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La gordita y el mafioso

La gordita y el mafioso

Status: Terminada
Genre:Mafia / Autosuperación / Matrimonio arreglado / Romance oscuro
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Lenardt

A los diecinueve años, Joana solo conoce el hambre, los golpes y el desprecio: en su propia casa la tratan como a una sirvienta, la llaman "gorda" y le hacen creer que no vale nada. Cada noche traba la puerta de su cuarto con una silla y sueña con desaparecer.

Lo que no sabe es que, todas las mañanas, el hombre más peligroso de la ciudad la observa desde la mesa de la cafetería donde trabaja.

Sócrates Grizantemo es el Don de la mafia: frío, implacable, capaz de la peor crueldad con sus enemigos… y tiene los días contados para casarse o perder su imperio. Cuando decide comprar la mano de Joana para saldar la deuda de su padre, cree que solo cierra un trato conveniente. Ninguno de los dos imagina que ese matrimonio arreglado despertará en él una ternura que jamás mostró a nadie, y en ella, una mujer fuerte, deseada y libre que no sabía que llevaba dentro.

Pero el pasado de Joana esconde secretos que exigen sangre, y la nueva familia que empieza a amarla guarda los suyos: traiciones que llegan hasta lo más alto, un amor prohibido entre quienes se criaron como hermanos y una conspiración capaz de destruirlos a todos.

En un mundo donde el amor se paga con lujo y las deudas con la vida, Joana tendrá que decidir hasta dónde está dispuesta a llegar por los suyos.

NovelToon tiene autorización de Lenardt para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

—Ah, Renzo.

—Beatriz, vete, por el amor de Dios. No sé qué te trajo hasta aquí, pero por favor, sal de mi departamento.

—¿Cómo puedes besarme así, desearme de esta forma y aun así pedirme que me vaya?

Nuestra misión fue todo un éxito; tuvimos que matar a algunos hombres que estaban al acecho y costó un poco deshacernos de los contenedores, además de que al final Renzo tuvo que manejar el tráiler, cosa que no estaba en nuestros planes, pero todo salió bien. Solo nos falta entregarle el informe a mi hermano y asunto cerrado, como debía ser.

La adrenalina, el deseo por Renzo y la sensación maravillosa que sentí al apuñalar al maldito que intentó matarme, todo eso no se me fue de la cabeza cuando llegué a casa poco antes del amanecer, y así fue como acabé saliendo de casa y llegando a este departamento. Por cierto, pésima seguridad la de este lugar, entré con muchísima facilidad. Claro que el hecho de que crean que soy la hermana de Renzo me ayudó mucho, pero eso no viene al caso.

En cuanto crucé la puerta, Renzo se sobresaltó con mi presencia. Llevaba puesta solo una bermuda azul y nada más, y carajo, ese cuerpo semidesnudo me volvía loca por él.

La verdad es que siempre estuve enamorada de Renzo. Y digo siempre, porque no soy capaz de señalar el momento exacto en que sucedió, simplemente sucedió. Y decidí hace muchos años que mi familia podía hacer lo que quisiera conmigo, pero mi primera vez sería de Renzo. Solo que ahora, con esta mierda del matrimonio acercándose, me estoy quedando sin tiempo, y además cada vez siento más ganas de entregarme a este hombre.

No dejé que dijera una sola palabra cuando me vio irrumpir en su departamento; corrí hacia él y lo besé, lo besé con pasión, con deseo. Pero cuando gemí su nombre contra sus labios, me apartó. Rayos, ¿por qué no se entrega de una vez? Sé que él también lo desea.

—Creí haber sido claro contigo. No voy a arruinarlo todo por un deseo sin futuro. No voy a iniciar una guerra entre mafias por un capricho loco. Tienes que casarte virgen, Beatriz, eso es imprescindible. No podemos hacer esto, YO no puedo hacer esto. No contigo, pequeña.

—Hace muchos años tomé una decisión.

—¿Y qué decisión es esa, muchacha?

—Decidí que mi primera vez sería tuya, digas lo que digas; eres tú a quien quiero y sé que tú también me quieres, y nada, absolutamente nada va a cambiar eso.

Caminó de un lado a otro pasándose la mano por el pelo, completamente exasperado.

Me fui acercando despacio, y él se detuvo y me miró.

—Beatriz, no me hagas esto, por favor. —Su voz era baja y cargada.

—No voy a hacer nada que tú no quieras. —respondí en el mismo tono.

—Ese es el problema. Lo quiero, y lo quiero muchísimo, rayos.

No se dijo nada más, no hacía falta. Pegué mi boca a la suya y sus manos bajaron hasta mi trasero, impulsándome hacia arriba, haciéndome enrollar las piernas en su cintura. Ese beso era distinto, el roce era distinto, el deseo ya no se contenía, venía en oleadas y ninguno de los dos podía seguir aguantando.

Renzo me llevó al cuarto conmigo aún aferrada a su cuerpo, y nuestras bocas casi no se despegaron en el camino.

Me recostó en la cama y se puso sobre mí, todavía besándome, para luego bajar los besos por mi cuello.

