Alfredo siempre creyó que el odio tenía justificación.
Homofóbico, violento y consumido por los prejuicios que heredó de su padre, pasó toda su vida despreciando aquello que no entendía… hasta el día de su muerte.
O eso creyó.
Porque al abrir los ojos nuevamente, ya no era Alfredo.
Ahora es Andrei Macías: un joven omega de piel canela, heredero de una poderosa familia de comerciantes y víctima de una tragedia que destrozó su vida.
Atrapado en un mundo donde los hombres pueden ser marcados, deseados y quebrados, Andrei deberá enfrentarse no solo a los nobles que lo lastimaron… sino también al hombre cruel que alguna vez fue.
Pero entre heridas, segundas oportunidades y un temido general extranjero de fama sanguinaria, descubrirá algo que jamás imaginó:
Tal vez el amor no siempre llega para salvarte.
A veces llega para enseñarte a sobrevivirte a ti mismo.
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capitulo 18
La cara de Melissa se puso completamente roja.
Al principio creí que era vergüenza.
Me equivoqué.
—¡Maldita sea!
Su grito resonó por todo el salón.
Las conversaciones se detuvieron.
Incluso los músicos dejaron de tocar.
—¿Por qué siempre me quitas todo?
Su dedo me señaló temblando.
—¡Yo pertenezco a una gran casa noble! ¡Tengo sangre real corriendo por mis venas!
Su respiración se volvió errática.
—¡Y aun así todo es sobre ti!
Los ojos de Melissa comenzaron a llenarse de lágrimas.
Lágrimas de rabia.
—¡Mi prometido solo habla de ti! ¡Mi padre solo habla de tu familia! ¡A donde quiera que voy escucho el nombre Ashford!
Varias personas comenzaron a intercambiar miradas incómodas.
—¡Ashford esto! ¡Ashford aquello!
Su voz se quebró.
—¡Maldita sea!
Volvió a señalarme.
—¿Qué haces aquí después de todo lo que pasó?
El salón entero quedó en silencio.
—¡Deberías haberte quedado escondido!
La joven parecía completamente fuera de control.
—¡Todo el mundo habla de tu cumpleaños! ¡Todo el mundo habla de lo que te ocurrió!
Su mirada se volvió venenosa.
—¡Maldita zorra!
Algunos nobles soltaron jadeos horrorizados.
—¡Perra sucia!
Antes de que pudiera continuar, una mano sujetó su rostro.
Víctor.
La diferencia de tamaño entre ambos era tan ridícula que parecía que pudiera levantarla del suelo.
Sus ojos estaban fríos.
Peligrosamente fríos.
—Cuidado con tus siguientes palabras.
Melissa se quedó inmóvil.
—Dime una cosa.
La voz de Víctor era apenas un susurro.
—¿Sabes algo?
Los ojos de la joven se abrieron.
—¿Qué?
—¿Tú planeaste eso?
Ahora sí había miedo en su rostro.
Miedo real.
—¡¿Qué?!
—¿O tu familia estuvo involucrada?
El padre de Melissa palideció.
Más de lo que ya estaba.
—¡Mi lord Ashford!
Casi se atragantó.
—¡Jamás!
El hombre realizó una reverencia tan profunda que parecía dispuesto a romperse la espalda.
—¡Lo juro por el honor de mi casa!
Melissa también parecía horrorizada.
—¡Yo no tuve nada que ver!
Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas.
—¡Lo odio! ¡Sí!
Me señaló nuevamente.
—¡Lo odio porque todos hablan de él!
Su voz se rompió.
—¡Pero nunca haría algo así!
—Ja. ¿Y se supone que debo creerte solo por un par de lágrimas actuadas?
La voz de Víctor sonó fría.
—Si descubrimos que tú o tu familia tuvieron algo que ver con lo que le ocurrió a mi hermano, los Valcourt caerán en la ruina.
Melissa se quedó inmóvil.
Su padre parecía a punto de sufrir un infarto.
Y alrededor nuestro, el salón entero había quedado en silencio.
Nadie entendía exactamente qué estaba ocurriendo.
Pero todos habían escuchado suficiente para comenzar a sacar conclusiones.
Los murmullos no tardaron en extenderse por todo el salón.
—¿Qué quiso decir lord Ashford?
—¿Tiene relación con la desaparición del señorito Andrei?
—¿No se suponía que estaba visitando familiares en el extranjero?
—Entonces, ¿por qué hablan de algo que le ocurrió?
—¿Y por qué lady Melissa reaccionó de esa manera?
Los rumores crecían como fuego sobre hierba seca.
Algunos nobles observaban a Melissa con desconfianza.
Otros con abierta condena.
Una dama incluso ocultó su boca tras el abanico mientras susurraba a su acompañante.
—¿Será posible que lady Melissa estuviera involucrada?
—Dioses... qué escándalo.
—Siempre fue una joven caprichosa.
—Pero jamás imaginé algo así.
