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Se Lo Dejo A Su Amante

Se Lo Dejo A Su Amante

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Venganza / Divorcio / Completas
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Creyó vivir un cuento de hadas hasta que descubrió la traición: su esposo compartía su vida, su tiempo y su dinero con otra mujer. En lugar de luchar por un amor muerto, decidió renunciar a todo… menos a sí misma.

Pero pronto descubrirán que recibir lo que otros abandonan, trae consecuencias terribles. Ella se libera, se transforma y triunfa; ellos caen en la trampa que ellos mismos construyeron. ¿Quién saldrá ganando al final?

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: La verdad que se prepara

El sol apenas asomaba sobre las colinas de Cali cuando Yaneth se despertó, con la mente clara y el corazón firme, distinta a la mujer que había vivido en esa casa durante ocho años. Ya no había dudas, ni miedos, ni esperanzas ciegas que la mantuvieran atada a una mentira. A su lado, Emiliano dormía profundamente, con el rostro relajado y tranquilo, como si nada estuviera roto, como si su vida fuera perfecta y ordenada. Ni siquiera en sueños se imaginaba que la mujer que tenía al lado ya conocía cada uno de sus secretos, cada engaño, cada plan oculto que había construido para perjudicarla.

Yaneth se levantó despacio, sin hacer ruido, y salió de la habitación. Se dirigió a su escritorio, sacó la libreta donde llevaba todo anotado y la abrió sobre la mesa. Pasó las páginas una a una, repasando cada detalle: fechas, horarios, nombres, lugares, recibos, mensajes, fotografías… todo estaba allí, ordenado, completo, irrefutable. No faltaba nada. Tenía el rompecabezas entero frente a sus ojos, y la imagen que formaba era clara y dolorosa, pero también liberadora: el hombre al que le había entregado su vida no era el príncipe que ella creyó, sino un ser egoísta, calculador y capaz de todo por mantener su estatus y sus intereses.

—Me usaste —susurró suavemente, recorriendo con la mirada sus propias palabras—. Me usaste para avanzar, para tener estabilidad, para construirte una imagen de esposo ejemplar… mientras por detrás vivías otra vida, planeabas quitarme lo que me corresponde y me tratabas como si no valiera nada. Pero te equivocaste en todo: pensaste que yo nunca vería, nunca entendería, nunca tendría fuerzas para defenderme. Hoy sabes que te equivocaste desde el primer día.

Esa mañana, cuando Emiliano salió hacia su oficina, lo hizo igual que siempre: apresurado, distante, sin despedirse bien, sin preguntarle si necesitaba algo, sin mirarla a los ojos más de dos segundos. Yaneth lo acompañó hasta la puerta con su sonrisa tranquila y su voz suave, la misma que él conocía tan bien, la misma que le daba seguridad y confianza en que todo seguía bajo control.

—Que te vaya bien —le dijo con dulzura, mientras él tomaba el volante de su auto—. No te preocupes por nada aquí, yo me encargo de todo como siempre.

—Así debe ser —respondió él, arrancando el motor sin dudar ni un instante—. Ya sabes que confío en ti para esto. No compliques nada, Yaneth.

—Nada se va a complicar —respondió ella, mirándolo fijamente mientras el vehículo se alejaba por la calle—. Al contrario… todo va a quedar mucho más sencillo para todos.

En cuanto desapareció, Yaneth tomó su bolso, guardó con cuidado copias de todas las pruebas y documentos importantes, y salió rumbo a la cita que Marisol había organizado para ella: la reunión con la abogada, la persona que le ayudaría a poner orden legal a todo lo que había descubierto.

Llegó al despacho, un lugar tranquilo y serio en el centro de la ciudad, y fue recibida por la doctora Elisa, una mujer de mirada aguda y voz firme, que escuchó su historia completa sin interrumpirla, tomando notas precisas mientras Yaneth le explicaba todo con calma y detalle: la traición, los años de engaño, los planes ocultos, las pruebas reunidas y también la decisión que ya había tomado desde el principio.

—… Y por eso —terminó de decir Yaneth, con la mano sobre la mesa y la mirada fija—, yo no quiero pelear por él, ni obligarlo a volver, ni reclamar su amor. Lo que él busca lo tiene en otra mujer. Que se lo lleve todo. La casa, los bienes compartidos, la vida que construimos juntos… si es eso lo que desean, se lo dejo a su amante. Solo pido lo que es justo: que me devuelvan lo que me pertenece por derecho propio, lo que traje yo al matrimonio, que quede libre de cualquier deuda o responsabilidad que él haya creado a mis espaldas… y que me dejen irme en paz, con mi dignidad intacta.

La abogada la miró con respeto y admiración, luego revisó las copias que Yaneth le entregaba y asintió con seguridad.

—Tienes pruebas muy sólidas, Yaneth —le dijo con seriedad—. Todo lo que presentas es claro, completo y suficiente para protegerte legalmente. Lo que él ha hecho no es solo una traición sentimental: hay también manipulación económica, ocultación de bienes y acciones que pueden perjudicarlo mucho más a él que a ti. Tu decisión de no pelear por lo que ya no vale la pena es muy sabia, y te aseguro que no te dejarán sin lo que es tuyo. Vamos a preparar todo el proceso paso a paso, con tiempo y cuidado, sin dar ninguna señal hasta que todo esté listo para presentarse.

