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EL CONTRATO DEL ORGULLO. EN LOS BRAZOS DEL CEO.

EL CONTRATO DEL ORGULLO. EN LOS BRAZOS DEL CEO.

Status: Terminada
Genre:Sustituto/a / CEO / Romance / Completas
Popularitas:11.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Cinco años de luto familiar y silencio absoluto fue el precio que Leonor pagó por quedarse atrás mientras Héctor, su amigo de la infancia, triunfaba en el extranjero. Fiel a una promesa implícita, guardó su pureza en un santuario vacío... hasta que llegó el sobre dorado: la invitación de boda de Héctor con otra mujer. Atrapada por el orgullo y el pánico a dar lástima, Leonor miente asegurando que tiene una pareja estable. El destino mueve sus hilos cuando Adrián Valero, el imponente y frío CEO de su multinacional, se queda sin asistente para un viaje de negocios a la misma ciudad del enlace. Lo que empieza como un pacto de urgencia para salvar la dignidad de Leonor se convierte en una farsa de noche y oficina de día dentro de una suite compartida con una sola cama. Entre los celos viscerales del pasado y la protección feroz de un hombre inalcanzable, las amarras se rompen. ¿Podrá Leonor proteger su corazón cuando la farsa se convierta en la verdad más peligrosa de su vida?

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CAPITULO 12. DESAYUNO CON ESPINAS

La luz de la mañana se filtró por el gran ventanal de la suite con una timidez dorada, despertándome antes de que sonara la alarma del teléfono. Me removí entre las sábanas de lino, sintiendo una calidez reconfortante que no tardó en transformarse en un respingo de pura consciencia: Adrián ya no estaba a mi lado. El hueco que había ocupado en el colchón conservaba un leve calor y ese aroma a madera y ámbar que ya empezaba a resultarme peligrosamente familiar. Desde el cuarto de baño llegaba el sonido del agua corriente y, pocos minutos después, la puerta se abrió dejando salir una nube de vapor limpio.

Adrián apareció luciendo unos pantalones de sastre oscuros y una camisa de lino azul claro con los primeros botones desabrochados. Tenía el cabello ligeramente húmedo y un porte tan impecable que parecía mentira que acabáramos de compartir una incómoda línea invisible en mitad de la noche. Me miró de reojo, y esa media sonrisa irónica volvió a dibujarse en su rostro al ver mi cabello revuelto.

—Buenos días, Leonor. Veo que ha sobrevivido a su primera noche en el polo norte —comentó con su habitual tono grave y pausado—. Despeje esa cara de asombro. Abajo nos espera el comité de bienvenida y, a juzgar por la energía que destilaba Priscila ayer, el desayuno no va a ser precisamente tranquilo. Recuerde las reglas: naturalidad, complicidad y ni un solo "señor Valero".

—Buenos días, Adrián —respondí, obligándome a pronunciar su nombre de pila mientras salía de la cama a toda prisa—. Deme diez minutos. Estaré lista de inmediato.

Media hora después, caminábamos juntos por el porche de piedra hacia el cenador de hierro forjado situado en mitad del jardín inglés. El entorno era idílico: el rocío de la mañana brillaba sobre el césped perfectamente cortado y una mesa de madera blanca rebosaba de fuentes con fruta fresca, bollería recién horneada, zumos y cafeteras humeantes. Héctor y Priscila ya estaban sentados. Ella lucía un vestido de diseño blanco inmaculado, ni un solo pelo fuera de su sitio y una actitud de perfecta anfitriona de la alta sociedad. Héctor, vestido con ropa deportiva, levantó la vista al vernos llegar, y noté cómo sus ojos recorrían la distancia que nos separaba a Adrián y a mí, evaluando nuestra cercanía.

—¡Buenos días, chicos! —exclamó Héctor, levantándose para ofrecernos una silla—. Espero que hayáis descansado bien en la casa de invitados.

—Extraordinariamente bien, Héctor, gracias —respondió Adrián con una galantería natural. Antes de sentarse, colocó su mano con una suavidad firme en la parte baja de mi espalda, un contacto sutil pero posesivo que me hizo enderezar la postura, y me ayudó a acomodar la silla con una atención exquisita—. La suite es sumamente cómoda y la compañía, inmejorable.

Priscila soltó una risa cristalina, un sonido que me sonó artificial desde la primera nota, mientras se servía un poco de té en una taza de porcelana.

—Me alegra tanto escucharlo, Adrián —dijo Priscila, entornando sus ojos analíticos y clavando su mirada directamente en mí—. Aunque confieso que me sorprendió muchísimo cuando Héctor me dijo que viajabais juntos. Verás, Leonor... cuando Héctor me hablaba de tus años de universidad, siempre te describía como una chica muy... hogareña. Muy de estar en casa, metida entre libros y apuntes. Por eso me choca tanto verte ahora en este ambiente corporativo tan agresivo. Debe de ser muy estresante para ti llevar la agenda de un hombre tan importante como Adrián, ¿no? Quiero decir, un puesto de asistente administrativa en una firma local no requiere el mismo nivel de... sofisticación que manejar los hilos de una multinacional.

