Ella renace en un mundo mágico, pero no cambia su forma de ver la vida, sigue siendo ella buscando la felicidad en pequeños detalles.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Magia 3
Sin embargo, Alana descubrió rápidamente que una cosa era decir..
[Voy a volverme poderosa.]
Y otra muy distinta era conseguirlo.
Los primeros días fueron emocionantes.
Se levantaba temprano.
Hacía ejercicios.
Practicaba el control de su maná.
Leía sobre magia de madera.
Intentaba hacer crecer plantas.
Aprendía sobre raíces, semillas, flores y árboles.
Incluso comenzó a llevar un pequeño cuaderno donde anotaba todo lo que descubría.
Al principio estaba convencida de que los resultados aparecerían rápidamente.
Después de todo, ella era una protagonista de una historia de reencarnación.
[Seguramente tengo algún talento oculto.]
El problema era que la realidad no parecía haber recibido el guion.
Una mañana intentó hacer crecer una pequeña planta.
Flores podía hacer, plantas pero ninguna duraba mucho tiempo.
Concentró el maná.
Respiró profundamente.
Cerró los ojos.
—Crece.
Nada.
Abrió un ojo.
La planta seguía exactamente igual.
—Vamos…
Volvió a intentarlo.
Nada.
—Crece.
Una pequeña hoja se movió.
Alana abrió los ojos con emoción.
—¡Sí!
La hoja se movió ligeramente.
Y después…
Nada.
Alana la miró.
La planta parecía estar diciéndole:
[Eso es todo lo que tengo.]
—Está bien.
Suspiró.
—Mañana será mejor.
Y siguió practicando.
Pasaron los días.
Después una semana.
Después dos.
Y Alana comenzó a comprender algo que el mago había intentado explicarle desde el principio.
La magia no era un truco.
No bastaba con desear algo.
No bastaba con tener entusiasmo.
No bastaba con mover las manos y pensar en una planta creciendo.
Había que entrenar.
Mucho.
Así que Alana comenzó a cambiar sus hábitos.
Se levantaba temprano.
Hacía ejercicio.
Al principio apenas podía mantener el ritmo.
—¡Uno!
Sentadilla.
—¡Dos!
Otra.
—¡Tres!
Otra.
—¡Cuatro!
Se dejó caer al suelo.
—Estoy muerta.
La doncella que la observaba desde un lado se preocupó.
—¿Señorita?
Alana levantó una mano.
—No se preocupe.
Respiró agitada.
—Solo estoy descubriendo que mis músculos tienen sentimientos.
La doncella no supo qué responder.
Alana continuó.
Poco a poco comenzó a acostumbrarse.
También cambió su alimentación.
Comenzó a comer mejor.
Más frutas.
Más verduras.
Más proteínas.
Menos dulces.
Aunque eso último le costó muchísimo.
Una tarde miró un plato de pastel.
Después miró su comida saludable.
Volvió a mirar el pastel.
[¿Realmente necesito ser poderosa?]
El pastel parecía responderle..
[No.]
Alana cerró los ojos.
—No.
Apartó la mirada.
[Soy una mujer adulta y tengo fuerza de voluntad.]
Cinco segundos después volvió a mirar el pastel.
—Después.
El pastel perdió.
Pero por poco.
También compró un caldero.
Cuando llegó a la mansión, Alana estaba emocionadísima.
—¡Mi primer caldero!
El mago lo observó.
—Eso es un caldero.
—¡Exactamente!
—No es particularmente especial.
—Para mí sí.
Y comenzó a estudiar pociones.
Al principio las cosas no salieron bien.
Una poción terminó con un olor horrible.
Otra cambió de color.
Otra hizo espuma.
Otra produjo una pequeña nube de humo que obligó a abrir todas las ventanas de la cocina.
Alana salió tosiendo.
—Creo que estaba un poco concentrada.
El mago la miró.
—Creo que agregaste tres veces la cantidad indicada.
Alana sonrió.
—Detalles.
Pero no se rindió.
Cada error se convirtió en una anotación.
Cada fracaso se convirtió en una nueva página de su cuaderno.
Cada día aprendía algo.
Y aunque el progreso era lento…
Era progreso.
Sus padres comenzaron a notar el cambio.
La baronesa la veía levantarse temprano.
El barón la encontraba leyendo libros de magia.
Las doncellas comentaban que su señorita pasaba horas estudiando.
Y algunas tardes podían verla en el jardín, cubierta de tierra, intentando hacer crecer plantas.
La imagen era completamente distinta a la de la antigua Alana.
Antes, la joven había disfrutado de su magia como una especie de adorno.
Ahora parecía decidida a descubrir hasta dónde podía llevarla.
Una tarde, su padre pasó por el jardín.
Alana estaba sentada en el suelo.
Tenía el cabello ligeramente despeinado.
Había tierra en una de sus mejillas.
Y frente a ella había una pequeña planta.
La joven estaba completamente concentrada.
—Vamos…
La planta creció unos centímetros.
Alana sonrió.
—¡Sí!
Indudablemente! ese Rey no dejoʻ a nadie sin formarle su lío
y Draco vigilando🤣🤣🤣medio en shock😎🤣🤣
Ahora que Alana estaba esperando por ti 🥰
Que buena imitación