Contra Toda Regla narra el reencuentro entre Ander y Eliana, una atracción prohibida que desafía amistad, lealtad y principios, demostrando que algunos amores nacen precisamente donde nunca deberían hacerlo.
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Capítulo 14
Al salir del restaurante, Ander miró su reloj.
Apenas pasaban de la una de la tarde.
No tenían ninguna reunión programada hasta las cuatro.
Guardó las llaves del automóvil en el bolsillo y miró a Eliana.
—¿Tienes prisa por volver a la oficina?
Ella negó con la cabeza.
—No.
Él dudó unos segundos antes de hablar.
—Podríamos quedarnos a comer.
Eliana lo miró con sorpresa.
—¿Aquí?
—La comida es buena y ya estamos aquí.
Ella sonrió.
—Está bien.
Los dos revisaban el menú más de lo necesario.
Ninguno parecía saber cómo iniciar una conversación que no tuviera relación con el trabajo.
Finalmente llegó el mesero, tomaron la orden y, cuando volvió a alejarse, Ander apoyó los antebrazos sobre la mesa.
—La reunión salió mejor de lo que esperaba.
Eliana sonrió.
—Creo que ellos ya tenían decidido trabajar con nosotros.
—Sí.
—Solo querían asegurarse de haber tomado la decisión correcta.
Ander asintió.
—Y lo hiciste bastante bien.
Ella sonrió con humildad.
—Gracias.
Volvió el silencio.
Esta vez fue Eliana quien decidió romperlo.
—¿Siempre eres así?
Él levantó una ceja.
—¿Así cómo?
—Tan... reservado.
Ander soltó una leve risa.
—Creo que sí.
—Lo imaginaba.
—¿Y tú siempre hablas tanto?
Ella fingió indignarse.
—¡Oye!
Él sonrió de lado.
—Es una pregunta.
—Depende de la persona.
—¿Conmigo hablas mucho?
Eliana bajó la mirada unos segundos.
—Creo que aún estoy descubriéndolo.
Aquella respuesta hizo que Ander la observara un instante más de lo habitual.
La comida llegó poco después, evitando que el silencio volviera a hacerse incómodo.
Mientras almorzaban, la conversación comenzó a fluir con más naturalidad.
—¿Cómo fueron tus años en el extranjero? —preguntó Ander.
Eliana dejó el tenedor sobre el plato.
—Muy buenos... y muy duros.
—¿Los disfrutaste?
—Muchísimo. Aprendí más de lo que imaginaba, conocí personas increíbles y descubrí que podía valerme por mí misma.
Sonrió con nostalgia.
—Pero también extrañé mucho a nuestras familias.
Ander asintió.
—Mario hablaba de ti constantemente.
Ella levantó la vista.
—¿Sí?
—Siempre presumía tus notas.
Eliana soltó una risa.
—Eso es muy propio de mi hermano.
—También decía que eras la más terca de la familia.
—Eso ya no me gusta tanto.
—Lo comprobé hace unos días.
Ella sonrió divertida.
—Alguien tenía que convencerte.
—Y lo lograste.
Después de unos segundos, Eliana decidió hacer la misma pregunta.
—¿Y tú?
Ander bebió un sorbo de agua antes de responder.
—¿Yo qué?
—¿Cómo han sido estos años para ti?
Él se quedó pensativo.
—Trabajo.
Ella esperó.
—Mucho trabajo.
—Eso ya lo imaginaba.
—Y hacer crecer la empresa.
Eliana sonrió.
—Déjame adivinar...
—¿Qué?
—Más trabajo.
Por primera vez, Ander soltó una carcajada sincera.
—Exactamente.
—¿Nunca pensaste en bajar el ritmo?
Él negó con la cabeza.
—No hasta ahora.
Aquellas últimas palabras escaparon antes de que pudiera detenerlas.
Los dos se quedaron en silencio.
Ander carraspeó y cambió de tema.
—Mis hermanas terminaron la universidad hace unos meses.
—Si... tu papá las tiene trabajando.
—Papá solo quiere que poco a poco empiecen a asumir responsabilidades en la empresa familiar.
—Se las veía muy ilusionadas.
—Lo están.
Eliana sonrió.
—Siguen siendo iguales de unidas.
—Y de escandalosas.
Ella rió.
—Eso nunca cambiará.
Mientras hablaban, sin darse cuenta, ambos relajaron la postura.
La conversación ya no parecía forzada.
En un momento, los dos extendieron la mano al mismo tiempo para tomar la cesta de pan que estaba en el centro de la mesa.
Sus dedos volvieron a rozarse.
