Leticia fue traicionada y asesinada, pero el destino le dio una segunda oportunidad bajo un nuevo nombre... Isabela Torner, ahora tiene un esposo que la detesta, un pasado lleno de escándalos y una criatura que crece en su vientre.
Román Osorio cree conocer a su mujer, pero no tiene idea de que la verdadera Isabela murió y que en su lugar hay una mujer capaz de matar con la mirada... y de conquistar lo que se proponga.
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Capitulo 10
ROMAN OSSORIO:
—¿Diferente? Entonces esa es una excelente oportunidad.
Dice Jhonatan con una sonrisa.
—¿Oportunidad para qué? Estoy seguro de que ese es otro de sus juegos.
—Si le habló de esa manera a sus padres, no creo que sea un juego Román, tal vez ella de verdad quiere cambiar.
Me río de sus tontas palabras mientras tomo un buen sorbo de Whisky.
—¿Acaso te estás escuchando, Jhonatan? Le espeto, dejando el vaso de cristal sobre la mesa con un golpe seco.
—Estamos hablando de la mujer que se lanzó por las escaleras sabiendo que lleva a mi hijo en su vientre... Isabela no cambia, ella solo muta para sobrevivir.
Jhonatan, que ha estado a mi lado desde que empezamos a mover cargamentos de grado militar por la frontera, se encoge de hombros y se sirve otro trago.
Es el único que se atreve a cuestionarme y hoy parece especialmente insistente.
—Solo digo que la Isabela que yo conocía habría usado la cena para pedirte un collar de diamantes a cambio de no humillar a sus padres.
Comenta mirando hacia la escalera por donde ella desapareció hace unos minutos.
—Esta mujer los enfrentó a ellos y de paso, protegió tu dinero... Eso no es un berrinche, Román... Eso es estrategia... Algo extraño en ella.
—O un juego mucho más retorcido.
Sentencio, aunque una parte de mí, la que nunca baja la guardia está de acuerdo con él.
Esa mirada ya no es la mirada vacía y caprichosa de la mujer con la que me casé por contrato... Hay algo letal ahí dentro.
Algo que me resulta... Mmm, algo fascinante.
—Vamos arriba.
Le digo a Jhonatan, dejando el whisky a medias para salir de mi despacho.
—Tengo que dejarle claro que su nueva personalidad no le da derecho a meter la nariz en mis asuntos.
Subimos las escaleras y caminamos hacia el fondo del pasillo.
Me detengo frente a su puerta... No hay rastro del olor empalagoso a rosas que solía salir de su habitación y al abrir la puerta sin llamar, el aire me golpea con la sobriedad del acero y la madera oscura.
Ella está ahí descalza, de pie en medio de una habitación que parece un centro de mando en lugar de un tocador de damisela.
Ella con su pequeña panza se gira hacia nosotros con una lentitud que me pone los pelos de punta.
No hay miedo en sus ojos... Solo una evaluación fría.
—¿No te enseñaron a tocar esposo?
Pregunta arqueando una ceja con una elegancia que me irrita.
Ignoro su sarcasmo y Jhonatan se adelanta, observando las paredes grises con una sonrisa de incredulidad.
—Vaya Isabela, el rosa no te sentaba tan bien como este frío.
Dice él divertido.
—Jhonatan y yo tenemos que revisar el inventario del sótano.
Suelto con voz gélida, tratando de recuperar el control.
—Asegúrate de que nadie del personal baje allí... Ni siquiera tú, especialmente tú.
Esperaba que protestara, que hiciera un berrinche sobre por qué no puede usar el sótano para guardar sus zapatos nuevos o cualquier cosa suya ridícula.
Pero lo que sale de su boca me deja helado.
—Si te refieres al cargamento de rifles automáticos que llegó anoche en los camiones de supuesta seda, no te preocupes.
Dice con una naturalidad que me revuelve las tripas.
—Mis oídos funcionan mejor que antes, Román... El peso de esos camiones no era de tela precisamente... El motor sufrió demasiado en la subida, eso solo pasa con el exceso de metal.
Siento cómo la sangre se me congela y Jhonatan deja de sonreír de golpe y su mano baja instintivamente hacia su espalda, buscando el arma.
Yo doy un paso hacia ella cerrando el espacio entre nosotros hasta que puedo ver el brillo desafiante en sus pupilas.
—¿Cómo sabes eso?
Mi voz es un susurro peligroso.
—¿Quién te lo dijo? ¿Tu padre? ¿Para quién trabajas Isabela?
Ella no retrocede... Al contrario, se inclina hacia mí.
—Nadie me lo dijo y si vas a mover mercancía de ese calibre, deberías revisar el silenciador del portón trasero del almacén, chirría lo suficiente como para despertar a un sordo.
Me responde bajando el tono.
—Me da dolor de cabeza.
La sujeto del brazo apretando más de lo que debería, mi mente trabaja a mil por hora ¿Es una espía? ¿El accidente fue una fachada? ¿Lleva meses fingiendo ser una idiota para infiltrarse en mi organización?
—¿Quién eres tú realmente?
Gruño entre dientes.
—Isabela no sabía distinguir una pistola de un secador de pelo... No sabía leer un balance de carga por el sonido de un motor.
Ella me devuelve la mirada y por un segundo, me parece ver la sombra de un soldado en su rostro de porcelana y una sonrisa macabra se forma en sus labios.
—Digamos que el golpe en la cabeza me refrescó la memoria de cosas que no sabía que sabía... O que existía.
Suelta una pequeña risa cargada de veneno.
—Ahora, sal de aquí... Tengo un hijo que proteger y no pienso dejar que tu falta de discreción nos ponga en peligro.
La suelto confundido y furioso.
Salimos de la habitación y Jhonatan me mira en el pasillo, tan pálido como yo.
—Román...
Susurra.
—Esa mujer no es tu esposa... No, la verdadera Isabela no actuaría de esa manera.
—Lo sé.
Respondo mirando la puerta cerrada.
—Y lo peor es que no sé si quiero matarla... o preguntarle dónde aprendió a escuchar el peso de un camión...
y yo pensando que era una más de tantas oportunistas y nada que ver 🤭
pd: esta chica le hecho el ojo a Jonathan y no lo va a dejar