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Cartas para un alfa que nunca existió

Cartas para un alfa que nunca existió

Status: Terminada
Genre:Romance / Yaoi / Comedia / ABO
Popularitas:174
Nilai: 5
nombre de autor: felina black

Ethan Ashford tiene veinte años, un tío empeñado en casarlo cuanto antes y una lista interminable de pretendientes ricos, educados… e insoportables.

Para librarse de la presión, se le ocurre una broma: inventar a un prometido imposible de investigar. Un alfa extranjero. Un capitán de la Fuerza Aérea de Corea del Sur. Un tal Kang Min-Jae que jamás podría presentarse en Ravenshire.

Una noche, sin pensarlo, Ethan le escribe una carta. Cuatro páginas de confesiones, quejas y sueños que nunca le ha contado a nadie. Y, por capricho, la envía.

Lo que Ethan no sabe es que, en una base aérea de Seúl, existe un hombre llamado Kang Min-Jae. Que la carta llegó a sus manos. Y que no puede dejar de leerla.

Carta tras carta, entre el humor, la soledad y una sinceridad que no se atreve a mostrar de frente, Ethan se enamora de alguien que cree que no existe. Y Min-Jae, que lleva meses guardando cada sobre en un cajón, se enamora de un desconocido al que no sabe cómo responder.

Hasta que una misión militar lo trae a la ciudad de las cartas, a pocas calles de una florería.

¿Qué pasa cuando el destinatario imaginario resulta ser real? ¿Y cuando la verdad hiere más que cualquier mentira?

NovelToon tiene autorización de felina black para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17 — El último intento

Las palabras de Arthur siguieron resonando en la mente de Ethan durante días.

Oliver pretende pedir tu respuesta definitiva.

Era imposible ignorarlas.

Por más que intentara concentrarse en la florería, en las flores o en los libros, aquella frase seguía ahí.

Esperando.

Como una cuenta regresiva.

Ethan sabía que no podría huir para siempre.

En algún momento tendría que dar una respuesta.

El problema era que su corazón ya había elegido a alguien.

Alguien imposible.

Alguien imaginario.

Alguien que nunca debió haber ocupado tanto espacio en su vida.

Esa tarde, la lluvia cayó sobre Ravenshire.

Una lluvia ligera.

Tranquila.

Perfecta para quedarse en casa.

Pero Ethan estaba en la florería, preparando una entrega, cuando oyó abrirse la puerta.

Ni siquiera necesitó mirar.

Ya reconocía esos pasos.

—Buenas tardes.

—Oliver.

El alfa sonrió.

—Como siempre, pareces feliz de verme.

—Solo estoy impresionado por tu persistencia.

—Lo tomaré como un cumplido.

—No deberías.

Oliver rió.

Esa risa sincera siempre hacía más difícil mantener la distancia.

Porque de verdad era una buena persona.

Y ese era justamente el problema.

—¿Puedo invitarte a caminar?

—No.

—¿Por favor?

—No.

—Solo una caminata.

—No.

—Ethan.

—Oliver.

—Sabes que voy a seguir insistiendo.

El omega suspiró.

Muy hondo.

—Cinco minutos.

La sonrisa de Oliver apareció al instante.

—Perfecto.

—No lo celebres.

—Ya lo estoy celebrando.

Poco después, los dos caminaban por los jardines públicos de la ciudad.

Los árboles se mecían con el viento.

Algunas hojas secas caían sobre los senderos de piedra.

El ambiente era hermoso.

Silencioso.

Cómodo.

Oliver hablaba de temas sencillos.

Sin presionarlo.

Sin mencionar el matrimonio.

Sin mencionar el futuro.

Ethan lo notó.

Quizá el alfa intentaba facilitarlo todo.

Quizá intentaba respetar sus límites.

Eso solo aumentaba su culpa.

Porque no podía corresponderle.

Pasado un rato, Oliver se detuvo por fin junto a un lago.

El viento frío le revolvía el cabello.

Permaneció en silencio unos segundos.

Como si ordenara sus pensamientos.

Luego miró a Ethan.

—Voy a ser sincero.

El corazón del omega se aceleró.

Porque ya sabía lo que venía.

—De acuerdo.

—Me gustas.

Las palabras fueron simples.

Directas.

Sin dramatismo.

Sin exageraciones.

Y precisamente por eso sonaron más sinceras.

—Oliver...

—No tienes que responder ahora.

—...

—Pero necesito saber si tengo alguna oportunidad.

El silencio llenó el lugar.

Ethan bajó la mirada.

Sintió una opresión en el pecho.

Porque era una pregunta justa.

Una pregunta que merecía honestidad.

Y no podía seguir alimentando falsas esperanzas.

Aunque doliera.

—Eres una persona increíble.

Oliver sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Triste.

—Esa nunca es una frase prometedora.

—Lo sé.

—Hay alguien.

No era una pregunta.

Era una constatación.

Ethan permaneció en silencio.

Porque no sabía qué responder.

¿Cómo explicarlo?

¿Cómo decir que estaba enamorado de alguien que no existía?

¿Cómo admitir algo tan absurdo?

—Yo...

Pero las palabras no salieron.

Oliver le observó el rostro.

Y despacio asintió.

Como si lo hubiera entendido todo sin necesidad de oírlo.

—Entiendo.

Al corazón de Ethan se le apretó todavía más.

—Oliver...

—Está bien.

Pero no parecía estarlo.

Ni un poco.

Esa noche, Ethan volvió a casa sintiéndose fatal.

No por sí mismo.

Sino por Oliver.

Porque él no merecía aquello.

No merecía ser rechazado por culpa de un fantasma.

Por una fantasía.

Por un amor imposible.

Se sentó frente al escritorio.

Como siempre.

Tomó papel.

Pluma.

Respiró hondo.

Y empezó a escribir.

Querido capitán Kang Min-Jae,

El corazón se le aceleró.

Creo que hoy lastimé a alguien.

La tinta corrió despacio.

Contó la conversación.

A Oliver.

La pregunta.

El silencio.

Y entonces escribió algo que jamás pensó que admitiría.

La verdad es que no puedo mirar a nadie más.

Se detuvo.

Respiró hondo.

Luego continuó.

Porque mi corazón ya pertenece a alguien.

Las palabras quedaron ahí.

Inmóviles.

Definitivas.

Reales.

Por primera vez, Ethan no solo estaba admitiendo sus sentimientos.

Los estaba aceptando.

Sin excusas.

Sin negaciones.

Sin huir.

Estaba enamorado.

Y profundamente.

Al otro lado del mundo, en Seúl, Kang Min-Jae terminaba los preparativos para el viaje.

La misión partiría en pocos días.

Su maleta ya estaba casi lista.

Los documentos estaban en orden.

Todo avanzaba según lo planeado.

Todo menos su corazón.

Porque él también había recibido una carta nueva.

Y en ese preciso momento leía las últimas líneas.

Mi corazón ya pertenece a alguien.

Min-Jae se quedó inmóvil.

Sentado junto a la ventana.

Sintiendo que el corazón le latía cada vez más fuerte.

Porque, por más que intentara ser racional, una pequeña parte de él quería creer.

Quería creer que esas palabras eran para él.

Quería creer que todavía había esperanza.

Quería creer que el destino no sería tan cruel.

Luego miró el calendario.

Quedaban pocos días.

Poquísimos.

Y por primera vez la idea de encontrar a Ethan dejó de parecer solo un sueño lejano.

Estaba a punto de hacerse realidad.

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