Cassidy Evans sabe arreglar casi cualquier cosa, excepto su propia vida. Entre un taller que apenas se sostiene, un padre que consume todo lo que toca y un futuro que parece decidido por otros, ha aprendido a confiar solo en sus manos, su ingenio y su hermano.
Adamo Greco nació para un mundo completamente distinto. Heredero de una familia mafiosa, peligroso, arrogante y demasiado acostumbrado a conseguir lo que quiere, llega a Idaho buscando algo que ni siquiera sabe nombrar.
Una Ducati averiada los pone frente a frente. Lo que comienza con provocaciones, discusiones y una atracción imposible de ignorar pronto se convierte en una obsesión capaz de arrastrarlos a ambos.
Cassidy no sabe quién es realmente Adamo.
Adamo sí sabe que debería mantenerse lejos de ella.
Pero hay adicciones que empiezan con una sola mirada… y terminan costándolo todo.
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Un juego peligroso
Cassidy
Saltamos cuatro veces.
Cuatro.
A la tercera odio la subida más que la caída.
A la cuarta estoy segura de que mis piernas van a declararse independientes de mi cuerpo.
—Nunca más —digo, tirándome sobre la roca plana cerca del agua.
Adamo cae a mi lado.
—Mentira.
—Nunca más hoy.
—Eso sí te lo creo.
Estoy agotada.
Mojada.
Helada.
Feliz.
Eso último me sorprende.
Hace horas pensé que mi vida se estaba desarmando.
Y ahora estoy acostada bajo la luna, en ropa interior, junto a un hombre que conocí porque destruyó una Ducati.
La vida tiene sentido del humor.
Giro la cabeza.
Adamo ya me está mirando.
No habla.
Yo tampoco.
El silencio cambia.
No incómodo.
Otra cosa.
Sus ojos bajan por mi cuerpo lentamente.
No de una forma que me moleste. Peor. De una forma que me hace demasiado consciente de mí misma.
Del sostén mojado.
De la piel fría.
De la ropa interior pegada.
Miro su pecho.
Después más abajo.
Bóxer mojado.
No.
Mala idea.
Subo los ojos.
Él sonríe.
—¿Qué?
—Nada.
—Mientes pésimo.
—Tú peor.
Se ríe.
Nos quedamos callados otra vez.
Después dice: —¿Qué opinas de nadar desnudos?
Lo miro.
Eso debería sonar como una propuesta.
Con él, de alguna forma, suena como un desafío.
Y quizá eso es todavía peor.
—Opino... —Hago una pausa. Él espera. Sonrío—. Que es una idea maravillosa.
Sus cejas suben.
No esperaba que dijera que sí.
Eso me encanta.
Me siento.
Me saco el sostén antes de poder arrepentirme.
Adamo se queda quieto. Completamente quieto.
—¿Qué? —pregunto.
—Nada.
—Estás mirando.
—Sí.
Al menos es sincero.
Río.
Termino de quitarme la ropa.
No pienso.
Ese es el truco.
No pensar.
Corro hacia el agua.
—¡Cass!
Salto.
Su carcajada viene detrás.
Segundos después escucho otro chapoteo.
Emerjo.
Adamo aparece a unos metros.
—Estás loca.
—Mira quién habla.
—Te estoy afectando.
—No te atribuyas demasiado mérito.
—Ya es tarde.
Le lanzo agua.
Él viene hacia mí.
Escapo.
Y durante los siguientes minutos somos dos idiotas nadando desnudos bajo la luna.
Nada más.
No hija.
No hermano.
No familia.
No obligaciones.
Solo Cass.
Solo yo.
Y por primera vez en mucho tiempo, eso alcanza.
Hasta que Adamo me salpica directamente en la cara.
Trago agua.
—¡Hijo de puta!
Su carcajada retumba sobre el río.
—Estabas demasiado tranquila.
—¡Casi me ahogas!
—Estamos en una zona donde te puedes parar.
Bajo las piernas.
Mis pies tocan el fondo.
Mierda.
—Eso no viene al caso.
—Claro que viene al caso.