Yaneth salió del despacho con el corazón mucho más ligero, como si se hubiera quitado un peso enorme de encima. Ya no caminaba sola: tenía leyes, pruebas, apoyo y un plan claro. Ya no era la esposa abandonada o engañada: era una mujer que tomaba el control de su destino.

Al regresar a casa, encontró una sorpresa esperándola: una llamada inesperada, un número desconocido que ella decidió contestar. Al otro lado, una voz femenina, clara y segura, con un tono que mezclaba arrogancia y prisa:

—¿Yaneth? Soy Clarisa Méndez. Creo que ya sabes quién soy.

Yaneth se detuvo en medio de la sala, con el teléfono pegado al oído, y sintió cómo el aire se volvía más ligero, más despejado. Era ella. La mujer que había ocupado su lugar, que había esperado su turno, que creía haber ganado la partida antes de que terminara el juego. Y en lugar de sentir rabia o miedo, Yaneth solo sintió una profunda y fría claridad.

—Sí, ya sé quién eres —respondió con voz tranquila, firme y sin temblar—. He sabido de ti hace tiempo. ¿Qué quieres?

Clarisa dudó un instante, quizás sorprendida por la calma de su respuesta. Esperaba llanto, gritos, insultos… no esa serenidad absoluta. Pero recuperó su tono rápido y autoritario:

—Quiero ser clara contigo, porque ya no tiene sentido seguir escondiéndonos. Emiliano me ama, me ha elegido a mí. Hace mucho tiempo que no hay nada entre ustedes dos, solo te mantiene por costumbre, por miedo al qué dirán… pero ya es hora de que aceptes la realidad. Él va a dejarte, y yo no quiero esperar más. Sería mejor para todos si te vas tú misma, sin hacer escándalo, sin complicar las cosas. ¿Para qué quedarte en un lugar donde ya no eres bienvenida?

Escuchó cada palabra con atención, sin interrumpir, mientras la otra mujer hablaba y hablaba, presumiendo, exigiendo, dándole por hecho todo lo que todavía no era suyo. Clarisa creía que estaba hablando con una mujer derrotada, débil, que se dejaría arrinconar y asustar. No tenía ni idea de que estaba hablando con quien tenía el control absoluto de toda la situación.

Cuando Clarisa terminó de hablar, esperando una reacción de sumisión o de furia, Yaneth respondió con una calma que heló la conversación:

—¿Terminaste? Muy bien. Entiendo perfectamente lo que dices. Y tienes razón en algo: hace mucho tiempo que aquí no hay nada que valga la pena. Si tanto lo quieres, si tanto te lo mereces… pues tómalo.

Hubo un silencio al otro lado, una pausa de sorpresa total.

—¿Qué… qué quieres decir? —preguntó Clarisa, ya con un tono menos seguro.

—Quiero decir exactamente lo que escuchas —respondió Yaneth despacio, marcando cada palabra como si fuera una sentencia—. No voy a pelear por él. No voy a discutir por la casa, ni por el estatus, ni por la vida que él quiere llevar contigo. Se lo dejo todo a su amante. Tómalo todo: al hombre, los problemas, las mentiras, las deudas, todo lo que él no te ha contado todavía… llévatelo, es tuyo. Solo recuerda bien lo que te digo hoy: cuando te des cuenta de lo que realmente has recibido, no vengas a buscarme para quejarte. Yo ya te lo advertí.

Colgó sin esperar respuesta, dejó el teléfono sobre la mesa y se quedó de pie en el centro de la sala, respirando profundo, libre, por primera vez en años. Había dicho la frase que llevaba en el alma desde el principio, la que daba nombre a toda su historia… y al decirla, no perdió nada: al contrario, recuperó todo.

No sabía todavía qué pasaría después, ni cómo reaccionarían ellos, ni cuánto tardaría en llegar el final… pero una cosa estaba clara: desde ese momento, la historia ya no se escribía a favor de las mentiras. Ahora se escribía a favor de la verdad, y de la mujer que por fin había aprendido a ser dueña de su propia vida.

 

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Eliana Angulo
excelente capítulo @🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆ 👏👏
Eliana Angulo
no te quedes callada Yaneth dile más a ese perro😡
Eliana Angulo
se hace el loco este hombre ..... todo lo que le está pasando, se lo busco el
Eliana Angulo
pero que reclama este hombre... si el fue que quiso vivir dos vida y fue el le pintó un vida a la amante que no podía darle
Eliana Angulo
🤣🤣🤣 mija le pintaron pajaritos en el aire🤣🤣
Eliana Angulo
Yaneth eres la mejor... así deberíamos ser las mujeres..no pelear por hombres, que las amantes solas se estrellen con la realidad 🤣🤣
Eliana Angulo
más de ladrón bufon... sinceramente que de los hombres se puede esperar cualquier cosa... ahora ella le sale a deber😡
Eliana Angulo
así se habla Yaneth 👏👏👏
Eliana Angulo
una mujer valiente, yo desde que me hubiera enterado que tiene otra le reclamaría así sea que me llamara loca
Flickr Mary Soly
Livertad dice pero sigue siambulando por ahi
Flickr Mary Soly
Y que hace hay ella por que no se va
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: Porque primero necesita reunir todas las pruebas, aclarar todo lo oculto
total 1 replies
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