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Atada A La Oscuridad Del Alfa

Atada A La Oscuridad Del Alfa

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Romance oscuro
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda G

Amelia entra a la mansión del temido Alfa Lian como niñera de su pequeño hijo, sin saber que el líder ha quedado ciego y amargado tras la traición de su propia manada. En un mundo donde la debilidad se paga con sangre, Lian oculta su ceguera con crueldad, rechazando a todos. Sin embargo, el aroma de Amelia calma a su bestia y despierta una obsesión peligrosa. Entre secretos oscuros, enemigos acechando en las sombras y una atracción prohibitiva que consume sus almas, Amelia descubrirá que sanar a la bestia puede costarle la vida... o convertirla en su Luna.

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capitulo 16

​La tranquilidad regresó a cuentagotas al ala oeste de la mansión. Cuatro días después del ataque y de la cirugía improvisada, la fiebre de Amelia cedió por completo, dejando tras de sí un cansancio sordo y una cicatriz limpia que comenzaba a cerrar bajo los cuidados diarios.

​En la penumbra de la alcoba principal, el fuego de la chimenea proyectaba sombras Danzantes sobre los muros de piedra. El viento nocturno aullaba con suavidad tras los ventanales sellados, marcando el inicio de las primeras heladas del otoño.

​Lian permanecía sentado en el borde del colchón, erguido pero despojado de toda la armadura de Alfa. Llevaba solo una camisa blanca de lino desabrochada en el pecho y las marcas de sus sienes Lucían menos inflamadas, calmadas por la presencia constante de la joven. A su lado, Amelia se encontraba reclinada contra los cojines, observando de perfil la silueta imponente del hombre que no se había separado de su vera durante noventa y seis horas.

​—Debería ir a ver a Mateo —murmuró Amelia en voz baja, rompiendo el silencio que dominaba la estancia—. La Sra. Elena dice que pregunta por mí a cada hora.

​Lian inclinó ligeramente la cabeza. Sus manos colosales, descansando sobre sus muslos, se tensaron por un instante.

​—Mateo está cenando en su habitación. Marcos colocó tres guardias de la guardia personal en su puerta —respondió el Alfa con tono pausado—. Está a salvo. Pero el niño... el niño guarda los mismos fantasmas que yo.

​Amelia movió la mano sana por encima de las cobijas y rozó el dorso de los dedos de Lian. El hombre reaccionó entrelazando sus dedos con los de ella de inmediato, sujetándolos con una presión serena.

​—Nunca habla de ella —comentó Amelia con cautela—. De su madre. Y en la mansión, el personal parece tener prohibido pronunciar su nombre.

​Lian guardó silencio durante varios segundos. Exhaló un suspiro pesado, un sonido denso que pareció arrastrar el peso de años de amargura acumulada. Giró el rostro hacia Amelia, fijando sus ojos grises y apagados en la dirección exacta de los suyos.

​—Su nombre era Elena, de la casa noble de los Silverfang... la hermana mayor de Karen —confesó el Alfa en un susurro cargado de una distancia dolorosa—. Nuestro enlace no nació del afecto ni de la llamada de la luna. Fue un matrimonio político orquestado por el consejo de ancianos para unificar los territorios del norte y asegurar la pureza de la sangre de la manada.

​Amelia no interrumpió. Ajustó su postura para escucharlo, sintiendo cómo el pulso de Lian latía a través de sus manos unidas.

​—Ella nunca quiso esta vida —continuó Lian, su voz volviéndose más rasposa—. Elena odiaba las montañas de Blackwood. Odiaba la rigidez de nuestras costumbres y odiaba la responsabilidad que conllevaba ser la Luna de un clan de guerreros. Cuando quedó embarazada de Mateo, la presión de la manada la destrozó por completo. Veía al niño no como a un hijo, sino como la cadena que la ataría para siempre a este lugar.

​—¿Qué ocurrió la noche en que nació Mateo? —preguntó Amelia suavemente.

​Lian cerró los ojos, apretando la mano de Amelia con un temblor imperceptible en la articulación de sus dedos.

