¡Al diablo con los protagonistas sufridos que lloran en un rincón! 💥
Dante era el Emperador del Caos, un dios místico que aplastaba deidades por diversión. Ahora reencarnó en el cliché más quemado de Internet: un yerno residente "bueno para nada". Su suegra le grita por no lavar los platos, los primos millonarios lo humillan y él... se está muriendo de la risa mientras hace breakdance con la escoba.
Para colmo, su alma despertó un Sistema que es un completo troll de internet. ¿La regla del juego? Entre más insoportable y predecible sea el villano, ¡más billones de dólares y poderes divinos recibe Dante por romperle el guion de la forma más ridícula posible!
⚡ En esta novela vas a encontrar:
Peleas brutales en sandalias de goma contra mafias armadas hasta los dientes.
Curaciones médicas milagrosas usando una tostadora vieja y un tenedor.
Una fría esposa CEO que no sabe si enamorarse de él o internarlo en un manicomio.
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Capítulo 12: Reorganización Administrativa
El piso ejecutivo del Banco Central había quedado sumido en un silencio místico. La horda de empleados en el pasillo seguía con la mirada clavada en el espacio vacío del elevador, asimilando el hecho de que su antiguo y tiránico jefe acababa de descender al mundo real vistiendo únicamente unos calzoncillos de lunares.
Dante Cruz regresó al centro de la opulenta oficina, saltando perezosamente sobre el saco gris que Gómez había dejado tirado en el suelo. Se apoyó contra el borde del escritorio de caoba, cruzó los brazos y clavó sus ojos oscuros directamente en ti con una tremenda expresión de suficiencia.
—A ver, mi querido público, entremos al Cliché Número Ocho de las novelas de contragolpe: «La Reestructuración Absurda de Personal» —te susurró Dante, rompiendo la cuarta pared con absoluta tranquilidad— En cualquier empresa normal, nombrar a un Director General requiere meses de juntas de consejo, cazadores de talentos de Wall Street y minuciosas revisiones de currículums inflados. Pero cuando eres el dueño absoluto del sistema financiero gracias al Caos, los procesos de selección se vuelven mucho más... intuitivos. Observen la fauna laboral que tengo allá afuera.
Dante paseó la mirada por el grupo de empleados que seguía amontonado en la entrada. Todos dieron un paso atrás, temiendo ser las próximas víctimas de la auditoría relámpago. Todos, excepto un pobre muchacho que se encontraba hasta el frente de la multitud.
El chico no pasaba de los veintidós años. Vestía un traje que claramente le quedaba grande —probablemente heredado de su padre— cargaba una torre de fotocopias que temblaba al ritmo de su pulso y tenía unos lentes tan gruesos que hacían que sus ojos se vieran del tamaño de dos platos de porcelana. Su gafete decía, en letras temporales: Lucas - Becario de Archivo. El pobre muchacho estaba tan petrificado que parecía haber olvidado cómo parpadear.
Dante lo apuntó con el dedo índice.
—Tú. El de los lentes de fondo de botella y la torre de papel lista para el colapso. Da un paso al frente —ordenó Dante de buen humor.
Lucas tragó saliva, mirando a sus lados buscando apoyo, pero sus compañeros se hicieron a un lado con una velocidad digna de un juego de eliminación, dejándolo completamente solo en medio del pasillo. Con las piernas temblando como gelatinas, el becario entró a la oficina principal.
—¿S-Señor...? —tartamudeó Lucas, soltando un par de hojas de la carpeta debido al nerviosismo— Si es por el café frío de la semana pasada, juro que la máquina estaba fallando... ¡No me despida en calzoncillos, por favor!
Dante soltó una carcajada limpia y le dio una palmada en el hombro, casi tirándolo al suelo en el proceso.
—Cálmate, niño. No te voy a despedir —dijo Dante, acomodándole los lentes con un dedo— Todo lo contrario. A partir de este preciso milisegundo, quedas nombrado oficialmente como el nuevo Director General del Banco Central de la Ciudad. Tu oficina es esta, la silla de cuero ergonómica es tuya y puedes usar la pantalla de 98 pulgadas para ver lo que quieras cuando no estés trabajando.
El silencio en el piso ejecutivo se volvió aún más espeso. A Lucas se le cayó la torre entera de fotocopias al suelo, esparciendo hojas de balance por toda la alfombra.
—¡¿Director... General?! —exclamó el becario, con la voz alcanzando un tono supersónico— ¡Pero señor! ¡Apenas entré hace dos semanas! ¡Mi único trabajo es acomodar los archivos del sótano y asegurarme de que no se inunden! ¡No sé nada sobre macroeconomía ni adquisición de fondos internacionales!
