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Resucitado Por Venganza

Resucitado Por Venganza

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencuentro / Venganza
Popularitas:185
Nilai: 5
nombre de autor: Galeano

Devastada y embarazada, Isabella crio sola a su hijo durante diez años. Pero Alexander no murió: la mafia rusa exhumó su cuerpo y su verdadero padre lo trajo de vuelta a la vida para convertirlo en el heredero de un imperio criminal.
Ahora, Alexander regresa por el amor de su vida sin saber que un niño lleva su nombre, ni que el verdadero villano es el padre de Isabella, quien está dispuesto a matarlo por segunda vez para proteger sus secretos.

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Capitulo 17

Las imponentes puertas de caoba del salón de baile del hotel Grand Plaza se abrieron con una elegancia silenciosa, revelando un escenario de lujo deslumbrante. Los candelabros de cristal checo proyectaban destellos dorados sobre los trajes de alta costura y los vestidos de noche de terciopelo y seda que lucía la élite de la ciudad. Las copas de champaña tintineaban al compás de una suave música de violines en directo, mientras la alta sociedad se congregaba en una de las galas benéficas más exclusivas del año.

Entre los asistentes, enfundado en un impecable esmoquin negro hecho a la medida que realzaba su imponente y atlética figura, caminaba Alexander. Su porte era el de un monarca absoluto. Su cabello oscuro estaba peinado hacia atrás con absoluta precisión, y su rostro, esculpido por años de disciplina implacable y el peso del liderazgo en la mafia rusa, no reflejaba la menor pizca de nerviosismo. Para los invitados y la prensa local, era simplemente "Sasha Rostova", el multimillonario magnate y filántropo europeo que acababa de desembarcar en el país.

A pocos metros de distancia, junto a una columna de mármol y sosteniendo una copa de whisky con dedos sudorosos, se encontraba el padre de Isabella. Su rostro pálido y las profundas ojeras bajo sus ojos delataban semanas de insomnio y terror acumulado. La presión de la asfixia financiera que los rusos habían aplicado sobre sus empresas lo tenía al borde de la ruina. Había acudido a la gala con la desesperada esperanza de encontrar un inversor extranjero que lo salvara de la quiebra inminente, ignorando por completo que caminaba directamente hacia la boca del lobo.

Alexander avanzó con paso firme, sintiendo cómo las miradas de los presentes se posaban discretamente sobre él. Sin embargo, sus fríos ojos azules estaban fijos en un solo objetivo. Bordeó la pista de baile, esquivó a un grupo de empresarios locales que intentaban saludarlo y se detuvo justo a espaldas del padre de Isabella.

El hombre sintió una presencia abrumadora que le heló la sangre en la nuca. Se giró lentamente, esperando encontrarse con un socio comercial, pero al levantar la vista y toparse con la mirada de un hombre joven, de facciones perfectas y una fría intensidad en los ojos que desafiaban el tiempo, su respiración se atragantó.

—Buenas noches... o deberíamos decir, un muy mal regreso para usted —murmuró Alexander con una voz profunda, grave y pausada que resonó directamente en los oídos del empresario.

El padre de Isabella retrocedió un paso tropezando levemente con el borde de la alfombra, sintiendo que el suelo se abría bajo sus pies. Algo en la estructura ósea de aquel joven, en la forma de sus labios y, sobre todo, en ese azul gélido de su mirada, le provocó un flash mental tan violento que su corazón dio un vuelco asustado. Recordó al novio al que mandó a silenciar diez años atrás.

—¿Quién... quién es usted? —logró articular el hombre con un hilo de voz temblorosa, intentando mantener una falsa compostura—. Creo que me confunde...

—¿Confundirme? De ninguna manera —respondió Alexander, inclinándose ligeramente hacia él con una sonrisa que no albergaba ni una sola pizca de calidez, sino la furia contenida de un depredador—. Los rostros de las personas que intentan asesinarte jamás se olvidan, especialmente cuando te disparan en el altar el día más feliz de tu vida.

