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Te Encontré En Mis Sueños

Te Encontré En Mis Sueños

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Malentendidos / Romance
Popularitas:685
Nilai: 5
nombre de autor: inkdreams

Unidos por sueños compartidos y separados por oscuras mentiras, Alexander y Alana deberán luchar contra la traición para descubrir que el amor verdadero siempre encuentra el camino a la realidad.

NovelToon tiene autorización de inkdreams para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20: El velo desgarrado

Punto de vista: Alana

El aire en el despacho se volvió tan denso que me costó respirar.

Sentí como si el suelo bajo mis pies se abriera por completo. Un frío helado me recorrió desde la nuca hasta los talones mientras las palabras de Alexander retumbaban en mi cabeza como un trueno sofocante.

«Son exactamente los mismos que me gritas cuando se apagan las luces».

—Usted... usted no puede saber eso —logré articular en un hilo de voz temblorosa, dando otro paso hacia atrás hasta tropezar levemente con el borde de una de las sillas de cuero del despacho.

Alexander no apartó sus ojos azules de los míos ni un solo segundo. Se puso de pie con una lentitud imponente, rodeando el enorme escritorio de caoba hasta quedar a menos de un metro de mí. Su presencia, su porte y ese inconfundible aroma a sándalo me acorralaron por completo.

—Sé que te quejas del viento de la terraza cuando es demasiado frío —dijo en un susurro rasposo, con una voz cargada de una certeza que me hizo temblar el pecho—. Sé que cuando te enojas sueles cruzar los brazos sobre el pecho y morderte el labio inferior antes de responder.

Y sé que anoche te clavaste las uñas en mis hombros mientras me decías que me odiabas.

El corazón me dio un vuelco violento contra las costillas. Las lágrimas de pura estupefacción se me agolparon en los ojos.

No era posible. Era una locura, un delirio, una coincidencia imposible de la vida real.

—No... no, esto es una broma —protesté, negando con la cabeza febrilmente, tratando de aferrarme a la lógica—. Usted leyó mis bocetos, o... o me está manipulando. Un sueño es algo privado, algo de mi mente...

¡Usted no puede estar ahí!

Alexander dio un paso más, acortando la última distancia entre los dos. Extendió su mano derecha y, con la yema de sus dedos cálidos, me rozó la mejilla con una delicadeza infinita, apartándome un mechón de cabello detrás de la oreja.

El toque de su piel en la vida real desató la misma chispa eléctrica, la misma marea ardiente que llevaba seis meses sintiendo cada noche en la penumbra.

—Llevo seis meses exactos esperándote en esa terraza, Alana —confesó, con la voz quebrada por una emoción que nunca antes le había visto mostrar—. Seis meses buscando tus ojos color ámbar en la oscuridad para no volverme loco en este imperio de cristal.

Un sollozo ahogado se me escapó de la garganta. La verdad cayó sobre mí con todo su peso monumental, aplastando cada una de mis dudas, cada una de mis defensas.

No era una proyección de mi subconsciente. No era una fantasía solitaria ni un fantasma creado por mi soledad en Los Ángeles.

El hombre con el que había compartido mis noches, con el que me había reído, con el que me había entregado y con el que había peleado ferozmente unas horas antes... era el mismísimo Alexander Hale. El hombre real, de carne y hueso, parado frente a mí con su traje impecable y su mirada llena de vulnerabilidad.

—Eras tú... —susurré, con las lágrimas rodando por mis mejillas al comprender la magnitud de lo que nos unía—. Todo este tiempo... siempre fuiste tú.

—Siempre fui yo —reafirmó él, tomándome el rostro entre sus manos grandes y cálidas, sosteniéndome con una firmeza desesperada—. Cada caricia, cada palabra, cada beso... Todo fue real, Alana. Aunque estuviéramos dormidos, todo fue dolorosamente real.

Me quedé mirándolo, procesando el impacto brutal del descubrimiento.

El hombre que creía inalcanzable, el CEO que me observaba con frialdad en los pasillos de la empresa, había estado al otro lado del mismo puente invisible durante medio año. Él también había buscado mi refugio, él también había sentido el vacío de la noche sin mí, y él también se estaba destruyendo de celos por la vida real.

—Alexander... —murmuré, sintiendo cómo el mundo que conocíamos cambiaba de forma para siempre.

Él inclinó la frente hasta apoyarla contra la mía, mezclando nuestros alientos acelerados en el centro de la oficina corporativa.

—Ahora que lo sabes... no voy a dejar que me vuelvas a decir que eres de alguien más —susurró con una posesión profunda y febril—. Ni en mis sueños... ni en la vida real.

El velo que nos separaba se había desgarrado por completo.

La fantasía había colisionado de frente contra la realidad, dejando al descubierto un secreto compartido que amenazaba con cambiar el destino de nuestras vidas para siempre.

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