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El Corazón del Villano

El Corazón del Villano

Status: Terminada
Genre:Timetravel / Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Completas
Popularitas:346
Nilai: 5
nombre de autor: sang senja

Amelia Geraldi fue la princesa de la mafia más temida de su país. Pero una noche, después de leer hasta el amanecer una novela sin remitente, se quedó dormida... y despertó en el cuerpo de la secundaria que muere en el primer acto.

Ahora es Amelia Sandoval, una chica de diecisiete años con cara de muñeca, una familia que ya no la reconoce y una protagonista de lágrimas fáciles que se las arregla para que todos la compadezcan. Peor aún: el hombre que mandó a matar a su nueva identidad sigue ahí. Adrián William, el villano de la historia, frío, brillante y obsesionado con proteger a la heroína, la tiene en su lista negra.

Lástima para él. Esta vez, la presa sabe disparar.

Entre pistolas, intrigas escolares y un tigre blanco que ya muerde, Amelia decide reescribir el final que odió. Lo que no esperaba era que el mismísimo villano empezara a mirarla a ella.

¿Quién cazará a quién cuando el corazón del villano esté en juego?

NovelToon tiene autorización de sang senja para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una broma para Sofía

A la mañana siguiente, Amelia ya estaba lista con su uniforme del colegio. Llevaba el largo pelo negro recogido en una coleta sencilla, y su rostro lucía fresco después de una noche de sueño profundo. En ese momento desayunaba con su familia en el comedor.

Si alguien se pregunta cómo quedó Adrián después de que ella lo atrapara, la respuesta es simple: Amelia lo soltó sin más. ¿Qué otra cosa podía hacer? Si lo liquidaba, nadie ahí sabría arreglar el desastre que vendría después, y la que terminaría teniendo problemas con la ley sería ella misma. Retenerlo tampoco servía de nada: no era policía ni carcelera. ¿Para qué molestarse en encerrar a Adrián? Así que, después de darle una lección bastante dolorosa, lo dejó volver con su amo.

Aun así, tenía que admitir algo: las artes marciales de Adrián eran extraordinarias. Era mucho más fuerte que la mayoría de los luchadores que había conocido. Lo que le faltaba era experiencia contra un rival realmente letal. Ella, en cambio, en su vida anterior casi a diario tenía a alguien detrás de su cabeza. Sicarios. Organizaciones criminales. Grupos secretos. Había enfrentado a todos.

Pensarlo la hizo sonreír con amargura.

Qué vida de porquería la mía.

Nunca había tenido la tranquilidad de una persona normal. Pero ahora... ¿no estaba empezando a disfrutar esta vida? Al menos, ser Amelia Sandoval era muchísimo más relajado que su existencia anterior.

En pleno desayuno, el celular de Sebas sonó de repente. Él miró la pantalla.

—Ah, Adri.

Contestó enseguida.

—¿Bueno? ¿Qué pasó?

Unos minutos después su expresión cambió, algo extrañado.

—¿Eh? ¿Vas a faltar a la universidad unos días?

Sebas fue asintiendo mientras escuchaba la explicación de su amigo.

—Va, entiendo. Descansa por ahora.

Colgó y dejó el celular sobre la mesa.

—Adri no va a poder ir a la universidad los próximos días.

Al oírlo, Amelia bajó la cabeza para esconder su sonrisa. Por lo menos, durante un tiempo su vida sería un poco más tranquila: el cazador de su vida estaba ocupado curándose las heridas. Una noticia estupenda.

Pero su sonrisa pronto se volvió fina y fría, porque todavía quedaba alguien que no había recibido su merecido. Sofía. La dueña original de este cuerpo había sufrido demasiado por culpa de esa chica. Calumnias. Humillaciones. Manipulación. Todo eso tenía que pagarse. Y Amelia era lo bastante rencorosa para asegurarse de que la cuenta quedara saldada.

* * *

El Colegio Joya del Mundo estaba tan animado como siempre esa mañana. Los alumnos llegaban desde todas partes. Algunos caminaban despreocupados, bromeando con sus amigos. Otros iban de prisa por miedo a llegar tarde. Otros más estaban pegados a sus celulares.

Al final de la calle junto al colegio, un auto de lujo se detuvo despacio y de él bajó Sofía. Después de acomodarse la falda y el pelo, se volvió hacia el chofer.

—Señor, aquí me bajo.

—Como diga, señorita.

El auto se fue enseguida. Sofía se había bajado lejos de la puerta a propósito, con un objetivo sencillo: dar la imagen de una chica humilde. Si sus compañeros la veían llegar todos los días en un auto de lujo, la simpatía que tanto trabajo le había costado construir podía disminuir.

Lo que no notó fue que, justo detrás de su auto, se acababa de detener otro: el de Amelia. En su primer día de regreso al colegio después del accidente, su padre le había comprado un auto nuevo, porque ella había pedido uno alegando trauma. Por eso Sofía no reconoció el vehículo.

Desde detrás del vidrio, Amelia observó cada uno de los gestos de la chica.

¿Va a empezar a actuar otra vez? Para parecer pobre y humilde frente a los alumnos.

Resopló por lo bajo.

Vaya, qué dedicación.

En ese momento se oyeron ladridos al costado de la calle.

—¡Guau! ¡Guau! ¡Guau!

