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Donde Florece El Barro

Donde Florece El Barro

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor-odio / Amor Campestre
Popularitas:613
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Noah tenía todo: 24 años, Milán, su regreso a la pasarela. Hasta que su hermana Lila murió mientras él se probaba un abrigo. Dejó todo botado, recayó y lo echaron de Europa.

Sin nada, vuelve al sur, a la casa chueca de su abuela cerca de Traiguén. Al lado vive Tomás, 32, agricultor, callado, conservador. Lo odia a primera vista.

Tres meses es el trato. Tomás le enseña a trabajar la tierra. Noah le enseña a no tenerle miedo a sentir.

Entre gallinas metidas, un tractor chocado, un invernadero saboteado y un desfile en un granero, se enamoran lento. Con barro en las manos y miedo de volver a caer.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: Las gallinas de Tomás

Las gallinas de Tomás no eran gallinas normales. Eran terroristas chicas.

Lo digo en serio. Marrones, con cara de enojadas, y con la costumbre de meterse a mi casa como si pagaran arriendo. Yo cerraba la puerta y se metían por un hoyo en la madera de la cocina que yo no había visto. Tapaba el hoyo con diario y hacían otro más grande.

Esa mañana me desperté con ruido. Clo clo clo. Fuerte. Adentro de mi pieza. No afuera. Adentro.

Abrí un ojo. Una gallina. Una gallina café parada arriba de mi 【entity-Rimowa¦canonical_name\=Rimowa】 plateada. Mi 【entity-Rimowa¦canonical_name\=Rimowa】 que me había costado más que tres meses de arriendo en Milán y que ahora estaba llena de barro y de rayas.

No, le dije con voz de dormido. No te atrevas.

La gallina me miró. Me juzgó. Y puso un huevo. Ahí mismo. Arriba de mi maleta. Un huevo café clarito, tibio, que quedó ahí como trofeo de guerra.

Me paré de un salto. La gallina cacareó y salió corriendo, pero no por la puerta, por el hoyo de la cocina. Yo corrí detrás descalzo, en bóxer y con la polera de mi abuelo que me llegaba a las rodillas y que olía a naftalina.

¡Tomás! ¡Tus gallinas! Grité desde el corredor aunque eran las seis y media y capaz estaba durmiendo.

No estaba durmiendo. Ya estaba afuera con su gorro de lana, echando maíz. Me vio y se quedó parado con el balde en la mano.

Yo descalzo, con pelo de nido, con un huevo en la mano que acababa de sacar de mi maleta.

Tu gallina puso un huevo en mi 【entity-Rimowa¦canonical_name\=Rimowa】, dije levantando el huevo como si fuera prueba de crimen.

Tomás me miró. Primero a mí, después al huevo, después a mis pies llenos de barro. Y se empezó a reír. No risita. Carcajada grande. Se tuvo que agachar porque le dolía la guata.

¿Te puso un huevo en la maleta? Dijo entre risas.

Sí. Y no es chiste. Esa maleta cuesta plata.

¿Cuánta?

Mucha.

Ya no, dijo y siguió riéndose.

Me dio rabia y después me dio risa a mí también. Porque era ridículo. Yo que había desfilado en Milán con zapatos que no me dejaban caminar, parado en barro, en bóxer, con huevo tibio en mano reclamándole a un tipo que criaba gallinas que me odiaban.

Ya, toma tu huevo, le dije y se lo tiré. Lo agarró al vuelo sin mirar, como si lo hubiera hecho mil veces.

Ese huevo es tuyo ahora. Te lo puso a ti. Es tu responsabilidad.

No quiero responsabilidad, quiero que no se metan.

No se puede. Son libres. Van donde quieren. Como tú.

Me quedé callado. Como tú. Lo dijo sin querer creo, pero me llegó igual. Como tú.

¿Y si cierro el hoyo? Pregunté.

Hacen otro. Son como ideas. Si no entran por un lado entran por otro.

