Camila Fernández se despertó en la cama de un hotel con un hombre que intentaba matarla, acusándola de haberle tendido una trampa. Pero la realidad era peor de lo ella esperaba.
Su propio hermano había organizado todo con la intención de sacarle dinero a Mateo Vázquez, el hombre con quien paso la noche y cuando obtuvo lo que quería, desapareció.
Dos meses después Camila estaba sola con su abuela, sus padres se habían quitado la vida al irse a la ruina, su hermano estaba desaparecido y ahora ella, estaba embarazada de Mateo.
Cuando su hermano Nicolás regresa y descubre el embarazo, corre con la familia Vázquez para sacar provecho y ahora, Camila está atrapada en un matrimonio con un hombre que la desprecia.
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Capítulo 18
Dos días después, Julieta Torres volvió a la Finca Vázquez en Pilar. Dijo que venía porque se había enterado de que su gatito había asustado a Camila y quería disculparse. Pero en toda la visita no escuché ni una sola palabra de disculpa verdadera. Solo comentarios cargados de ironía y indirectas sobre lo sensible y exagerada que yo era.
---Si la señorita Julieta no necesita nada más\, me retiro ---dije cuando ya no aguantaba más.
---Andá\, andá. No vaya a ser que mi gatito adorable te asuste otra vez ---contestó ella\, despidiéndome con la mano.
Subí al dormitorio, cerré la ventana y me acosté para dormir una siesta. Estaba exhausta.
De pronto escuché un ruido extraño dentro de la habitación. Seguí el sonido y encontré una bolita blanca escondida debajo del sofá. Era el gatito de Julieta.
---¿Qué hacés ahí abajo? Salí ---dije suavemente\, golpeando el sofá para hacerlo salir.
El gato no se movía.
Tuve que correr el sofá un poco y meter la mano para sacarlo. Apenas lo tuve en brazos, sentí que algo andaba mal. El animal empezó a convulsionar violentamente, echaba espuma por la boca y en pocos segundos se quedó rígido, con los ojos abiertos y sin vida.
Me asusté tanto que lo solté en el suelo. Me temblaban las piernas. Me senté en la alfombra, mirando el cuerpo inmóvil.
---Gatito... gatito...
La puerta del dormitorio se abrió de golpe. Julieta y Sofía entraron corriendo.
---Bobo... ---Julieta se arrojó al suelo y levantó al gato en brazos---. Bobo\, ¿qué te pasa? Bobo\, no me asustes...
Sofía se quedó parada, con una sonrisita que apenas disimulaba.
---Julieta\, no llores. Bobo ya está muerto ---dijo con voz fingidamente triste.
---No... no puede ser... mi Bobo no me va a dejar... Bobo\, despertate... Bobo... ---Julieta lloraba desconsolada\, abrazando el cuerpo sin vida.
Mateo llegó desde el estudio al oír el escándalo.
---¿Qué pasó aquí?
---Hermano\, el gato entró en la habitación de Camila. Ella seguro se vengó porque la asustó la otra vez. Pobre Bobo... ---dijo Sofía\, con cara de pena.
Mateo miró el gato muerto en brazos de Julieta y luego a mí. Sus ojos estaban fríos y duros.
Me levantó del suelo agarrándome del brazo como si fuera un trapo.
---¿Ni a un gato podés dejar en paz? ¿Tan mala sos?
---Yo no hice nada ---me defendí rápido---. Cuando entré ya estaba así. Solo lo saqué de debajo del sofá...
---¡Mentís! ---me interrumpió Sofía---. Yo vi cómo lo tiraste al suelo. Además\, ¿por qué el gato entró justo en tu habitación? ¿Por qué justo cuando llegaste pasó esto? Claramente te vengaste.
---Sos una hija de puta. Devolveme a mi Bobo ---gritó Julieta\, intentando abalanzarse sobre mí.
Mateo la detuvo.
---Julieta\, calmate.
---Mateo\, esta mujer mató a mi gato y vos la defendés ---lloró Julieta.
---Pedile perdón ---me ordenó Mateo\, mirándome con frialdad.
Me quedé helada.
---¿Qué dijiste?
---No me hagas repetirlo.
Lo miré a los ojos. Él no apartó la mirada. Después de unos segundos, hablé despacio:
---Perdón.
---No te escuché ---dijo Julieta\, alzando la voz.
Volví a mirar a Mateo, no a ella.
---Per-dón.
Julieta me dio una bofetada tan fuerte que la cabeza se me fue hacia un lado. La mejilla me ardía.
---¿Creés que con un perdón basta? Te juro que no te voy a dejar en paz.
Mateo frunció el ceño. No esperaba que Julieta me golpeara. Me miró un segundo más, como si algo le molestara, y después agarró a Julieta del brazo.
---Basta. Mañana te compro otro gato.
La sacó del dormitorio casi a la fuerza.
Cuando se fueron, solo quedamos Sofía y yo.
---Qué pena\, ¿no? Casarte con un hombre que no te quiere. Tener solo el título de esposa mientras lo ves coquetear con otra delante de tus narices. Debe ser horrible.
Apreté los puños. Las lágrimas me quemaban los ojos, pero no las dejé caer.
---Te equivocás. No solo Mateo no me quiere. Yo tampoco lo quiero a él. Así que no hace falta que intentes humillarme. Estoy acá solo por el dinero. Un billón de pesos. Eso es todo.
---Al fin lo admitís. Sos una interesada sin vergüenza ---escupió Sofía\, y también se fue.
Me quedé sola en el dormitorio. La señora Marta entró poco después.
---Señora\, le traigo una bolsa de hielo para la mejilla.
---No hace falta. Yo me arreglo.
Tomé la bolsa y me la puse en la cara. El frío contrastaba con el ardor de la bofetada.
La señora Marta me miró con pena.
---Julieta tiene muy mal carácter. El señor solo trata de no quedar mal con la familia Torres. Pero en el fondo se preocupa por usted. Apenas bajaron\, me pidió que le subiera el hielo.
---Señora Marta\, no necesita defenderlo delante de mí. Yo no necesito su preocupación y él tampoco la quiere. Entre nosotros solo hay un acuerdo. Nada más.
La señora Marta suspiró en silencio y salió.
Me quedé sentada en la cama, con la bolsa de hielo contra la mejilla hinchada, mirando la nada. Si todavía guardaba alguna ilusión tonta sobre Mateo, en ese momento se rompió para siempre.