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Reencarné Para Destruirte

Reencarné Para Destruirte

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Romance / Venganza
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Nancy Hurtado

Victoria Black fue víctima de una terrible traición por parte de su hermana y su esposo llevándola a una muerte con arrepentimientos, pero el universo le ha regalado una segunda oportunidad, esta vez con conocimiento del futuro le va a conocer el verdadero amor y los que la hicieron sufrir se las van a pagar con intereses.

NovelToon tiene autorización de Nancy Hurtado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Piscina

Capítulo 5

La piscina

El agua siempre había sido mi peor recuerdo.

No por miedo, sino por culpa.

Porque la noche en que casi morí en la piscina había cambiado mi relación con Adrián para siempre.

O eso había creído.

Aquella tarde, la universidad organizó una actividad para los estudiantes de primer año.

Piscina.

En cuanto vi el cartel, sentí un vacío en el estómago. Era demasiado pronto. Había regresado hacía muy poco y todavía estaba intentando distinguir los recuerdos de la realidad.

Me acerqué a Adrián.

—No voy a entrar.

Él me miró.

—¿No sabes nadar?

—Sí sé.

—Entonces...

—No me gusta.

Adrián frunció ligeramente el ceño.

—¿Desde cuándo?

—Desde siempre.

Mentira.

En mi primera vida había amado nadar hasta aquella noche, hasta que Lucía me dijo que Rodrigo había sido quien me había salvado.

Hasta que vi a Adrián alejarse.

Hasta que creí que no le había importado.

Ahora sabía que todo aquello había sido una mentira, pero mi cuerpo todavía reaccionaba al recuerdo antes de que mi razón pudiera detenerlo.

—Victoria.

La voz de Rodrigo apareció detrás de nosotros.

—¿Qué?

—Ven conmigo.

—No.

—Solo quiero hablar.

—Pues habla aquí.

Rodrigo miró a Adrián.

—A solas.

Adrián no dijo nada, pero yo sí.

—No tengo secretos que ocultarle.

Rodrigo apretó los labios.

—Como quieras.

Se marchó. Adrián esperó hasta que estuvo lejos.

—¿Qué quiere?

—Lo mismo de siempre.

—¿Y qué es?

—Controlarme.

Una sonrisa apareció en sus labios.

—Al menos esta vez lo sabes.

Me reí. Por unos minutos olvidé el pasado, hasta que escuché un grito.

—¡Ayuda!

Me giré y vi a una estudiante luchando por mantenerse a flote. Antes de que pudiera reaccionar, alguien saltó.

Adrián.

—¡Adrián!

Él llegó hasta ella, la sostuvo y consiguió llevarla hasta el borde. Varios estudiantes ayudaron a sacarla.

La chica tosía mientras una profesora se arrodillaba a su lado.

Yo solo podía mirar a Adrián.

Entonces lo vi llevarse una mano al cuello. Su respiración cambió y la piel comenzó a enrojecerse.

Recordé.

El cloro.

En mi primera vida, aquella noche en la piscina, él había tenido una reacción alérgica grave, pero yo nunca había sabido el motivo porque Lucía me había dicho que Adrián se había marchado voluntariamente.

¿Por qué me había hecho creer que él no había querido ayudarme?

¿Por qué había conseguido convertir su silencio en una prueba de que no me amaba?

Lo sujeté del brazo.

—Necesitas un médico.

—Estoy bien.

—No.

—Victoria...

—¡No discutas conmigo!

Lo llevé hasta la enfermería. Su respiración empeoró.

—Llamen a emergencias —ordené mientras esperábamos.

Él me miró.

—¿Cómo sabías que soy alérgico al cloro?

Me quedé inmóvil.

—Porque te conozco.

Adrián negó lentamente.

—No.

Sus ojos se cerraron por un instante.

—Tú no me conoces.

La frase me dolió, pero era verdad. En mi primera vida nunca me había tomado el tiempo de conocerlo. Había permitido que otras personas hablaran por él.

El personal médico llegó y se lo llevó. Yo me quedé afuera. Sentía que me temblaban las manos.

No quería perderlo otra vez.

Horas después, un médico salió.

—Está estable.

Cerré los ojos.

—¿Puedo verlo?

—Unos minutos.

Entré y Adrián estaba dormido. Me senté junto a la cama y tomé su mano.

—Lo siento... —No sabía si podía escucharme—. Esta vez voy a cuidarte.

Sus dedos se movieron.

Abrí los ojos y Adrián despertó lentamente. Me dedicó una mirada tierna, esa mirada que extrañaba de nuestros días juntos, cuando no teníamos problemas, y la misma que me dio cuando se confesó antes de morir.

—¿Por qué lloras?

Me limpié rápidamente.

—No estoy llorando.

—Sí lo estás.

—Es alergia.

Él sonrió débilmente.

—Mentira.

Me quedé mirándolo. Por un instante quise contarle todo: el incendio, mi muerte, los años que había vivido sin él, el momento en que descubrí que había sido él quien me salvó.

Pero todavía no podía.

Entonces Adrián apretó ligeramente mis dedos.

—¿Por qué siento que tienes miedo de perderme?

No tenía una respuesta que pudiera darle. Porque la verdad era demasiado grande. Porque ya te perdí una vez, porque te vi morir conmigo... y nuevamente no pude responder.

Adrián seguía mirándome desde la cama del hospital.

—Victoria.

—¿Qué?

—Contéstame.

Aparté la mirada.

—Porque eres importante para mí.

—Eso no explica tus lágrimas.

No sabía cómo explicarlo.

¿Cómo podía decirle que, cinco años en el futuro, había muerto en sus brazos? ¿Cómo explicarle que durante años había creído que me odiaba, cuando en realidad había sido la única persona que intentó protegerme?

—No quiero hablar de eso.

Adrián suspiró.

—Siempre haces lo mismo.

—¿Qué?

—Te acercas y luego huyes.

Sentí una punzada.

—Esta vez no.

—¿Qué significa eso?

Lo miré.

—Que no voy a huir.

Durante unos segundos, ninguno habló. El monitor junto a su cama marcaba un ritmo tranquilo, pero mi corazón parecía incapaz de imitarlo.

Quería tomar su mano otra vez.

Quería sentir la seguridad de que estaba vivo y que esta vez no tendría que despedirme de él entre humo y llamas.

Quería decirle que lo había extrañado durante cinco años.

Quería pedirle perdón por cada palabra que había dicho en mi primera vida.

Pero todavía no podía contarle la verdad.

Entonces el médico entró.

—Necesito que descanses.

Adrián asintió.

Antes de salir, me miró.

—¿Volverás?

La pregunta me sorprendió.

—Sí.

—Bien...

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