatura entra y sale por el agua.
Dijo.
Ren señaló unas manchas oscuras junto a una piedra.
—Aquí hay más sangre de animal.
—No hay señales de que haya atacado personas.
Dijo Ivena.
—Pero eso no significa que sea inofensivo.
Orven se reunió con todos.
—Entraremos en dos grupos, Bram, Ivena y yo iremos por la entrada principal. Neris, Ren, Sira y Elia revisarán el exterior y la parte trasera, si encontramos algo, avisamos con una señal antes de movernos.
Elia asintió.
—¿Puedo entrar con ustedes?
—Todavía no. Primero quiero que veas cómo se comporta desde afuera.
—Sí.
Orven se volvió hacia Neris.
—Si encontramos la criatura dentro, te avisaremos. Si ustedes la ven afuera, no la sigan solo marquen el lugar y esperen.
—Entendido.
Respondió Neris.
Orven, Bram e Ivena entraron al molino y la puerta se cerró detrás de ellos.
Elia caminó con Neris hacia la parte trasera, Ren revisaba el suelo y Sira llevaba una lámpara.
El viento movía las ramas y hacía que el agua de la acequia sonara más fuerte.
—¿Qué tenemos que buscar?
Preguntó Elia.
—Huellas nuevas, restos de sangre, pelos o cualquier entrada que no hayamos visto.
Respondió Neris.
—¿Y si encontramos al monstruo?
—Avisamos y no lo enfrentamos sin saber qué tan peligroso es.
Elia observó el suelo había barro, hojas y pequeñas piedras.
Más adelante vio una marca oscura junto a la compuerta.
—Hay algo aquí.
Neris se acercó.
Era una huella reciente, el barro todavía estaba húmedo y el borde no había sido cubierto por hojas.
—Viene desde el agua.
Dijo Neris.
Ren miró la compuerta.
—Está atascada, tal vez la criatura está atrapada del otro lado.
Un golpe sonó debajo del molino.
Elia sintió un tirón en el estómago.
Otro golpe hizo vibrar las tablas.
Sira levantó la lámpara.
—Viene de abajo.
Neris hizo una señal hacia la entrada principal, Ren corrió para avisar al otro grupo pero antes de que llegara un chillido salió de debajo del edificio.
La compuerta se movió.
Elia dio un paso atrás, su mano fue hacia la empuñadura de la espada.
—¿Puedo usar magia?
Preguntó.
Neris no apartó los ojos de la compuerta.
—Todavía no. Esperá.
Elia respiró despacio.
La madera crujió y una parte del suelo se levantó, la criatura intentó salir por debajo del molino pero quedó atrapada entre las tablas.
Orven apareció por la puerta principal junto a Bram e Ivena.
—¿Qué encontraron?
Preguntó.
—Está debajo del molino.
Dijo Neris.
—Parece atrapado junto a la compuerta.
Un nuevo golpe levantó polvo del suelo.
Orven observó la estructura.
—Todos atrás, no sabemos qué tan fuerte es.
El grupo retrocedió, Elia quedó junto a Sira, pero mantuvo la vista en la abertura.
Una garra apareció entre las tablas.
Luego otra.
La criatura rompió parte del suelo y salió lentamente.
Era del tamaño de un perro grande, aunque su cuerpo era más bajo y ancho.
Tenía la piel oscura, cubierta de barro húmedo y pequeñas placas duras, sus cuatro patas terminaban en garras cortas.
Una cola gruesa golpeaba el suelo, el hocico se abría y cerraba mostrando dientes pequeños.
No parecía grande, pero sí fuerte.
La criatura lanzó un chillido y trató de avanzar hacia la acequia.
Bram levantó el escudo.
—No se acerquen.
El monstruo golpeó el escudo y Bram retrocedió un paso.
La criatura no continuó atacando, giró hacia el canal y volvió a intentar avanzar.
Orven observó sus movimientos.
—No está buscando una pelea, quiere salir.
—¿Nl es peligroso?
Preguntó Elia.
—Todavía no la hemos visto en una situación distinta.
La criatura golpeó la madera a un costado, una tabla salió despedida y cayó cerca de Sira.
Ivena la apartó con el escudo.
—Tiene la fuerza suficiente para lastimar a alguien.
Dijo.
Orven miró a Neris y luego a los demás.
—Revisaremos la zona. No parece un monstruo de alto riesgo, pero debemos asegurarnos antes de acercarnos.
Neris observó la criatura desde una distancia segura, Ren revisó las huellas, Ivena miró las placas del lomo y la forma de sus garras.
—No tiene marcas de veneno.
Dijo Ivena.
—Tampoco parece tener un ataque a distancia.
Añadió Ren.
—Está herida en una pata.
Dijo Sira.
—Tal vez por eso entró al molino. Buscaba refugio.
Orven siguió observando.
—Es más débil de lo que parecía en el informe.
Elia miró al monstruo, la criatura respiraba con fuerza y mantenía la cabeza baja.
No parecía estar buscando a quién atacar. Solo intentaba llegar al agua.
—¿Qué vamos a hacer?
Preguntó.
Orven se volvió hacia ella.
—Ahora que sabemos que no parece de alto riesgo, quiero que lo enfrentes.
Elia abrió los ojos.
—¿Yo sola?
—Nosotros estaremos cerca. No será una misión en solitario y si la situación cambia, intervendremos de inmediato.
—¿Qué tengo que hacer?
—Mantenerla lejos de la estructura y llevarla hacia la zona abierta junto a la acequia. No debes matarlo, solo demostrar que puedes enfrentarte a un monstruo.
Elia miró a Bram.
—¿Puedo usar la espada?
—Sí.
Dijo Orven.
—Pero no ataques al cuerpo si no es necesario. Puedes defenderte, apartarla o hacer que cambie de dirección.
—¿Y magia?
—Como solamente no uses algo que pueda herir a los demás.
Elia miró alrededor, Orven, Bram, Neris, Sira, Ivena y Ren estaban preparados para intervenir.
No la dejarían sola de verdad, pero durante unos momentos tendría que actuar por su cuenta.
La criatura volvió a golpear las tablas, luego levantó la cabeza y miró directamente hacia ella.
Elia sintió que su corazón comenzaba a latir más rápido.
No mostraría todo lo que sabía hacer.
No usaría técnicas que nadie conociera, no mostraría la fuerza que había ganado en secreto con sus pesas, sus trotes y sus noches de meditación.
Solo usaría lo necesario.
Se colocó frente al monstruo con la espada en una mano y el agua reuniéndose en la otra.
Orven levantó una mano para dar la señal.
—Cuando estés lista, Elia.
La criatura bajó la cabeza y raspó el suelo con una garra.
Elia imaginó una pequeña flecha de agua, su camino y el lugar exacto donde debía terminar.
Algo comenzó a aparecer frente a sus dedos y el monstruo se lanzó hacia ella.