Yuri Romanov está acostumbrado a defender su libertad a toda costa Sin embargo, una trampa legal lo acorrala y lo obliga a tomar la única salida posible mudarse al penthouse de Dmitry Sokolov, el magnate más frío, metódico e implacable del mundo corporativo dmitry no tolera el desorden y pretende controlar cada segundo de la vida de Yuri bajo un contrato con reglas estrictas lo que no sabe es que Yuri no piensa ceder sin luchar entre provocaciones, miradas cargadas de tensión y un choque de egos imparable, la convivencia forzada amenaza con cruzar una línea de la que ninguno podrá regresar
Nota para el lector: Esta obra contiene una relación de rivales a amantes (enemies to lovers) con dinámicas de poder estrictas, choque de personalidades y desacuerdos constantes antes de llegar al desarrollo afectivo si disfrutas de las historias con alta tensión, sarcasmo y secretos por descubrir, ¡bienvenido a Bajo las Reglas!
18+, ⚠️No denunciar. espero les guste 💝
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Regla Número uno
La lluvia helada de Moscú golpeaba los cristales del penthouse con un ritmo monocorde y agresivo Yuri Romanov observó su reflejo en el enorme ventanal del piso treinta y dos llevaba el cabello revuelto, la chaqueta de cuero húmeda por la caminata desde la estación y dos maletas desgastadas apoyadas contra el impecable suelo de mármol gris Aquel lugar no parecía un hogar parecía la galería de un museo de arte moderno o la celda de máxima seguridad más lujosa de la ciudad Todo en el departamento olía a desinfectante caro, madera de nogal y una disciplina sofocante Yuri apretó los puños, sintiendo cómo la rabia le quemaba la garganta Estar ahí no era una opción, era una condena Un contrato tramposo, firmado en un momento de desesperación para salvar el taller de su familia, lo había acorralado sin piedad
La cláusula era clara, ridícula y completamente humillante para mantener la financiación y evitar la bancarrota inmediata, debía residir bajo el mismo techo que el principal inversor durante seis meses consecutivos
Y ese inversor no era otro que Dmitry Sokolov
El hombre más frío, metódico e intocable del sector corporativo ruso
Un sujeto cuya sola mención en las noticias financieras hacía temblar a directivos experimentados
—Bienvenido a su nueva residencia, Señor Romanov —dijo una voz monótona a su espalda
Yuri se giró
Un hombre de unos cincuenta años, vestido con un traje impecable y guantes blancos, lo miraba con neutralidad absoluta —Soy Borís, el asistente personal del señor Sokolov —continuó el hombre, extendiendo una carpeta de cuero negro bastante gruesa—
—El señor Sokolov se encuentra en una reunión de emergencia en la sede central y no llegará hasta tarde Me pidió expresamente que le entregara esto antes de que instale sus pertenencias
Yuri arqueó una ceja, tomó la carpeta y la abrió En la primera página, en letras tipografiadas de un negro pulcro y amenazante, se leía
Reglamento de Convivencia y Uso del Espacio Privado
—¿Es una broma? —preguntó Yuri con una sonrisa incrédula
—El señor Sokolov no hace bromas, señor Romanov —respondió Borís sin alterar el tono
En ese documento se detallan los horarios de silencio, las zonas de acceso restringido, las normas de limpieza para las áreas comunes y la estricta prohibición de alterar el orden estético del lugar
Le sugiero que lea la Regla Número Uno antes de desempacar
Regla 1: Las zonas comunes deben mantenerse neutrales, ordenadas y libres de objetos personales en todo momento Cualquier elemento que rompa la armonía del espacio será desechado de inmediato
—Dile a tu jefe que si quiere controlar cada segundo de mi vida, tendrá que venir a hacerlo él mismo—espetó Yuri, cerrando la carpeta de un golpe seco
—Yo solo cumplo con transmitir las instrucciones su habitación es la tercera puerta a la izquierda del pasillo principal
Que tenga una buena noche
Borís hizo una breve inclinación de cabeza y caminó hacia la salida, dejando a Yuri completamente solo en la inmensidad del penthouse El silencio volvió a apoderarse del lugar
Yuri caminó hacia el centro de la sala, mirando los sofás de diseño italiano, la chimenea minimalista apagada y las paredes desnudas Un odio profundo comenzó a burbujear en su pecho
Dmitry Sokolov creía que podía comprarlo, encerrarlo en una jaula de cristal y dictarle cómo respirar
Pero si Dmitry quería una guerra de reglas, Yuri estaba más que dispuesto a darle un infierno
Arrastró sus maletas hasta la habitación indicada
Era un espacio amplio pero igual de impersonal que el resto del departamento Yuri abrió la primera maleta, sacó su reproductor de música, varios bocetos, un par de chaquetas coloridas y una pequeña planta de lavanda que había traído consigo