El impacto de esas palabras cayó sobre el padre de Isabella como un mazo de hierro. El vaso de whisky resbaló de sus dedos, estrellándose contra el suelo de mármol y esparciendo líquido y cristales rotos por todas partes. El hombre se quedó mudo, con los ojos desorbitados por el pánico absoluto, boqueando como un pez fuera del agua mientras el terror le paralizaba las extremidades.

—¡Tú... tú estás muerto! ¡Te vi caer! ¡Estás enterrado! —gimió el empresario en un susurro desesperado, agarrándose del borde de una mesa cercana para no desplomarse allí mismo frente a la alta sociedad.

—La muerte es un concepto muy relativo cuando tienes el dinero y la ciencia de los Rostova de tu lado —replicó Alexander con total frialdad, sin apartar ni un segundo la vista de su víctima—. Me exhumaron la noche de mi entierro. Me reanimaron. Y durante diez largos años he vivido en la sombra, preparándome para este preciso instante.

El pánico del padre de Isabella rozó la histeria colectiva. Miraba a su alrededor, intentando pedir auxilio, pero la música continuaba sonando y los invitados charlaban alegremente a pocos metros, ajenos por completo al drama mortal que se desarrollaba junto a la columna.

—¿Qué... qué quieres de mí? —balbuceó el hombre, con el sudor frío escurriéndole por la frente—. ¿Dinero? ¿Empresas? ¡Te daré lo que sea! ¡Todo lo que tengo!

—No quiero tu dinero maldito —espetó Alexander, y su voz adquirió un tono tan afilado y letal que hizo que el empresario se encogiera de miedo—. Conozco todos tus secretos. Sé de los fraudes financieros, de las redes de lavado de dinero y de cómo falsificaste deudas para justificar un atentado. Sé perfectamente que no fueron cobradores comunes ni una venganza de pandillas: fuiste tú. Mandaste a matarme porque descubrió que eras un criminal acorralado a punto de ser descubierto.

El silencio entre ambos fue denso, cargado de una electricidad asesina. El padre de Isabella tragó saliva con dificultad, comprendiendo que sus mentiras de una década se habían derrumbado como un castillo de naipes. Ya no había escapatoria. El fantasma al que creía haber sepultado bajo dos metros de tierra había regresado para reclamar su venganza con intereses.

—¿Se lo vas a decir a Isabella? —preguntó el hombre con un hilo de voz rota, apelando desesperadamente al único punto débil que creía que su verdugo podía tener—. ¡Ella te lloró durante diez años! ¡Tiene un hijo tuyo! Si le dices la verdad, destruiras su vida... ¡destruirás al niño!

Al mencionar al pequeño Alex, la mandíbula de Alexander se tensó de forma salvaje. El fuego en sus ojos estalló con una intensidad peligrosa, haciendo que el empresario diera otro paso atrás aterrorizado.

—A mi hijo y a Isabella los vas a dejar fuera de esto —siseó Alexander con una furia contenida que amenazaba con desbordarse—. Ellos no son parte de tu juego sucio. Durante diez años has vivido tranquilo sobre una montaña de mentiras y sangre inocente. Pero tu tiempo de gracia se ha terminado.

Alexander se enderezó con parsimonia, arreglándose los puños de su camisa con total elegancia, recuperando la máscara de magnate intocable mientras observaba al hombre temblar frente a el.

—Disfruta lo que queda de la noche y de lo que queda de tu imperio —susurró Alexander rozando apenas el hombro del empresario—. Mañana por la mañana, los federales tendrán todas las pruebas de tus crímenes sobre su escritorio. Y cuando estés pudriéndote en una celda de máxima seguridad, recordarás que los muertos siempre regresan a cobrar sus deudas.

Sin agregar una sola palabra más, Alexander dio media vuelta y comenzó a alejarse entre los invitados de la gala, dejando al padre de Isabella arruinado, paralizado por el terror y sumergido en una pesadilla de la que ya no había despertar posible. La entrada en escena había sido perfecta; el primer movimiento del jaque mate estaba dado.

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