Una brillante Doctora reencarna en el cuerpo de una delicada aristócrata. Para evitar un matrimonio forzado y seguir su pasión, decide estudiar medicina, desatando el escándalo.
Su padre la envía a prueba al Hospital Central bajo las órdenes del doctor más estricto del imperio. Él cree que es una noble caprichosa y la manda al peor pabellón para que renuncie.
Pero ella no le teme a la sangre, domina técnicas del futuro y está lista para demostrar que nadie maneja el bisturí mejor que ella.
NovelToon tiene autorización de Juna C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 18
La oficina de Emilian se había quedado en un silencio cargado de algo que ninguno de los dos se atrevía a nombrar. Elara aún sentía el roce de sus dedos en el cuello, y Emilian seguía de pie junto a la ventana, con la mirada perdida en el exterior como si buscara respuestas en las nubes.
—Los pacientes —repitió ella, más para sí misma que para él.
Emilian asintió sin mirarla.
—Sí. Los pacientes.
Pero ninguno de los dos se movió. Ninguno de los dos rompió el hechizo que se había creado entre ellos.
Fue entonces cuando la puerta se abrió de golpe.
Una enfermera entró con el rostro pálido y la respiración agitada.
—¡Doctor Hawthorne! ¡Doctora Elara! ¡Hay una emergencia en la sala de urgencias! Varios heridos han llegado de una obra en construcción. Un derrumbe.
Emilian se puso en acción al instante. La expresión soñadora desapareció de su rostro, reemplazada por la frialdad profesional que todos conocían.
—¿Cuántos?
—Cinco. Dos graves, tres con heridas moderadas. Pero uno de ellos... —la enfermera tragó saliva—. Uno de ellos tiene una viga clavada en el pecho.
—Vamos —dijo Emilian, y su voz era un látigo.
Elara ya estaba en pie, con el corazón latiendo no por el momento íntimo que habían compartido, sino por la adrenalina de la emergencia.
La sala de urgencias era un caos controlado. Cinco camillas ocupaban el espacio, con médicos y enfermeras moviéndose a toda velocidad entre ellas. El olor a sangre y sudor llenaba el ambiente, y los gemidos de dolor se mezclaban con las órdenes gritadas.
Emilian se dirigió directamente al paciente más grave. Un hombre de mediana edad, con el rostro grisáceo y una viga de madera del tamaño de un brazo clavada en su pecho. La sangre empapaba su camisa y manchaba la camilla.
—¿Qué tenemos? —preguntó Emilian, examinando la herida con rapidez.
—La viga ha perforado el tórax —respondió uno de los médicos—. No sabemos si ha alcanzado el corazón o los pulmones. No podemos extraerla sin saber qué hay debajo.
Emilian frunció el ceño. Sus dedos se movieron con precisión alrededor de la herida, palpando con una delicadeza que solo alguien con años de experiencia podía tener.
—La viga está en el lado derecho —dijo, con seguridad—. No ha alcanzado el corazón. Pero ha perforado el pulmón. Si la extraemos sin control, el colapso será inmediato.
Elara se acercó y observó la herida. Todo lo que Emilian había dicho era correcto. Y había algo más que ella no había notado.
—Además —continuó Emilian, señalando un punto cerca de la viga—. Hay fragmentos de la madera incrustados aquí. Si no los retiramos, la infección será inevitable.
Elara lo miró con admiración. Él lo había visto todo en segundos. Todo lo que ella habría necesitado más tiempo para evaluar.
—¿Cómo piensas hacerlo? —preguntó ella.
Emilian la miró, y por un instante, una leve sonrisa apareció en sus labios.
—Voy a necesitar tu ayuda. Tú sujetas la zona mientras yo extraigo la viga. Luego retiramos los fragmentos y sellamos la herida. Pero tenemos que ser rápidos.
Elara asintió.
—Hazlo.
El procedimiento fue rápido y preciso. Emilian tomó el bisturí con una seguridad que dejaba sin aliento a todos los presentes. Sus manos, firmes y experimentadas, se movieron con una precisión que Elara reconocía. Era la mano de alguien que había hecho esto cientos de veces.
—Más presión aquí —dijo él, señalando un punto—. Ahora, sujeta firme.
—Listo —respondió ella.
—Extraigo en tres. Uno... dos... tres.
La viga salió con un sonido húmedo y la sangre brotó con fuerza. Elara aplicó presión en el punto indicado, y Emilian comenzó a trabajar con rapidez, retirando los fragmentos de madera con pinzas finas y cauterizando los vasos dañados.
—Casi está —murmuró él, con la frente sudorosa—. Solo un poco más.
Cuando terminó de suturar la herida, el paciente respiraba con más regularidad. El color comenzaba a regresar a su rostro.
—Ya está —dijo Emilian, dejando caer los hombros—. Ahora solo necesita reposo y vigilancia.
Elara lo miró con una mezcla de admiración y algo más.
—Eso fue impresionante —dijo en voz baja—. Has visto detalles que yo no había notado.
Emilian la miró, y por un instante, la seriedad de su rostro se suavizó.
—He tenido más años de práctica —respondió—. Pero tú tienes algo que yo no tengo.
—¿El qué?
—Intuición. Una forma de ver las cosas que no se enseña en los libros.
Elara sintió un calor agradable en el pecho.
...⁜...
...⁜...
...⁜...
...⁜...
que alguien me explique 🤔🤔🤔