El golpe directo me pilló desprevenida. Sentí cómo la sangre se me retiraba del rostro y un nudo de humillación comenzaba a cerrarse en mi garganta. Priscila estaba delimitando el terreno con una crueldad educada, recordándome de manera sutil que yo era una simple empleada y que no pertenecía a su estatus social ni al mundo de éxito en el que Héctor se movía ahora. Héctor carraspeó, visiblemente incómodo por el comentario de su prometida, e intentó intervenir.

—Priscila, por favor, Leo siempre ha sido la estudiante más brillante de nuestra promoción... —empezó a decir Héctor, mirándome con una mezcla de lástima y disculpa.

Pero no hizo falta que Héctor me defendiera. Adrián se reclinó en su silla, cogió su taza de café con una parsimonia exasperante y miró fijamente a Priscila. Su expresión no reflejaba enfado, sino una fría y aplastante superioridad que heló el ambiente del cenador en un segundo.

—Se equivoca por completo en su planteamiento, Priscila —intervino Adrián, y su voz profunda resonó con una autoridad tan rotunda que cortó el aire de inmediato—. Leonor no es una simple gestora de agendas. El puesto que ocupa en nuestra firma exige una agudeza mental, una lealtad y una capacidad estratégica que muy pocas personas poseen. Ayer mismo, gracias a su impecable preparación y a su análisis de riesgo, cerramos una fusión internacional multimillonaria sin un solo contratiempo. Leonor no está en mi vida por estrés, sino porque es la pieza más valiosa y brillante de todo mi engranaje, tanto dentro como fuera de la oficina. No confunda su discreción con falta de capacidad; las mentes más brillantes no necesitan hacer ruido para destacar.

Priscila se quedó congelada, con la taza de té a medio camino de los labios, abriendo los ojos con una mezcla de sorpresa e indignación contenida ante el impecable bofetón sin manos que acababa de recibir.

Giré la cabeza hacia Héctor y lo que vi en su rostro me dejó descolocada. No había alivio por ver a su amiga defendida; había una mandíbula apretada, los puños cerrados sobre los muslos y una mirada fija en Adrián cargada de unos celos puros, viscerales e incontrolables. A Héctor le dolía ver que otro hombre, un hombre visiblemente superior en estatus, seguridad y presencia, protegía a "su Leo" con semejante ferocidad. Le dolía darse cuenta de que la chica tímida que había dejado atrás en la terminal del aeropuerto ahora era adorada y valorada por un gigante de los negocios.

Adrián, percatándose de la tensión de Héctor, alargó la mano por encima de la mesa y entrelazó sus dedos con los míos con una naturalidad pasmosa. El calor de su palma contra la mía me devolvió el alma al cuerpo. Me miró a los ojos con una ternura tan perfectamente ensayada —o quizás tan real— que mi corazón se saltó varios latidos.

—¿Te sirvo un poco más de zumo, mi amor? —me preguntó con una suavidad pausada que terminó de dinamitar el orgullo de los presentes.

—Sí, por favor, Adrián —respondí, y por primera vez mi voz sonó firme, segura y libre de fantasmas.

El desayuno continuó en un silencio tenso, salpicado solo por comentarios banales sobre el clima, pero las cartas ya estaban sobre la mesa. Priscila había intentado humillarme y había salido trasquilada; Héctor había descubierto que ya no era el centro de mi universo y la rabia empezaba a consumirlo. Y yo, atrapada entre los dedos firmes de mi jefe, me di cuenta de que la farsa estaba empezando a cambiar sus reglas de una manera irreversible.

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Akire
hermoso trabajo felicidades escritora , me engancho desde el primer capítulo hasta el final 👏👏👏👏👏👏👏
Doris C Medina Rivero
que bello Adrián.🥰
Doris C Medina Rivero
que bello Adrián.🥰
Doris C Medina Rivero
guaoo.. 🥰🥰🥰
Doris C Medina Rivero
buenísimo, Héctor que te quede claro! 👏👏👏
Doris C Medina Rivero
esa bruja de Priscila 💣💣
Doris C Medina Rivero
que emoción 🥰🥰
Doris C Medina Rivero
Comienzo a leerte autora y me gusta tu escritura, está interesante.
Adiana Navas
genial me encanto muy terna y dulce
Maria Jose PAlma
me encanta 😍
Monica R Briseño
Excelente y maravillosa novela, una historia de amor donde él protege, defiende y ama tanto a ka mujer, muy bien narrada y escrita...
Muchas felicidades autora!!!!!
Nora Rivoir
Muy linda historia
Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
EM
espectacular
EM
ed
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