Segunda parte: Derritiendo el Ducado
El príncipe heredero Christopher tiene veintiséis años, un carisma inigualable, intensos ojos azules y al Imperio entero presionándolo para que elija esposa y tome el trono. Para la alta sociedad, él es solo el carismático, bromista y despreocupado heredero a la corona.
Sin embargo, detrás de esa fachada perfecta y de sus constantes chistes, él guarda un gran y oscuro secreto: es el líder de las Black Shadows, un asesino despiadado y el espadachín más letal del Imperio, un hombre que ama el olor a sangre y que planea llevarse su verdadera identidad a la tumba.
Su plan de mantenerse soltero se desmorona cuando se cruza con una duquesa fuera de lo común. Ella no es una sumisa dama noble y, tras haber reencarnado en ese mundo, guarda el arma más peligrosa de todas: sabe perfectamente quién es el monstruo detrás de la corona. El juego del gato y el ratón ha comenzado, y el "principito" está a punto de descubrir que su prometida tiene las llaves de su
NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 18: Una aliada inesperada en la hora del té
El aroma a hojas de té de jazmín y pastelillos recién horneados impregnaba el invernadero de la residencia de la Casa de Kalen. Alissa había organizado una reunión sumamente privada en la propiedad de su padre, utilizando el espacio como un remanso de paz lejos del bullicio y los ojos curiosos de la corte de la capital. Cuando Sophia fue conducida al lugar por uno de los sirvientes, sentía los hombros rígidos y el estómago contraído por los nervios. Asistía a la cita armada con sus mejores modales y esperando un interrogatorio tenso, frío y calculador por parte de la Duquesa de Valerius; después de todo, era la esposa del general de hierro y la mujer más influyente del norte.
Sin embargo, sus expectativas se desmoronaron en cuanto cruzó el umbral.
Alissa la recibió con una sonrisa genuina, sumamente cálida y desprovista de cualquier altanería aristocrática. Con una perspicacia brillante en la mirada, la duquesa le indicó que se sentara, sirviendo el té ella misma.
—Gracias por venir, Sophia —dijo Alissa, ofreciéndole una taza de porcelana—. Quería agradecerte formalmente, de madre a madre... bueno, de madre a futura tía, por la forma en que cuidaste y protegiste a mi pequeña Lucero durante el terrible caos del baile de máscaras. Christopher me contó que estuviste a su lado en los momentos más confusos.
Sophia parpadeó, sorprendida por la falta de espinas en las palabras de la duquesa, y le dio un sorbo a su té, sintiendo cómo la tensión abandonaba su cuerpo ante la inesperada amabilidad de la mujer.
Justo cuando la conversación comenzaba a fluir con total naturalidad, el silencio del invernadero se rompió por el eco de unos pasos apresurados en el pasillo exterior. La puerta se abrió de golpe y la pequeña Lucero, con las mejillas encendidas por el juego, entró corriendo al lugar. Había logrado escapar por completo de la estricta y asfixiante vigilancia de su hermano mayor, y en cuanto divisó a Sophia en la mesa, sus ojos brillaron con pura alegría.
—¡Sophia! —exclamó la niña, corriendo directamente hacia ella sin importarle los protocolos de la hora del té.
Se pegó al costado de la duquesa, rodeando su cintura con sus pequeños brazos en un abrazo lleno de afecto. Sophia, cuyo corazón se ablandaba instantáneamente con la presencia de la niña, no dudó en rodearla con cariño, acomodándole con total dulzura un mechón de cabello castaño que se le había venido a la cara.
—¡Lucero! ¡Te dije que no podías irrumpir así en el té de mamá! —exclamo una voz juvenil desde la entrada.
Theo entró corriendo detrás de su hermana, respirando agitado, con el ceño fruncido al máximo y una cara de muy pocos amigos. El joven guardián del norte venía listo para reprender a la niña y marcar distancia con la desconocida de la capital, manteniendo su habitual postura celosa y desconfiada. Sin embargo, las palabras se le congelaron en la boca al detenerse frente a la mesa.
El niño de doce años se quedó estupefacto al ver la escena. Sophia no estaba fingiendo; trataba a su hermanita con una dulzura genuina, una paciencia infinita y un amor real que no buscaba impresionar a nadie. El rostro severo de Theo se relajó un poco, perdiendo parte de la rigidez militar que intentaba imitar de su padre, al procesar que esa mujer verdaderamente quería a Lucero. Aún así, el muchacho no dio el brazo a torcer por completo: arrastró una silla cercana, se sentó a una distancia prudencial con los brazos cruzados y mantuvo sus ojos celosos fijos en Sophia, vigilando cada uno de sus movimientos como un halcón protector.
Alissa observó toda la dinámica familiar con una sonrisa sumamente inteligente y divertida. Sabía leer a las personas mejor que nadie en el Imperio. Dejó su taza sobre la mesa, miró fijamente a Sophia y le dio un sutil pero poderoso mensaje de complicidad.
—No te preocupes por Theo, Sophia, es igual de testarudo que su padre cuando se trata de proteger a las mujeres de la familia —comentó Alissa con un tono de voz suave pero cargado de significado—. Y hablando de hombres testarudos... sé perfectamente que Christopher puede llegar a ser exasperante, paranoico y sumamente difícil de sobrellevar con esa intensidad suya. Pero quiero que sepas algo: aquí, en el norte, sabemos reconocer a la gente de valor. Tienes todo mi apoyo, y el de la Casa de Valerius, si ese "principito" se atreve a pasarse de la raya contigo o intenta abrumarte con sus sombras. No estás sola en esta corte, duquesa.
Sophia miró a Alissa, sintiendo un nudo de gratitud en la garganta. El té que tanto temía se había convertido en el nacimiento de una alianza inquebrantable. El norte no solo la aceptaba; estaban dispuestos a protegerla, incluso de las garras del mismísimo heredero al trono.