—¿Estás segura de esto, Bea? —Hacía muchos años que no me llamaba por mi apodo, y oírlo llamarme así me dejó una calidez en el corazón. Era solo una abreviación de mi nombre, pero en su boca era distinto, sencillamente porque era él.

—Nunca estuve tan segura de algo, guapo. —Me miró unos segundos como buscando algún resto de indecisión de mi parte, pero sé que no lo encontraría, porque yo lo deseaba con todas mis fuerzas.

Su boca volvió a encontrar la mía y sus manos empezaron a pasearse por mi cuerpo hasta hallar el botón de mi pantalón. Lo desabrochó y me desnudó despacio, sin prisa, analizándome centímetro a centímetro. Al bajarme el pantalón, sus dedos se deslizaban por mis piernas provocándome un escalofrío como ningún otro.

Mi pantalón acabó en el suelo y sus labios fueron hasta mis pies, y subió repartiendo besos, desde los pies hasta la cara interna de mis muslos; y cuando creí que su boca tocaría mi intimidad, aunque yo todavía tuviera la ropa interior puesta, se detuvo. Sus manos subieron hasta el borde de mi blusa y me la quitó con mi ayuda: incliné el cuerpo hacia delante y levanté los brazos, aun estando recostada bajo aquel cuerpo enorme.

Quedé solo en lencería —una lencería preciosa, azul claro, que compré especialmente para este momento—; sus ojos eran depredadores, se apartó y me miró de arriba abajo, como si fuera a devorarme en cualquier instante.

Renzo se bajó de la cama y se quitó el short, lo tiró al suelo y quedó solo en calzoncillos. Confieso que era toda una visión, era hermoso, pero la puta madre, no esperaba semejante bulto en el calzoncillo y eso me asustó un poco. Pero intenté mantener la calma, fingir que no estaba tan nerviosa como en realidad estaba.

Renzo volvió a la cama y otra vez besó mi cuerpo, explorando cada rincón como si buscara un tesoro y necesitara recorrer todo el camino hasta encontrarlo.

Sus manos entraron por detrás de mi espalda desabrochando el sostén, y enseguida se deslizaron por mi cuerpo hasta quitármelo y arrojarlo al suelo. Primero solo me miró, como queriendo grabar cada detalle en su mente, y entonces se agachó más y llevó la boca a mi seno izquierdo, y la puta madre, esto es buenísimo. Succionaba mientras su otra mano jugaba con la punta de mi seno derecho. Confieso que no esperaba que fuera tan rico. Gemí sin pensarlo, gemí sin control de mi cuerpo, fue involuntario.

—Así, mi amor, gime para mí, y muéstrame cuánto me deseas.

—Ah, te deseo, Renzo, cómo te deseo.

Su boca se hundió aún más en mi seno, succionando con más intensidad, dejándome hasta un poco desorientada. Después cambió y fue con la boca a mi seno derecho, provocándome tanto placer como en el anterior; yo estaba entregada, totalmente entregada.

Su mano dejó mi seno y bajó hasta mi intimidad, entrando despacio por dentro de la ropa interior y tocando mi clítoris; jadeé y eché el cuerpo hacia atrás. Bastó un solo roce y ya estaba en otro planeta; mi clítoris estaba hinchado, ansioso por llegar al clímax.

Empezó a tocarme ahí, haciéndome delirar, y enseguida dos de sus dedos bajaron hasta mi entrada. Primero introdujo uno, después el otro, mientras el pulgar seguía tocando mi clítoris y la boca aún succionaba mi seno. Eran demasiadas sensaciones a la vez, no sabía qué sentir, solo sabía que quería más, que necesitaba más, desesperadamente.

Empecé a tener espasmos, señal de que estaba cerca, así que se detuvo, retiró la mano de mi ropa interior y se apartó un poco, apenas lo suficiente para mirarme, y estoy segura de que podía ver la frustración pintada en mi cara.

—Nada de eso, gatita. Si vas a acabar, va a ser en mi boca. —Dicho esto, se agachó y me deslizó la ropa interior por el cuerpo, dejándome completamente desnuda y a su merced—. Bella de la puta madre.

Se inclinó y besó mi boca, más bien fue un roce de labios, y enseguida bajó hasta donde ansiaba sentirlo. Sus labios me tocaron de forma contenida, sin prisa. Y pronto pude sentir su lengua infiltrándose entre los labios y alcanzando mi clítoris, y en ese momento solté un grito, un grito de placer; fue algo surreal, algo que jamás había sentido antes. Estaba en otro planeta, mi cuerpo parecía flotar.

Gemía, gemía sin parar, y necesitaba, necesitaba llegar a la cima o me daría un colapso, así que llevé las manos hasta su nuca, sujetando y guiando su cabeza y entregándome cada vez más al placer. Sentí cuando sus dedos entraron en mí; no los metió mucho, pero fue suficiente, acabé con sus dedos haciendo leves movimientos de vaivén y su boca succionando mi clítoris con fuerza.

Se me despegó la espalda de la cama por el tremendo impulso, y en cuanto volví a recostarme bien, mi cuerpo parecía anestesiado, completamente relajado. Fue la sensación más surreal que sentí en la vida.

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nelida ballesteros
me encantó la novela ATRAPANTE Bella y llena de amor 🇦🇷😍😍 éxitos
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