Amelia volteó. Había un bulldog enorme atado frente a una casa. Los ojos de Amelia se iluminaron y una idea traviesa le cruzó la mente. Una sonrisa maliciosa se le fue dibujando en la cara.

Unos minutos después caminaba con calma hacia el perro, con un sándwich de carne en la mano. El bulldog empezó a mover la cola de inmediato.

Ja, qué fácil se compra.

Le ofreció un trozo de carne y el animal lo devoró con ganas. Poco después, Amelia le soltó la correa y lo guio hacia la zona por donde caminaba Sofía. Y entonces lanzó un pedazo de sándwich cerca de los pies de la chica. En el instante siguiente, Amelia ya estaba escondida detrás de un muro.

El bulldog salió disparado tras la comida.

—¡Guau! ¡Guau! ¡Guau!

Sofía, que iba distraída, pegó un salto. Al ver a un perro enorme corriendo hacia ella, se puso pálida.

—¡Aaaaaah!

Sin pensarlo, echó a correr. Gran error: el perro creyó que jugaban a las atrapadas.

—¡Guau! ¡Guau! ¡Guau!

—¡Auxilioooo! ¡Perro bravo! ¡Ayuda!

Sofía corría con todas sus fuerzas. La mochila se le sacudía de un lado a otro y el pelo, tan bien peinado, empezaba a desarmarse. Los alumnos que presenciaban la escena entraron en pánico. Algunos se apartaron. Otros sacaron el celular. Y hasta hubo quien se echó a reír.

—¡Carajo, la persigue un perro!

—¡Graba! ¡Graba!

—¡No se rían, oigan!

—¡Pero es que da risa!

Sofía estaba cada vez más desesperada y no alcanzó a mirar el camino.

¡Zas!

Se tropezó. Su cuerpo salió despedido hacia delante y cayó justo dentro de una enorme zanja de desagüe al borde de la calle.

¡Splash!

El lodo negro mezclado con agua sucia le empapó el cuerpo entero. De repente todo quedó en silencio. Varios alumnos se quedaron con la boca abierta. Y entonces...

—¡Jajajajaja!

Las carcajadas estallaron por todas partes. Sofía, siempre tan elegante, ahora estaba lamentable: el uniforme sucio, el pelo lleno de lodo, y un mal olor que ya se percibía desde varios metros.

Cuando el perro se disponía a acercarse otra vez, llegaron varios chicos, con Alexio al frente.

—¡Oye! ¡Largo de aquí!

Alexio y sus amigos ahuyentaron al animal. El bulldog terminó escapando con lo que quedaba del sándwich. Una vez que pasó el peligro, Alexio ayudó a Sofía a salir de la zanja.

—¿Estás bien?

Sofía contuvo el llanto.

—Yo... estoy bien...

Pero su aspecto daba pena. Y, por supuesto, Jenny no iba a desperdiciar una oportunidad de oro como esa.

—¡Vaya, vaya, vaya!

Aplaudió.

—¿Disfraz de Princesa del Lodo?

La multitud volteó.

—¿Se te acabó el agua en tu casa, Sofi? ¿Para ahorrar te bañas en la zanja del colegio?

Las risas estallaron otra vez. Aurora, parada junto a Jenny, ladeó la cabeza.

—¿Por qué se bañaría en la zanja? ¿No le da asco?

Jenny asintió con toda seriedad.

—Para nada, Rora. Sofía y el agua de desagüe son hermanas.

Aurora abrió los ojos como platos.

—Ah... Con razón combinan tan bien.

Las risas de los alumnos se hicieron más fuertes. A Sofía se le puso la cara roja de vergüenza y apretó los puños con fuerza. Quería contestar. Con muchas ganas. Pero no podía: había demasiada gente mirando y tenía que cuidar su imagen.

Entonces Alexio dio un paso al frente.

—¡Basta, Jenny! No tiene gracia. Una compañera con una desgracia y tú te burlas.

Jenny lo fulminó con la mirada.

—¿Desgracia? Si le pasa a ella, se llama entretenimiento.

Alexio se enojó todavía más.

—¡Jenny!

Pero ella solo resopló.

—Perdona, Alex, cariño. A una víbora como esa yo no la considero compañera.

—Ay, Jenny... —Aurora la jaló del brazo—. Aunque es verdad que huele mal.

Al oír ese comentario inocente, varios alumnos se rieron de nuevo. Alexio se masajeó las sienes.

—¡Todos, circulen! ¡Al salón!

La multitud empezó a dispersarse. Alexio se volvió hacia Sofía.

—Vamos. Primero ve a limpiarte.

Sofía asintió despacio. Por dentro guardaba una vergüenza inmensa.

Mientras tanto, a lo lejos, Amelia lo había visto todo desde detrás de un árbol. Con los brazos cruzados, una leve sonrisa asomó en sus labios.

La suerte de los protagonistas es increíble. Siempre aparece alguien a rescatarlos en el momento justo.

Sus ojos siguieron a Alexio y a Sofía mientras caminaban hacia el edificio del colegio. Aunque estaba un poco satisfecha, todavía no le parecía suficiente. Para ella, todo esto era apenas el aperitivo. La verdadera venganza apenas iba a comenzar.

Y esta vez, Amelia se prometió no dejar que Sofía se librara tan fácil.

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