Esta vez ninguno retiró la mano de inmediato.
Fue apenas un segundo.
Pero bastó para que sus miradas volvieran a encontrarse.
Eliana retiró lentamente la mano.
—Lo siento.
—No tienes por qué disculparte.
Ander tomó aire con discreción.
Aquella cercanía volvía a descolocarlo de una forma que no entendía.
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Al salir del restaurante, una suave brisa recibió a ambos.
Eliana caminaba junto a Ander mientras continuaban comentando algunos detalles de la reunión con NovaTech.
—Creo que aceptarán la segunda fase del proyecto sin demasiados cambios —comentó ella.
—Yo también lo creo.
Llegaron al borde de la acera.
El automóvil estaba estacionado al otro lado de la calle.
Ander miró a ambos lados antes de avanzar.
Eliana lo siguió.
Cuando estaban a mitad del cruce, un automóvil dobló la esquina a mayor velocidad de la permitida.
El conductor tocó la bocina con insistencia.
—¡Cuidado!
Todo ocurrió en un instante.
Por puro instinto, Ander sujetó a Eliana del brazo y tiró de ella hacia sí con fuerza para apartarla de la trayectoria del vehículo.
El impulso hizo que ambos giraran ligeramente.
Eliana terminó prácticamente entre sus brazos.
El automóvil pasó a escasos centímetros antes de detenerse unos metros más adelante.
Durante unos segundos, ninguno de los dos reaccionó.
Ander seguía rodeando su cintura con un brazo mientras la otra mano descansaba sobre su espalda.
Eliana, todavía sobresaltada, tenía ambas manos apoyadas sobre el pecho de él.
Sus respiraciones agitadas comenzaron a acompasarse.
Sus rostros quedaron tan cerca que podían sentir el aliento del otro.
El ruido de la ciudad desapareció.
Solo existían ellos.
Los ojos de Ander quedaron atrapados en los de Eliana.
Por primera vez desde que la había vuelto a ver, dejó de observar a la hermana de Mario.
Frente a él había una mujer.
Hermosa.
Inteligente.
Y peligrosamente cercana.
Su mirada descendió lentamente hasta los labios de ella.
Sintió un impulso casi imposible de controlar.
Solo debía inclinarse unos centímetros.
Nada más.
Eliana también dejó de respirar por un instante.
Podía sentir el calor que desprendía el cuerpo de Ander.
Su perfume.
La firmeza con la que aún la sostenía.
Cuando vio que la mirada de él descendía hasta sus labios, el corazón comenzó a latirle con tanta fuerza que creyó que iba a salírsele del pecho.
Sin darse cuenta, permaneció inmóvil.
Esperándolo.
Los centímetros que los separaban parecían desaparecer poco a poco.
Entonces...
—¡Perdón! ¡Lo siento muchísimo!
La voz del conductor rompió el momento.
Ambos reaccionaron como si despertaran de un sueño.
El hombre había bajado apresuradamente del automóvil.
—¿Están bien? No los vi cruzar. De verdad, discúlpenme.
Ander soltó lentamente a Eliana y dio un paso atrás, recuperando la compostura.
—Estamos bien.
El conductor respiró aliviado.
—Menos mal... Creí que los había golpeado.
—Pierdase—respondió Ander con calma—. Tenga más cuidado la próxima vez.
—Sí, señor. Lo siento de verdad.
El hombre volvió a subir a su vehículo y se marchó unos segundos después.
El silencio regresó.
Pero ya no era el mismo.
Eliana evitó mirar a Ander.
Todavía podía sentir el lugar donde sus manos la habían sujetado.
Él, por su parte, respiró hondo antes de hablar.
—¿Estás bien?
Ella levantó lentamente la vista.
—Sí...
Su voz salió apenas en un susurro.
—Gracias.
Ander asintió.
—Vamos.
Esta vez fue él quien abrió la puerta del automóvil.
Durante el camino de regreso ninguno encontró las palabras adecuadas.
Los dos fingían mirar por la ventana.
Pero sus pensamientos seguían detenidos en aquel instante en medio de la calle.
En esos pocos centímetros que, por un momento, ambos estuvieron a punto de acortar.
Ahora Eliana te toca la prueba de fuego tu idea con el cliente será interesante veamos 🤔🤔🤔❓❓❓
Eliana ya estás a punto de encontrarte con un hombre que ama su libertad y no le gusta las ataduras veremos cuando te vea que impresión se lleva.
Se dará cuenta o la verá con otros ojos ahora que es toda una mujer 🤔🤔🤔❓❓❓❓