NovelToon NovelToon
Todo Empezó En Navidad

Todo Empezó En Navidad

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Romance entre patrón y sirvienta
Popularitas:8k
Nilai: 5
nombre de autor: @ngel@zul

Una tarde fría de diciembre, Lucía se cruza con una niña perdida en la calle. Sin dudarlo la consuela y protege, sin imaginar que ese pequeño acto cambiará su vida para siempre. Su padre, Alejandro Ferrer, un poderoso empresario, no puede ignorar la angustia y la felicidad que Lucía despierta en su hija.
Mientras Alejandro busca desesperadamente a alguien que cuide a Emma, se da cuenta de que ninguna niñera parece estar a la altura… se da cuenta de que su hija no deja de mencionar a “la chica de la bufanda”. Y decide contratarla. Entre tensiones, celos y secretos, Lucía tendrá que marcar sus límites mientras Alejandro se debate entre lo correcto y lo que su corazón comienza a desear.
Una historia de amor, familia y segundas oportunidades, donde la Navidad no solo trae luces y regalos, sino también destinos que no pueden ignorarse.

NovelToon tiene autorización de @ngel@zul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Los hilos invisibles de la casa

​La vida dentro de la mansión Ferrer no tardó en encontrar un nuevo ritmo, uno mucho más dinámico y menos coreografiado. Tras la visita a la Torre Corporativa y el amargo trago de los cuchicheos en la recepción, Lucía se refugió en lo que debía hacer: crear un entorno seguro para Emma. En el fondo, las críticas de aquellas mujeres le habían servido como un recordatorio necesario; ella no estaba allí para encajar en ese mundo de espejos y diamantes, sino para ser el ancla de una niña que navegaba en un mar de mármol.

​Alejandro, por su parte, mantenía una distancia estrictamente profesional. Sus interacciones con Lucía se limitaban a breves informes matutinos sobre la agenda de la niña o instrucciones precisas antes de marcharse a la oficina. La observaba con un respeto creciente, sí, pero era el respeto que un general siente por una estratega eficiente. Valoraba la puntualidad de Lucía, su capacidad para calmar las rabietas de Emma sin elevar la voz y, sobre todo, la honestidad inquebrantable que emanaba de cada uno de sus actos. Para él, Lucía Morales era la inversión más rentable que había hecho en años: paz mental a cambio de un sueldo y un tratamiento médico.

​Sin embargo, donde la jerarquía se desdibujaba era en las áreas de servicio. Durante su primer semana, Lucía se ganó, sin pretenderlo, un lugar en el corazón de quienes realmente hacían funcionar la casa. Todo comenzó el martes por la tarde, cuando Rosa, la cocinera, se vio abrumada por un pedido de último momento para una cena de negocios que Alejandro tendría esa noche.

​Lucía, al ver el estrés en el rostro de la mujer de cincuenta años, no dudó. Y después de acostar a Emma para su siesta, bajó a la cocina.

​—Rosa, déjame ayudarte con las verduras. Sé que no es mi trabajo, pero Emma duerme y no soporto verte así de agobiada —dijo Lucía, arremangándose la blusa.

​— No, Lucía. El señor Ferrer podría enojarse si te ve haciendo esto —protestó Rosa, aunque sus manos temblorosas agradecían la oferta.

​—Él no está, y dudo que le importe cómo se pican las zanahorias mientras la cena esté a tiempo —respondió Lucía con una sonrisa tranquila.

​Ese gesto abrió una compuerta. En los días siguientes, Lucía se convirtió en el nexo de unión del personal. Escuchaba a Luis, el chofer, hablar sobre su hijo que quería estudiar ingeniería; ayudaba a las mucamas a entender el funcionamiento de algunos productos de limpieza nuevos que habían llegado, y siempre tenía una palabra amable para el jardinero. Los empleados, acostumbrados a la frialdad de Valeria o a la indiferencia gélida de los anteriores habitantes de la casa, veían en Lucía a una igual que, por azares del destino, dormía en el ala de invitados.

​—Eres tan diferente, niña —le dijo Luis un jueves mientras la llevaba a una tienda de libros infantiles—. He visto pasar a mucha gente con títulos y apellidos, pero nadie se había molestado en preguntarme cómo estaba mi familia. Solo déjame darte un consejo, ten cuidado, este suelo es resbaladizo para la gente con buen corazón.