Entramos a mi cocina. Me mostró el hoyo. Era chico, del porte de su puño. Lo tapamos con una tabla y un clavo que trajo. Martilló fuerte. Tres golpes secos que sonaron en toda la casa.

Listo, dijo.

Van a hacer otro, dije repitiendo lo que él dijo.

Sí, dijo. Pero hoy no.

Me pasó un café. Café de verdad, no té de manzanilla del 2019. Café negro de campo, fuerte, que te despierta aunque no quieras. Olía a tostado.

¿Te puedo preguntar algo? Dije tomando el café que quemaba la lengua.

Pregunta.

¿Por qué tus huevos son de colores? Hay celestes, café, blancos. ¿Son distintas gallinas?

Sí. La celeste es mapuche. Kollonka. Pone huevos celestes. Mi abuelo me regaló dos cuando era chico. Ahora tengo como veinte.

¿Veinte te regaló?

Dos. Se multiplicaron. Como los problemas.

Nos reímos los dos. En mi cocina chica, con olor a café y a huevo recién puesto, con barro en el suelo que yo no había barrido en tres días.

¿Sabes qué? Dijo Tomás mirando mi 【entity-Rimowa¦canonical_name\=Rimowa】. Esa maleta ya no sirve para viajar. Sirve para otra cosa.

¿Para qué?

Para poner huevos. O para guardar leña. O para que duerman las gallinas.

Lo pensé. Tenía razón. Esa maleta había estado en aviones, en taxis caros, en hoteles con alfombra blanca que no se podía pisar con zapatos. Y ahora estaba en el sur, toda rayada, con olor a gallina. Y por primera vez me gustaba más así que antes.

Ya, que se quede entonces, dije. Que sea gallinero. Total no me voy a ir en un tiempo. O capaz nunca.

No sé por qué dije eso. Capaz nunca. Me salió solo. Como cuando dices algo que no sabías que pensabas hasta que lo dices en voz alta.

Tomás se quedó callado. Tomó su café. Afuera las gallinas seguían clo clo clo como si se rieran de nosotros.

¿Te quedas? Preguntó bajito.

No sé. Pero si me quedo quiero que mis gallinas pongan huevos celestes también.

No son tuyas. Son prestadas. Como las botas.

Me gustan las cosas prestadas, dije. Se sienten más livianas que las propias.

Esa tarde puse la Rimowa en el corredor, abierta, con un poco de paja que me pasó Tomás. Le puse un letrero con plumón que encontré en cajón de mi abuela. HOTEL GALLINA. 5 ESTRELLAS. GRATIS. Con dibujo de gallina que me quedó como pato.

A la hora ya había una gallina adentro acomodada como si hubiera pagado reserva. La café que me odiaba. Se metió, se dio vuelta, se sentó.

Le saqué foto con mi celular que tenía una raya de señal si lo ponía arriba del refri. Se la mandé a 【entity-Sofía¦canonical_name\=Sofía】: Me asaltaron. Piden rescate en maíz.

【entity-Sofía¦canonical_name\=Sofía】 contestó al tiro: Bienvenido al sur, modelo.

Me reí solo. En el corredor con olor a café y a paja, con mi maleta de lujo convertida en nido, con barro en pies y con Tomás que desde su parcela me gritó te dije que iban a volver.

Y por primera vez no me sentí robado. Me sentí elegido. Por una gallina terrorista que decidió que mi maleta cara era buen lugar para dejar algo nuevo y tibio.

Esa noche dormí con puerta entreabierta. Por si volvían. Y volvieron. Escuché sus patitas en madera a las tres de la mañana y me reí sin abrir ojos.

Porque ya no me daban miedo los ruidos de la casa.

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Michel Yandi
me encanta esta historia 🦆✨
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Muy buena narrativa y, buen contenido.
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Me gusta esta Novela, es diferente tiene un buen contenido urbano.☺️
Brisa Romero
/Sweat/
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