Cassandra López tiene veinticuatro años, una montaña de deudas sobre los hombros, unos padres jubilados a los que ayudar y un sueldo que apenas le alcanza para sobrevivir. Cada día es una lucha por llegar a fin de mes, hasta que una inesperada propuesta en una clínica de fertilidad pone su mundo patas arriba.
Un millón de dólares.
Esa es la cifra que le ofrecen por alquilar su vientre y gestar al hijo de un hombre que parece tenerlo todo: dinero, poder y un apellido capaz de hacer temblar a cualquiera. Un hombre tan apuesto como arrogante, tan misterioso como peligroso. Un Alfa acostumbrado a dar órdenes y conseguir siempre lo que desea.
Para Cassandra, aceptar parece la solución perfecta a todos sus problemas. Nueve meses a cambio de una fortuna. Un contrato, unas cuantas reglas y una promesa: no involucrarse emocionalmente.
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Capítulo 16
El color abandonó por completo el rostro de Victoria. La amenaza de Cassandra la golpeó como un latigazo directo a su fachada de impunidad. Por un segundo, la modelo se quedó paralizada, pero el terror inmediato se transformó de golpe en un estallido salvaje de furia ciega.
—¡Maldita insolente de m... ! —chilló Victoria perdiendo los estribos por completo.
Con un movimiento violento, Victoria empujó con ambas manos a Cassandra hacia atrás. La fuerza del impacto desestabilizó a la joven; su espalda chocó con violencia contra la esquina del enorme escritorio de caoba y, de inmediato, resbaló hasta caer pesadamente sobre el suelo de madera, soltando un grito ahogado de dolor al tiempo que se llevaba las manos a proteger su vientre.
—¡¿Te crees muy lista, infeliz?! —siseó Victoria, inclinándose sobre ella con los ojos inyectados en sangre y los dedos garfiados, dispuesta a abalanzarse para golpearla—. ¡Te voy a arrancar la cara antes de que... !
¡BANG!
Las puertas dobles del despacho se abrieron de golpe, estrellándose con fuerza contra las paredes de caoba.
Damián Rossi irrumpió en la oficina. La junta corporativa había terminado, pero la atmósfera que traía consigo no era la de un empresario, sino la de un depredador acorralado cuyo territorio y cuya hembra habían sido amenazados. Al ver a Cassandra tirada en el suelo y a Victoria cerniéndose sobre ella con intenciones violentas, el aire de la estancia pareció congelarse.
Un gruñido profundo, gutural y aterrador retumbó en el pecho de Damián, vibrando en las paredes y haciendo que el mismísimo suelo pareciera temblar.
Victoria se quedó petrificada a mitad del movimiento, con el rostro pálido y el corazón detenido por el espanto. Giró lentamente la cabeza hacia su esposo.
Lo que vio la hizo retroceder tropezando con sus propios tacones. La temperatura en la oficina descendió de golpe. Los ojos oscuros de Damián se encendieron con un brillo ambarino e inhumano, un destello animal que quemaba en la penumbra. De sus mandíbulas apretadas asomaron sutilmente unos colmillos afilados, y las venas de sus manos se marcaron con una fuerza monstruosa mientras sus uñas se alargaban en garras letales dispuestas a desgarrar lo que fuera con tal de proteger lo suyo.
—¡Victoria! —rugió el Alfa con una voz de ultratumba que hizo que la modelo cayera de rodillas al suelo, paralizada por el puro terror primitivo de estar frente a un Alfa puro desatado.
El aire dentro de la oficina presidencial se volvió pesado, casi sofocante. El eco del rugido de Damián aún resonaba en los muros de caoba y en los gruesos cristales del piso cuarenta.
Victoria yacía en el suelo, temblando convulsivamente tras ver los ojos ambarinos de Damián, sus colmillos y sus garras expuestas. Reducida al terror por la fuerza bruta de su estirpe, la modelo reaccionó impulsivamente para salvarse del castigo inminente.
—¡Damián, no! ¡Escúchame, por favor! —exclamó Victoria entre sollozos desgarradores, arrastrándose hacia atrás pero alzando las manos con desesperación—. ¡Ella se cayó! ¡Se resbaló con el borde de la alfombra y chocó contra el escritorio! Yo... ¡yo solo intentaba ayudarla a levantarse cuando tú entraste! ¡Te lo juro por mi vida, Damián, jamás la tocaría!
Damián, con los colmillos y las garras retrocediendo lentamente a medida que recuperaba el control sobre sus facciones, ignoró los gritos de su esposa. Se desplazó con una rapidez felina hasta quedar hincado junto al cuerpo de Cassandra.
—Cassandra... —murmuró el Alfa. Su voz, grave y raspada por el gruñido previo, se volvió cuidadosa mientras la tomaba suavemente por la espalda y los hombros.
—Damián... mi bebé... —alcanzó a pronunciar Cassandra en un hilo de voz, con el rostro pálido y las manos apretadas contra su vientre.
El Alfa la levantó del suelo con suma delicadeza y la acomodó en el amplio sofá de piel de la estancia. Acto seguido, Marcos e irrumpió en la oficina junto a dos escoltas.
—¡Llamen a la doctora ahora mismo! ¡Que suba ya! —ordenó Damián con una voz potente que hizo retumbar la estancia. Marcos asintió y salió disparado a cumplir la orden.
Damián se giró despacio hacia Victoria, quien continuaba en el suelo, pálida y llorando de manera histérica, aferrada a su propia mentira. Luego, el Alfa clavó sus ojos oscuros en Cassandra. Se inclinó sobre ella, tomándole la mano con una firmeza protectora.
—Cassandra, mírame —pidió Damián, con la voz baja y cargada de una severidad absoluta—. Necesito que me digas la verdad. ¿Es cierto lo que dice Victoria? ¿Te caíste sola?
El silencio se apoderó de la oficina. Victoria detuvo su llanto por una milésima de segundo, mirando a Cassandra desde el piso con los ojos desorbitados, suplicando en silencio que no desatara la furia definitiva de Damián.
Cassandra sintió el sudor frío en su frente. Sabía que si decía la verdad en ese instante, Damián destruiría a Victoria ahí mismo, pero también sabía que revelar todo antes de tiempo pondría a sus padres en la mira directa de doña Beatriz y de las influencias de la familia de Victoria. Guardar la carta de la falsa esterilidad le daba un poder mucho mayor sobre su enemiga.
Cassandra sostuvo la mirada de Damián, apretó sutilmente sus dedos y desviór una mirada helada hacia Victoria antes de responder.
—Sí, señor Rossi... me resbalé —dijo Cassandra con la voz firme, sosteniendo la mentira—. Me mareé un poco, tropecé con el escritorio y me caí. La señora Victoria solo intentaba sostenerme.
Victoria dejó escapar un largo suspiro de alivio, desplomándose contra el suelo mientras se secaba las lágrimas.
Damián entornó los ojos, analizando la respuesta de Cassandra con absoluta incredulidad. Sabía reconocer cuando le mentían, pero antes de que pudiera cuestionarla, la puerta del despacho se abrió de par en par. La doctora de la clínica *Valentin* ingresó a toda prisa con el equipo de ultrasonido portátil.
—Examínela de inmediato —ordenó Damián, sin soltar la mano de Cassandra y manteniendo la vista fija en ella, sabiendo en el fondo de su ser que entre esas dos mujeres acababa de pactarse una guerra silenciosa.
Gracias Dalia
Bendiciones 🙏🙏
Cassandra yo también 😭😭
Gracias Dalia excelente historia
Bendiciones