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Las Cartas Que Nunca Fueron Escritas...

Las Cartas Que Nunca Fueron Escritas...

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Romance / Aventura
Popularitas:234
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

La caja apareció el día del funeral de su abuela.

Dentro había cientos de cartas con fechas imposibles, nombres desconocidos y secretos que jamás debieron existir.

Cuando Luna abre una de ellas, despierta en una vida diferente. Una donde es cantante. Otra donde nunca nació. Otra donde alguien la ama desesperadamente.

Pero cada carta tiene un precio.

Con cada viaje, un recuerdo desaparece.

Y cuando descubre una carta escrita por ella misma desde el futuro, comprende una aterradora verdad:

Alguien está borrando historias.

Y ella podría ser la siguiente.

✨ "Toda historia tiene un final. Algunas tienen más de uno."

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: La Carta Jamás Escrita

El universo quedó en silencio.

Las palabras del Olvido parecían haber detenido incluso el tiempo.

"La primera historia fue la tuya."

Luna sintió que las piernas dejaban de responderle.

Miró a Aurora.

Después al Hombre de Negro.

Luego al Escriba.

Ninguno negó aquellas palabras.

Y eso fue suficiente.

Porque significaba que eran verdad.

—No...

Susurró Luna.

—Eso es imposible.

Aurora caminó lentamente hasta quedar frente a ella.

Sus ojos reflejaban una mezcla de orgullo y tristeza.

—No lo es.

—Yo solo era una chica que encontró una caja llena de cartas.

Aurora sonrió con dulzura.

—Eso es lo que elegiste recordar.

El Corazón de la Biblioteca comenzó a latir.

Sí.

Latía.

Como si el inmenso árbol plateado tuviera un corazón escondido entre sus raíces.

Cada latido iluminaba millones de pergaminos suspendidos en el aire.

Cada uno representaba una historia.

Cada uno representaba una vida.

El Hombre de Negro dio un paso al frente.

—Es momento de decirle toda la verdad.

El Escriba bajó lentamente la cabeza.

—Ya no podemos seguir ocultándola.

Luna respiró profundamente.

—Entonces díganmela.

Sin secretos.

Sin medias verdades.

Sin silencios.

Aurora tomó una pequeña hoja blanca de una de las ramas del árbol.

No parecía papel.

Parecía estar hecha de luz.

La colocó sobre las manos de Luna.

—¿Qué es?

—La Carta Jamás Escrita.

La joven frunció el ceño.

—Está en blanco.

—Porque todavía no existe.

El silencio volvió a llenar el lugar.

—Solo puede escribirse una vez.

Y solo la Primera Escritora puede hacerlo.

El Olvido comenzó a caminar lentamente hacia ellas.

No parecía apresurado.

Como si supiera que el tiempo jugaba a su favor.

Cada paso hacía caer cientos de hojas del árbol.

Las ramas perdían brillo.

Los pergaminos desaparecían.

El Hombre de Negro levantó su bastón.

Un círculo de luz envolvió a Luna y Aurora.

El Guardián desenvainó nuevamente su espada.

El Escriba abrió un enorme libro cubierto por antiguas runas.

Los tres estaban preparados para luchar.

Pero ninguno creía realmente que pudiera detener al Olvido.

—¿Qué debo escribir?

Preguntó Luna mientras observaba la hoja blanca.

Aurora respondió con serenidad.

—Eso nadie puede decirlo.

—¿Ni siquiera tú?

Aurora negó lentamente.

—La última carta nunca puede ser dictada.

Debe nacer del corazón de quien la escribe.

Luna bajó la mirada.

La hoja seguía completamente vacía.

Y aun así...

Sentía que contenía el destino de todos los mundos.

De repente apareció un nuevo recuerdo.

No era una visión.

Era un recuerdo verdadero.

Aurora estaba sentada frente a la misma hoja.

Lloraba.

El Hombre de Negro permanecía junto a ella.

Mucho más joven.

Ella sostenía una pluma.

Pero nunca escribía.

—¿Qué ocurre?

Preguntó él.

Aurora respondió con la voz quebrada.

—Si escribo esta carta...

Voy a olvidarte.

El corazón de Luna comenzó a latir con fuerza.

El Hombre de Negro sonrió.

Era una sonrisa llena de amor.

Y de resignación.

—Entonces escríbela.

Porque si ese sacrificio salva las historias...

Habrá valido la pena.

Aurora rompió en llanto.

—¿Y si nunca vuelvo a recordarte?

Él tomó suavemente su mano.

—Entonces volveré a buscarte.

Una y otra vez.

En cada vida.

Hasta que vuelvas a elegirme.

La visión desapareció.

Las lágrimas corrían por el rostro de Luna.

Ahora comprendía.

Él nunca había aparecido por casualidad.

Nunca había sido un simple guardián.

Había esperado siglos.

Esperándola.

Esperando que algún día ella recordara.

Luna levantó lentamente la vista.

Observó al Hombre de Negro.

—¿Todo eso fue real?

Él sonrió con tristeza.

—Cada palabra.

—¿Y aun así nunca me obligaste a recordar?

—No.

—¿Por qué?

El Hombre de Negro respiró profundamente.

—Porque el amor nunca puede imponerse.

Debe elegirse.

Incluso después de mil vidas.

El silencio envolvió el Corazón de la Biblioteca.

Aurora observó la escena con una pequeña sonrisa.

Como si siempre hubiera sabido que ese momento llegaría.

El Olvido levantó una mano.

Una inmensa ola de oscuridad atravesó el lugar.

Las raíces comenzaron a romperse.

Las ramas del árbol se agrietaban.

Millones de historias desaparecían.

El Escriba cayó de rodillas.

—¡Ya no podemos contenerlo!

El Guardián retrocedió varios pasos.

Su espada comenzaba a romperse.

El Hombre de Negro seguía protegiendo a Luna.

Pero la barrera de luz empezaba a deshacerse.

El tiempo se acababa.

Luna observó nuevamente la hoja en blanco.

Respiró profundamente.

Tomó la pluma de cristal.

La punta tocó el papel.

Y por primera vez...

Comenzó a escribir.

No escribió una batalla.

No escribió un hechizo.

No escribió un destino.

Escribió una sola frase.

"Mientras exista alguien dispuesto a recordar con amor, ninguna historia desaparecerá jamás."

La hoja comenzó a brillar.

Todo el Corazón de la Biblioteca respondió.

Miles de libros se abrieron al mismo tiempo.

Las historias perdidas comenzaron a regresar.

Los nombres olvidados reaparecieron.

Las ramas secas volvieron a florecer.

El Olvido dio un paso atrás.

Por primera vez...

Parecía asustado.

Pero entonces sonrió.

Una sonrisa tranquila.

Como la de alguien que acababa de comprender algo.

—Ahora sí...

La última historia ha comenzado.

En ese instante, la Carta Jamás Escrita se elevó hacia el cielo.

Se transformó en miles de pequeñas luces.

Y una de ellas descendió lentamente sobre las manos del Hombre de Negro.

Él la abrió.

Su expresión cambió por completo.

Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro.

Luna dio un paso hacia él.

—¿Qué dice?

El Hombre de Negro levantó la vista.

La miró como si fuera la primera vez.

Y respondió con la voz quebrada:

—Es una carta para mí...

La escribiste hace mil años.

Continuará...

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