​Lucía agradeció el consejo con un gesto, entendiendo que el respeto de los empleados era un escudo silencioso pero poderoso contra las intrigas que Valeria seguía intentando tejer desde fuera.

​A pesar de la calidez que Lucía proyectaba hacia el personal, frente a Alejandro mantenía una postura impecable. Él seguía siendo "el señor Ferrer". Cuando él llegaba por las noches, Lucía le entregaba un reporte verbal: "Emma comió bien", "Hoy aprendió los colores en español", "No hubo pesadillas".

​Alejandro asentía, a veces sin dejar de mirar su teléfono. Para él, Lucía era como un reloj suizo: perfecta, funcional y discreta. No se detenía a pensar en sus sueños, ni en qué pensaba ella cuando miraba los atardeceres desde el balcón. Su relación era un contrato de beneficio mutuo, un intercambio de servicios por seguridad.

​Incluso cuando se encontraban en el pasillo y él le daba las gracias por algún detalle con la niña, lo hacía con la cortesía de un hombre que reconoce un trabajo bien hecho, no con la calidez de alguien que busca una conexión. Lucía, por su parte, lo veía como una figura de autoridad imponente, casi mítica. Admiraba su inteligencia y su disciplina, pero lo sentía tan lejano como una estrella; brillante.

​El viernes, Lucía llamó a su madre antes de que Emma despertara. Elena sonaba animada, pero la voz le fallaba a ratos.

​—Los médicos dicen que el tratamiento es lento, Lucía. No esperes milagros de la noche a la mañana —le advirtió Elena—. Pero estoy tranquila. Ayer el señor Ferrer envió a un especialista solo para revisar mis pulmones. Es un buen hombre, hija.

​—Es un hombre de negocios, mamá —corrigió Lucía suavemente—. Cuida sus activos. Y ahora mismo, tu bienestar es un activo para que Emma esté bien cuidada. No te confundas.

​Lucía colgó sintiendo un peso en el pecho. La realidad era que, aunque su madre no empeoraba, la enfermedad seguía ahí, agazapada. Y ella dependía totalmente de la voluntad de un hombre que apenas conocía para mantener a raya a la muerte.

​El sábado por la mañana, Alejandro apareció en el jardín donde Lucía ayudaba a Emma a regar unas pequeñas flores. Vestía un traje de viaje oscuro y llevaba su maleta de mano.

​—Lucía —dijo, deteniéndose a unos metros—. Tengo que salir de la ciudad. Un problema con la sucursal de Chicago requiere mi presencia inmediata. Estaré fuera tres o cuatro días.

​Lucía se puso en pie, limpiándose la tierra de las manos.

—Entendido, señor. Nos ocuparemos de todo aquí.

​—Ibas a ir a ver a tu madre hoy, ¿verdad? —preguntó él, recordando la agenda que Lucía le había mencionado un par de días antes.

​—Iba a pedirle permiso para ir, pero dada su ausencia, prefiero quedarme con Emma. No quiero dejarla sola tanto tiempo si usted no está. Puedo posponer la visita.

​Alejandro negó con la cabeza, mostrando ese respeto profesional que tanto lo caracterizaba.

—No. Tu madre te necesita. Ve a la clínica. Lleva a Emma contigo; le hará bien salir de la mansión y conocer un ambiente diferente. Luis las llevará y las recogerá. No quiero que descuides a tu familia por la mía si hay una forma de compaginar ambas.

​—Es usted muy generoso, señor Ferrer.

​—Es logística, Lucía —respondió él, dándose la vuelta para dirigirse al coche que lo esperaba—. Si tú estás tranquila, mi hija está segura. Que tengan un buen fin de semana.

​Lucía lo vio marcharse, sintiendo una extraña mezcla de alivio y responsabilidad. Alejandro era un jefe que comprendía el valor del equilibrio, pero siempre bajo el prisma de la utilidad.

​Horas más tarde, Lucía y Emma entraban en la habitación de Elena. El lugar estaba lleno de luz. Emma, que ya se sentía en confianza con "la abuela Elena", se sentó a los pies de la cama con sus juguetes.