​—El parto fue prematuro, en medio de una tormenta similar a la de hace unos días —relató el Alfa, las venas de su cuello tensándose al revivir el recuerdo—. Hubo complicaciones severas. La medicina tradicional de los lobos no lograba detener la hemorragia, y el sanador de la manada tuvo que elegir entre la madre y el cachorro. Elena... en su último aliento de conciencia, prefirió rechazar el vínculo y la energía vital que yo intentaba transferirle. Simplemente se rindió. Quería escapar.

​El silencio volvió a instalarse en la alcoba, solo interrumpido por el crepitar de la madera en el hogar.

​—Cuando Elena murió —siguió Lian, la mirada fija en la penumbra—, algo se rompió dentro de mí y en la estructura de este clan. Los ancianos culparon a la debilidad del niño por no haber nacido con la fuerza suficiente para salvar a su madre. Karen y su familia utilizaron la tragedia para presionar por un nuevo enlace, exigiendo que yo tomara a la hermana menor para mantener la alianza intacta. Y yo... yo caí en un abismo absoluto.

​—Se aisló de todos —dedujo Amelia con empatía.

​—Me volví un monstruo distante —admitió él con crudeza—. Miraba a Mateo y solo veía el rastro del dolor, la culpa y la muerte de su madre. No sabía cómo abrazarlo sin recordar que su nacimiento nos había destruido. Me encerré en las guerras fronterizas, en el trabajo del consejo, hasta que la ceguera y la emboscada me dejaron tirado en la oscuridad total. Todo en esta mansión se convirtió en un vacío helado. Una prisión de piedra donde solo esperaba el momento en que alguien me diera el golpe de gracia.

​Lian se inclinó hacia adelante, reduciendo la distancia entre ambos hasta que su aliento cálido volvió a rozar la mejilla de la joven. Con la mano libre, buscó el rostro de Amelia y deslizó la palma sobre su mejilla, sintiendo la textura suave de su piel y la vida pulsando con fuerza bajo sus dedos.

​—Hasta que llegaste tú —murmuró el Alfa, la voz quebrándose en una nota de devoción absoluta—. Llegaste con tus manos humanas, tu terquedad y ese aroma que borró el dolor de mi cabeza y el hielo de mi pecho. Le devolviste la sonrisa a mi hijo y me obligaste a recordar lo que se siente estar vivo.

​Amelia sintió que se le formaba un nudo en la garganta. La vulnerabilidad del temido Alfa de Blackwood, desnuda frente a ella sin escudos ni pretensiones, tocó las fibras más profundas de su ser. Entendió que la dureza de Lian nunca había sido crueldad, sino un mecanismo de defensa desesperado de un hombre roto por la culpa y rodeado de traidores.

​—Usted no es un monstruo, Lian —dijo Amelia con absoluta convicción, alzando su mano para cubrir la mano del Alfa que sostenía su mejilla—. Es un padre que estaba perdido en su propio dolor. Pero Mateo lo necesita. Y no está solo en este vacío... ya no.

​Lian no respondió con palabras. Bajó la cabeza despacio y presionó sus labios contra la frente de Amelia, manteniéndose allí durante largos segundos en un gesto de gratitud silenciosa y profunda.

​En la penumbra de la habitación, rodeados por las sombras del pasado y la amenaza constante que los acechaba desde fuera, el Alfa y la niñera sellaron una conexión invisible pero indestructible, sabiendo que el camino por delante estaría lleno de sangre, pero que ya no habrían de recorrerlo en soledad.

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Lobelia
muy buenas el capitulo 💯
Lobelia
está muy buena
Miriam Josefina Vander Spoeltel
esta demasiado buena escritora no tardes mucho en actualizar xfaaaaaaaa gracias
Celina
💯💯👏👏me gusta
Celina
excelente gracias por compartir
Celina
super buena está historia
Lobelia
esto se está poniendo bueno 💯💯
Lobelia
💯💯💯💯
Lobelia
me gusta
Fernanda
💯💯💯💯💯👍
Fernanda
💯💯💯💯
celimar
muy buena l historia 💯
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