Melissa escuchaba cada comentario.
Su rostro pasó del rojo de la rabia al blanco de la humillación.
Por primera vez desde que la había conocido, parecía comprender que sus acciones tenían consecuencias.
El duque Valcourt apretó los dientes y realizó una profunda reverencia hacia nuestra familia.
—Lord Ashford, les aseguro que la Casa Valcourt no tiene relación alguna con este asunto.
Su voz sonó firme, pero el sudor que recorría su frente contaba una historia diferente.
—Mi hija ha actuado de forma vergonzosa esta noche y responderá por ello.
Yo permanecí en silencio observando la escena.
Melissa parecía odiarme.
Eso estaba claro.
Pero mientras observaba el miedo en el rostro de su padre y la furia descontrolada de la joven, una pregunta comenzó a rondar mi mente.
¿Era realmente culpable?
¿O simplemente era una muchacha celosa que acababa de destruir su propia reputación frente a toda la nobleza?
Por ahora no tenía respuesta.
Pero una cosa era segura.
Aquella noche, el nombre de Melissa Valcourt sería el tema de conversación de toda la capital.
Víctor soltó finalmente a Melissa y se acercó a mí.
Apenas estuvo lo suficientemente cerca, frunció el ceño.
—Ese maldito.
Su expresión se volvió oscura.
—¿Cómo se atreve a dejarte impregnado con su aroma de esa manera?
Instintivamente volvió a acercarse para comprobar mi estado.
—¿Te encuentras bien?
Asentí.
—Estoy bien.
El olor seguía resultándome desagradable, pero ya era soportable.
Entonces recordé algo más importante.
—¿Lo tienes?
La expresión de Víctor cambió inmediatamente.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Sí.
—¿En serio?
—Caerá por su propia codicia.
Su sonrisa se volvió más burlona.
—Aceptó reunirse con nosotros. Cree que padre está interesado en invertir en uno de sus negocios.
No pude evitar sonreír.
—¿Y lo está?
—Claro que no.
Víctor soltó una carcajada.
—Pero él no lo sabe.
Sacudió la cabeza.
—Ese imbécil está convencido de que conseguirá una fortuna.
—Qué crédulo.
—Y desesperado.
Eso último me interesó mucho más.
Justo lo que necesitábamos.
Víctor colocó una mano sobre mi hombro.
—Vamos.
Miré por última vez hacia el salón.
Melissa seguía siendo el centro de los murmullos.
Su padre intentaba controlar el desastre.
Y los nobles ya habían encontrado el entretenimiento de la semana.
—Nuestro objetivo de esta noche ya está cumplido.
Comenzamos a caminar hacia la salida.
—Y cuando lleguemos a casa vas a darte un baño.
—¿Tan mal estoy?
—Hermano.
Víctor hizo una mueca.
—Ese sujeto te dejó oliendo como un basurero perfumado.
No pude evitar soltar una risa.
—Qué exagerado.
—No estoy exagerando.
—Lo estás.
—Pregúntale a Elena cuando lleguemos.
Y por la confianza con la que lo dijo, sospeché que tal vez no estaba exagerando tanto.
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Llegamos a casa ya entrada la noche.
Apenas crucé la puerta, Elena apareció como si hubiera estado esperando nuestro regreso durante horas.
Sin embargo, en cuanto se acercó a mí, se detuvo en seco.
Luego se tapó la nariz.
—¡Amo Andrei!
Su expresión mostró una mezcla de horror e indignación.
—La tina ya está preparada, pero deme un momento. Necesito añadir más aceites aromáticos.
Dio una vuelta a mi alrededor como si estuviera evaluando un desastre.
—¿Qué clase de olor es este?
—Yo también quisiera saberlo —respondí.
—No, no, no. Esto es inaceptable.
Elena negó con la cabeza.
—Usted es una bella flor. No puede andar oliendo de esta manera.
No pude evitar reír.
Ella, por supuesto, no encontró nada gracioso.
Murmurando sobre personas sin educación y nobles malcriados, regresó al cuarto de baño para preparar una segunda ronda de aceites y sales aromáticas.
Aproveché para comenzar a quitarme la chaqueta.
La fiesta había terminado.
Sin embargo, mi mente seguía trabajando.
Mientras desabotonaba lentamente mi ropa, repasé cada conversación de la noche.
Adrian Montfort.
Sus deudas.
Su nerviosismo al verme.
La supuesta inversión que lo había hecho caer en la trampa de mi padre y Víctor.
Y Melissa Valcourt.
No sabía qué pensar de ella.
Sus celos parecían reales.
Su odio también.
Pero todavía no estaba seguro de cuánto sabía realmente.
Cerré los ojos por un instante.
Esta noche había sido productiva.
Habíamos encontrado una nueva pista.
Y pronto uno más de aquellos desgraciados caería.
Cuando eso ocurriera...
Estaría esperando.
bendiciones autora y ánimo
bendiciones autora y ánimo