Le lanzo agua con ambas manos.
Él levanta un brazo para protegerse.
—¡Violenta!
—Todavía no.
—Eso también lo dices demasiado.
—Porque sigues dándome motivos.
Retrocede nadando.
Yo voy detrás.
Mala decisión.
No porque no pueda alcanzarlo, porque lo alcanzo. Y cuando intento hundirle la cabeza, él gira demasiado rápido, me atrapa por la cintura y mi cuerpo choca contra el suyo.
Piel.
Eso es todo lo que registra mi cerebro durante un segundo.
Piel mojada.
Caliente.
Ridículamente caliente considerando que estamos dentro de agua que hace cinco minutos me dejó los dientes castañeando.
Mis manos quedan apoyadas sobre sus hombros.
Las suyas están en mi cintura.
Y de repente ya no estoy pensando en ahogarlo.
Adamo tampoco se ríe.
Sus ojos bajan.
Yo sé perfectamente hacia dónde.
—Ojos arriba, Greco.
Obedece.
Tarda demasiado.
—Estoy intentando.
—No parece.
—La situación tiene dificultades técnicas.
Me río a pesar de mí misma.
—Eres un idiota.
—Eso ya está establecido.
Sus dedos se mueven un poco sobre mi cintura.
No sé si lo hace conscientemente.
Yo sí soy demasiado consciente.
Cada punto donde sus manos me tocan parece varios grados más caliente que el resto de mi cuerpo.
Absurdo.
Estamos prácticamente congelándonos, pero al parecer mi piel no recibió el memo.
Adamo me mira.
—¿Tienes frío?
—No.
Mentira.
Tengo frío.
Solo que no donde me está tocando.
—Estás temblando.
—Es el agua.
—Podemos salir.
—No quiero.
Su boca se curva.
—Entonces no tienes tanto frío.
—No saques conclusiones.
—Me gusta sacar conclusiones.
—Y hacer estupideces.
—También.
Intenta avanzar.
Sigo agarrada a sus hombros.
—¿Qué haces?
—Nada.
—Adamo.
Su sonrisa se ensancha.
—Confía en mí.
—Esa frase, viniendo de ti, debería ser delito.
No alcanzo a terminar.
Sus manos bajan con firmeza hasta mis caderas.
—¿Qué…? —Me levanta—. ¡ADAMO!
Mi cuerpo sale del agua completamente.
Grito y después me río porque el imbécil continúa levantándome hasta dejarme por encima de su cabeza.
—¡Bájame!
—No.
—¡Te juro que voy a patearte!
—Hazlo y nos caemos los dos.
—¡Eso no me tranquiliza!
—A mí sí.
Me acomoda hasta que termino apoyada atravesada sobre sus hombros.
Mi estómago queda contra uno.
Mi cabello cae hacia el agua.
Y entonces tengo un problema completamente nuevo.
La vista.
Oh.
Dios.
Mi cerebro se queda en blanco.
Literalmente.
Durante varios segundos no existe ninguna ley física.
Ninguna ecuación.
Ninguna neurona funcional.
Solo Adamo.
Su espalda.
La línea de su cintura.
Su trasero.
Y bastante más información anatómica de la que estaba preparada para recibir cuando desperté esta mañana.
Mierda.
Mierda.
Mierda.
estoy Jodido 🤣
estas Jodido Adamo🤣
piensa bien
porque podrías perder el amor de tu vida por simplemente querer cerrarte a lo que sientes
porque después de leer todo lo que piensas
la sonrisa de cass
la sensación cuando te toca
cuando le miras los ojos y no puedes evitar mirar sus labios
todo eso que te hace sentir es amor no solo deseo incluso una vez que estén juntos no vas a querer soltarla inclusive aparecerán los benditos celos si alguien se atreve a mirarla.
Adamo está en ti no ser 😑😑😑 idi*#$@, est#$&#, imb$#@ en fin y todo con lo que pueda insultarte , lo digo solo para que despiertes y vivas un amor intenso 😍😍😍
creo que es amor 😍😍😍😍
esperemos lo descubras