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Cuando La Envidia Habla

Cuando La Envidia Habla

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Traiciones y engaños / Villana
Popularitas:169
Nilai: 5
nombre de autor: J.Lumi

Cuando la envidia habla
En un mundo donde las emociones no solo se sienten… también pueden escucharse.
Los sentimientos son capaces de transformarse en ondas de sonido que revelan lo que el corazón intenta ocultar. La felicidad puede iluminar, la tristeza puede quebrar, pero existe una voz mucho más peligrosa: la envidia.

Nacida de los pensamientos más oscuros, la envidia puede convertirse en un arma capaz de destruir sueños, romper vínculos y convertir la confianza en una traición inesperada.
Porque cuanto más cerca dejas a alguien, más profundo puede llegar la herida.

Pero… ¿qué ocurre cuando la envidia deja de ser solo una emoción y comienza a hablar por sí misma?

En un mundo donde los sentimientos tienen voz, descubrirás que el peor enemigo no siempre está frente a ti. A veces vive dentro de aquellos que dicen quererte… y otras veces, dentro de tu propio corazón.
Una historia sobre la ambición, los secretos, las heridas invisibles y la emoción más peligrosa de todas:
la envidia

NovelToon tiene autorización de J.Lumi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 20 — Cuando la envidia se vuelve ley

"El día más peligroso no será aquel en que la envidia nazca... sino aquel en que nadie recuerde cómo vivir sin ella."

El silencio cubría el mundo.

No era un silencio de paz.

Era el silencio que quedaba después de demasiadas discusiones.

Después de demasiadas despedidas.

Después de demasiados sueños abandonados.

La Envidia contempló aquel paisaje desde lo alto de una ciudad.

Las calles seguían llenas de personas.

Los hogares continuaban iluminados.

Los niños aún corrían.

Los artistas todavía intentaban crear.

A simple vista...

Nada había cambiado.

Pero las emociones conocían la verdad.

Todo era diferente.

La Esperanza caminó entre los corazones.

Buscó aquella pequeña luz que durante tanto tiempo había protegido.

Cada vez encontraba menos.

No porque hubiera desaparecido.

Sino porque las voces humanas eran ahora mucho más fuertes.

Ya no era la Envidia quien hablaba.

Eran ellos.

Un padre comparaba a un hijo con otro.

Un amigo celebraba un fracaso ajeno en silencio.

Un compañero desconfiaba antes de conocer la verdad.

Un artista dejaba de crear porque otro parecía hacerlo mejor.

Un joven miraba su reflejo creyendo que nunca sería suficiente.

Las mismas frases se repetían una y otra vez.

Pero la Envidia permanecía completamente callada.

No hacía falta intervenir.

Sus palabras ya vivían dentro de la humanidad.

La Tristeza levantó lentamente la mirada.

—¿Por qué no dices nada?

La Envidia sonrió.

Era una sonrisa distinta.

Más tranquila.

Más peligrosa.

—Porque ya no necesito hacerlo.

Las demás emociones guardaron silencio.

Aquella respuesta pesó más que cualquier amenaza.

La Envidia descendió lentamente hasta el centro del mundo.

No llevaba una corona.

No necesitaba un trono.

Su reino no estaba construido con piedra.

Estaba hecho de pensamientos.

—Durante siglos creyeron que yo era una emoción pasajera.

Un defecto.

Una debilidad.

Qué poco me conocían.

Nunca quise dominar los corazones por la fuerza.

Solo quería enseñarles una nueva manera de mirar.

Y ustedes...

Aprendieron demasiado bien.

La Esperanza reunió el valor para responder.

—Todavía existen personas capaces de amar sin compararse.

Todavía hay quienes celebran los logros ajenos.

Todavía queda luz.

La Envidia asintió.

—Lo sé.

Y precisamente por eso...

Nunca dejaré de existir.

Mientras alguien tema no ser suficiente...

Siempre encontrará mis palabras.

El viento recorrió ciudades enteras.

Miles de voces hablaban al mismo tiempo.

Ninguna pronunciaba el nombre de la Envidia.

No era necesario.

Cada comparación.

Cada sospecha.

Cada resentimiento.

Cada desconfianza.

La nombraban sin saberlo.

Aquella era su verdadera victoria.

No ser reconocida.

Sino ser confundida con la normalidad.

La Alegría apenas conseguía mantenerse en pie.

La Compasión abrazaba a quienes aún eran capaces de perdonar.

La Confianza intentaba reconstruir puentes destruidos.

Pero el trabajo era cada vez más difícil.

Porque ahora luchaban contra una idea.

Y las ideas...

Podían sobrevivir durante generaciones.

La Envidia contempló el inmenso horizonte.

No vio guerras.

No vio ciudades en ruinas.

Vio algo mucho más profundo.

Millones de personas viviendo vidas que ya no les pertenecían.

Persiguiendo sueños ajenos.

Midiendo su valor con la felicidad de otros.

Olvidando quiénes eran.

Aquello era suficiente.

No necesitaba destruir el mundo.

Le bastaba con cambiar la forma en que el mundo pensaba.

La Esperanza dio un último paso.

Su luz era pequeña.

Casi invisible.

Pero seguía viva.

—Mientras exista un solo corazón capaz de mirarse sin despreciarse...

Todavía no has vencido.

La Envidia guardó silencio durante un largo instante.

Después sonrió con una serenidad imposible de descifrar.

—Tal vez tengas razón.

Nunca podré apagar todas las luces.

Pero ya no necesito hacerlo.

Basta con convencerlas de que brillan menos que las demás.

Y ellas mismas comenzarán a apagarse.

El cielo quedó inmóvil.

Las emociones observaron a la humanidad una última vez.

Nadie escuchó grandes discursos.

No hubo una batalla final.

No hizo falta.

Porque la guerra más peligrosa jamás ocurrió entre emociones.

Ocurrió dentro de cada corazón.

La Envidia dio media vuelta y comenzó a alejarse.

No huía.

No desaparecía.

Simplemente caminaba entre las personas sin que nadie la reconociera.

Antes de perderse entre la multitud, pronunció sus últimas palabras.

—Hoy dejo de ser un simple susurro.

Hoy dejo de ser una sombra.

Hoy...

Me he convertido en una ley.

Y la ley más difícil de romper...

Es aquella que las personas creen haber elegido por sí mismas.

El viento volvió a soplar.

La Esperanza protegió su pequeña llama con ambas manos.

Era frágil.

Pero seguía encendida.

Porque incluso cuando la Envidia parecía haber conquistado el mundo...

Siempre existía una decisión capaz de desafiarla.

La decisión de dejar de compararse.

Y, por primera vez desde que todo comenzó...

El silencio hizo una pregunta que quedó suspendida sobre la humanidad:

Si la Envidia ya no habla... ¿de quién es realmente la voz que escuchamos dentro de nosotros?

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