Dante se encogió de hombros, miró de reojo a la "cámara" y le dedicó un guiño cargado de cinismo.
—Perfecto. Eso significa que tu cerebro aún no ha sido contaminado por la codicia corporativa —sentenció Dante con total descaro— Te doy el puesto por una razón muy sencilla, Lucas: porque tienes cara de que no sabes mentir. Se te nota en los ojos. Si tú intentas desviar un solo centavo para un spa de perros o un yate, te daría un ataque de urticaria y confesarías todo en menos de cinco segundos. Eres el hombre ideal para el puesto. Ahora, siéntate en tu nuevo trono, que tenemos trabajo que hacer.
Lucas, todavía flotando en un estado de shock absoluto, se sentó rígidamente en la enorme silla presidencial de cuero negro. Sus manos temblorosas se posaron sobre el teclado del sistema central del banco.
Dante Cruz se paró justo a su lado. Su expresión relajada y burlona se desvaneció por un instante, siendo reemplazada por una mirada fría, afilada y calculadora. Era el momento de mover la primera pieza importante en el tablero de ajedrez contra la familia de su esposa.
—Muy bien, Director Lucas. Estrena tus nuevos accesos de administrador —ordenó Dante, con una voz baja que resonó con autoridad en toda la habitación— Abre el servidor principal de créditos y financiamientos. Busca el grupo empresarial de la Familia Vega, específicamente todas las cuentas, empresas fachadas y líneas de crédito asociadas a la facción de Mauricio Vega.
Lucas asintió mecánicamente, sus dedos volando sobre el teclado mientras la pantalla gigante proyectaba el árbol financiero de la familia. Una enorme red de números verdes y préstamos multimillonarios apareció frente a ellos.
—Aquí están, señor —dijo Lucas, recuperando un poco el control profesional— La facción de Mauricio Vega tiene actualmente tres créditos revolventes de nivel empresarial activos, un financiamiento de riesgo para su constructora y dos préstamos de liquidez inmediata que se vencen al final de la semana. Técnicamente, su holding se mantiene a flote gracias al dinero de este banco.
Dante sonrió de lado, una sonrisa de puro cazador que hizo que el Sistema parpadeara en verde neón dentro de su mente, anticipando el desmadre.
—Excelente. Procede a ejecutar la siguiente orden oficial del banco —dictó Dante con una calma aterradora— Corta absolutamente todo. Cancela los créditos revolventes, congela las líneas de financiamiento de riesgo y exige el pago inmediato e íntegro de los préstamos de liquidez. Si Mauricio Vega o cualquiera de sus aliados intenta usar una tarjeta corporativa del banco para comprar un miserable chicle, quiero que el sistema les rebote la transacción por fondos congelados. Déjalos completamente secos en el mercado financiero.
Lucas abrió los ojos de par en par, dándose cuenta del impacto nuclear de esa orden.
—Señor... si hago esto, las empresas de Mauricio Vega entrarán en cese de pagos antes del mediodía. Su reputación bursátil caerá a cero y la facción familiar quedará técnicamente en la quiebra técnica para mañana en la mañana.
—Ese es exactamente el plan, niño —concluyó Dante, metiendo las manos en los bolsillos de su pijama con total tranquilidad— La auditoría del Caos no deja prisioneros. Presiona el botón.
Lucas tragó saliva por última vez, apretó los dientes y hundió la tecla Enter con firmeza.
¡DING!
🖥️ [¡SISTEMA TROLL: OPERACIÓN ASFIXIA FINANCIERA COMPLETADA!]
[OBJETIVO]: Facción de Mauricio Vega / Corporación Vega.
[ACCIÓN]: Corte total de líneas de crédito, financiamiento y congelamiento de activos flotantes.
[ESTADO]: Ejecutado con éxito. El caos familiar se ha incrementado en un 400%.
[NOTA DEL SISTEMA]: Se recomienda al anfitrión preparar sus oídos, porque el teléfono de la [ESPOSA CEO] está a punto de explotar en 3, 2, 1...
Dante vio cómo los números verdes de la pantalla gigante se tornaban de un rojo brillante y apocalíptico. Se sacudió las solapas de su esmoquin, miró hacia ti por última vez en el bloque y soltó una risita floja mientras caminaba hacia la salida del banco.
—Y así es, mis estimados lectores, como se destruye el ego de una facción aristocrática antes de la hora del almuerzo —te susurró Dante, guiñando un ojo— Ahora... regresemos al auto con Valeria. El ataque de pánico que tuvo tiempo atrás va a parecer un juego de niños comparado con la tormenta que se le viene encima. El verdadero juego de tronos familiar oficialmente ha comenzado.