Miró el reglamento sobre la mesa de noche. Luego sonrió con malicia Tres horas más tarde, el sonido metálico de la cerradura electrónica resonó en el recibidor
Dmitry Sokolov cruzó el umbral a las once cuarenta y cinco de la noche Se quitó el abrigo de paño negro, se aflojó el nudo de la corbata y soltó un suspiro pesado
La jornada en la junta directiva había sido sofocante, pero lo que realmente le irritaba era saber que al volver a su santuario privado, encontraría a un extraño ocupando su espacio
Dmitry era un hombre de orden absoluto
Su vida entera estaba calculada en cuadros de Excel, horarios de cinco minutos y márgenes de error cero
La presencia de Yuri Romanov en su vida era un mal necesario, una jugada estratégica para asegurar un activo valioso, pero no pensaba tolerar que el joven arruinara su paz Avanzó por el pasillo hacia la sala, esperando encontrar las luces apagadas y todo en su lugar
Sin embargo, en cuanto dio el primer paso fuera del corredor, se detuvo en seco
Su rostro, habitualmente inexpresivo, se endureció al instante Su rostro, habitualmente inexpresivo, se endureció al instante La luz cálida de la cocina estaba encendida sobre la isla de mármol negro —donde estaba estrictamente prohibido comer
Había un plato con migas de pan, una taza de café a medio terminar y un cuaderno de bocetos abierto de par en par pero eso no era lo peor
En el centro del sofá principal de la sala, una chaqueta de mezclilla desgastada y un par de botas llenas de barro seco descansaban impunemente sobre el tapizado claro
De fondo, saliendo de un altavoz portátil en la barra, sonaba una melodía suave de guitarra que rompía por completo el silencio absoluto que Dmitry exigía a esa hora En el taburete de la barra, de espaldas a él, estaba Yuri
Llevaba una camiseta blanca holgada, los audífonos colgando del cuello y dibujaba algo con concentración absoluta mientras le daba un trago a un vaso de agua Dmitry caminó con pasos lentos y pesados hasta quedar justo a un lado de la barra
Su sola presencia parecía bajar la temperatura del ambiente varios grados
—¿Sueles ignorar las órdenes escritas o simplemente no sabes leer, Romanov?
la voz de Dmitry resonó baja, profunda y cargada de una frialdad cortante
Yuri no se sobresaltó Detuvo el trazo de su lápiz con calma, sostuvo el vaso unos segundos más y luego giró la cabeza lentamente para mirarlo a los ojos
Por primera vez, sus miradas se cruzaron sin intermediarios ni abogados de por medio. Dmitry era más alto, de hombros anchos y rostro esculpido con una rigidez intimidante sus ojos oscuros no mostraban una sola gota de calidez
Yuri, en cambio, sostenía la mirada con un orgullo desafiante, las cejas ligeramente fruncidas y una chispa de rebeldía ardiendo en sus pupila —Buenas noches para ti también, Sokolov
—contestó Yuri con una sonrisa sarcástica— Y respondiendo a tu pregunta: sé leer perfectamente Tu reglamento me pareció bastante útil... para nivelar la pata de la mesa de mi habitación
Dmitry entrecerró los ojos
Dando un paso al frente, acortó la distancia entre ambos hasta que Yuri pudo sentir la presión sofocante de su aura
—Este penthouse es mío las reglas no son una sugerencia, son las condiciones bajo las cuales te permito estar aquí —dijo Dmitry con una voz tan firme que no admitía réplica
—Mañana a las seis de la mañana no quiero ver una sola de tus pertenencias fuera de tu habitación si vuelves a dejar tus cosas en mi sala, irán directo a la basura
Yuri se levantó del taburete despacio, negándose a quedar por debajo de él Aunque Dmitry le sacaba casi una cabeza de altura, el joven no dio un solo paso atrás
—Puedes tirar lo que quieras, Sokolov —susurró Yuri, inclinándose levemente hacia él con descaro —Pero métete esto en la cabeza: firmé un contrato para vivir aquí, no para ser tu sirviente ni tu empleado si querías un muñeco obediente, te equivocaste de persona
La tensión entre los dos se volvió tan densa que el aire en la cocina pareció congelarse
Dmitry sostuvo la mirada del joven durante un largo y pesado silencio, evaluando cada rasgo de su rostro, buscando algún rastro de duda o miedo no encontró ninguno
—Ya lo veremos—dijo Dmitry finalmente, con una frialdad casi peligrosa —Mañana empieza tu primer día oficial bajo mi techo
Que descanses, Romanov Lo vas a necesitar
Sin decir una palabra más, el ejecutivo se giró y caminó a paso firme hacia su suite al fondo del pasillo, dejando la puerta cerrada tras de sí
Yuri se quedó de pie en la cocina, escuchando el eco de los pasos de Dmitry Apoyó las manos sobre la barra y soltó una larga bocanada de aire
La batalla acababa de empezar, y ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder un solo milímetro
Dmitry Sokolov: 28 años, alto, cabello oscuro, ojos fríos / Yuri Romanov: 20 años, actitud rebelde, estilo urbano
Espero les guste❤️