​—¿Y ya estás preparada para la Navidad, pequeña? —preguntó Elena, acariciando el cabello de la niña.

​Emma dejó de jugar y miró a Elena con genuina confusión. Sus grandes ojos castaños parpadearon varias veces.

​—¿Navidad? —repitió la niña—. ¿Qué es eso?

​Elena miró a Lucía, sorprendida. Lucía sintió una punzada de tristeza al darse cuenta de que, las tradiciones parecían haberse detenido el día que la madre de Emma falleció.

​—¿No ponen un árbol, Emma? ¿O luces en el jardín? —insistió Elena.

​—No —respondió la niña encogiéndose de hombros—. Papá trabaja mucho y la tía Valeria solo trae regalos en cajas grandes, pero nunca hay luces.

​El regreso en el coche fue silencioso hasta que cruzaron la calle principal. Emma miraba por la ventana las casas de los suburbios, que ya empezaban a lucir guirnaldas y figuras de Papá Noel.

​—Lucía... ¿qué es Navidad? —preguntó la pequeña con curiosidad.

​Lucía suspiró, buscando las palabras adecuadas para explicarle a una niña que tenía todo lo que pudiera querer, pero que no conocía la magia de lo sencillo.

​—Es una época del año ad, donde celebramos que estamos juntos. La gente pone luces para espantar la oscuridad, decora árboles para traer el bosque a casa y se dan regalos, pero no solo cosas de las tiendas, sino regalos de amor y tiempo. Es cuando el corazón se pone más tierno.

​Emma guardó silencio durante un largo tramo, procesando la información. Luego, miró hacia la inmensa mansión que aparecía al final del camino, esa estructura perfecta y gris que se alzaba sobre la colina.

​—Nop —dijo Emma con una seguridad aplastante—. Nosotros no hacemos nada de eso. Mi casa siempre está igual.

​Lucía miró a la niña y luego a la mansión. Se dio cuenta de que Alejandro Ferrer había logrado construir un imperio, pero en el proceso, había dejado a su hija viviendo en un invierno perpetuo. Y ella, como su cuidadora, se preguntó si su contrato también incluía el deber de enseñarle a ese hombre que algunas manchas en el mármol valían la pena si significaban que su hija finalmente conocía la luz.

1
Arely Anahi Pacheco Mezo
ahora que empiezan a construir algo entre ellos va a venir la vivora d la cuñada a meterse 😡😡 ojalá y puedan salir victoriosos de las pruebas que vendrán y algo me dice k esa cuñada tuvo todoo que ver con que fallezca su hermana todo x envida y querer al cuñado
Melisuga
¡Qué lindo capítulo!
💖😍💖😍💖
Melisuga
¡Me encanta esta declaración!
💖💖💖
Carmen Palencia
excelente novela de verdad que la felicito por esta hermosa historia gracias por actualizar espero nos deleites con varios capitulos seguidos que estoy ansiosa por seguir leyendo más de esta hermosa novela
Erika Estrada
gracias por los capítulos me encanta 😍🥰💕
Melisuga
¡Qué tremenda confesión!
😍😍😍
Anabella González
uy que capitulo tan calido, me encanta
Carola Videla 😈🇦🇷
que se vayan todos al demonio
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Buenísimo capítulo 👏👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
Alejandro deja tus tontos prejuicios y disfruta del amor
Mine Romero
Creó que Falta el capítulo del beso en el despacho🙂 me encanta la novela
Carola Videla 😈🇦🇷
m3e encanta la novela, felicitaciones 👏🏾
Carola Videla 😈🇦🇷
la dueña de la casa y denlos corazones de su hija y de él
Carola Videla 😈🇦🇷
este es más terco que ella🤦‍♀️
Carola Videla 😈🇦🇷
es amor , cual es el problema, no sean tercos , los corazones no conocen status, o profesiones
Anabella González
Hay que belleza de capitulo me muero
Mine Romero
Excelente capítulo me encantó muchas gracias por actualizar 👏👏👏🙌🙌🙌
Inocencia Cruz Cruz
ay que emoción, autora por favor más capitulos🤭
Carola Videla 😈🇦🇷
cada vez les quedan menos lugares donde esconder sus sentimientos
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play