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El Hombre Que No Conocí En París

El Hombre Que No Conocí En París

Status: Terminada
Genre:Malentendidos / Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:25.2k
Nilai: 5
nombre de autor: N. Garzón

Valentina Montenegro tenía una vida perfecta en París, hasta que una noche se dejó llevar por un desconocido que le robó el corazón… y desapareció a la mañana siguiente.

Meses después, tras sobrevivir a un atentado, su padre la obliga a regresar al país y le asigna un escolta.

Gael Santoro.

El hombre que Valentina reconoce como aquel desconocido de París.

Solo hay un problema:

Gael nunca estuvo en París.

Ahora, escondida en una finca que guarda más secretos de los que imagina, Valentina tendrá que convivir con el hombre que asegura no conocerla.

Pero mientras intenta descubrir quién le mintió aquella noche, podría terminar enamorándose del hombre equivocado… otra vez.

NovelToon tiene autorización de N. Garzón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 17

Thiago

Estaba furioso.

No.

Furioso era poco.

Cuando salí de aquella cena sentía que si alguien me decía una palabra más, probablemente iba a terminar haciendo algo de lo que después tendría que arrepentirme.

Jamás me habían humillado de aquella manera.

Había soportado deudas, amenazas, hombres que querían partirme la cara y hasta noches enteras escondiéndome para evitar que Augusto Montenegro cobrara lo que yo le debía.

Pero aquella cena había sido diferente.

Porque esta vez no me habían tratado como un hombre.

Me habían tratado como si no valiera nada.

Y lo peor era que Valentina había estado ahí.

Ella había visto todo.

Además, ahora sabía la verdad.

Sabía que yo era el hombre que había conocido en París.

No Gael.

Yo.

Y no tenía idea de qué iba a pasar después de eso.

Lo único que había conseguido alegrarme el día había sido encontrarme con Helenita.

Ella estaba bien.

Con salud.

Seguía siendo la misma mujer que recordaba de mi infancia.

Eso era suficiente para mí.

Gael se alegraría cuando se lo contara.

---

A la mañana siguiente, estaba sentado frente a la mesa cuando Gael apareció.

Me observó durante unos segundos.

—¿Peleaste con un gato?

Me toqué el rostro.

—Algo así.

Tenía algunos rasguños y un pequeño golpe.

No iba a contarle que había recibido aquello de Valentina.

No todavía.

Gael tomó unos documentos.

—¿Valentina está bien?

—Sí.

Me miró esperando una explicación.

—Volvió a sus cosas.

No preguntó nada más.

Ese era Gael.

Podía ver que algo estaba mal, pero no siempre insistía.

Se sentó y comenzó a revisar unos mapas de la zona.

Yo permanecí en silencio unos minutos.

Hasta que recordé algo.

—Vi a Helenita.

Gael levantó la cabeza inmediatamente.

—¿Cómo está?

—Bien.

Sonrió ligeramente.

—¿Está bien de salud?

—Sí. Sigue igual.

Por primera vez en toda la mañana, vi cómo su expresión se relajaba.

—¿Hablaste con ella?

—Sí.

Hice una pausa.

—Le dije que podía venir aquí.

Gael dejó el mapa sobre la mesa.

—¿Te dijo que sí?

Asentí.

—Va a organizar sus cosas.

—¿Por qué?

—Quiere irse.

Gael frunció el ceño.

—¿Irse de dónde?

—De la propiedad de los Montenegro.

Hice una pausa.

—Dice que ese señor es muy malo.

Gael soltó una respiración pesada.

—Augusto es un hijo de puta.

Lo miré.

—Eso pensé anoche.

—Ese hombre merece la cárcel.

Hizo una pausa.

—O algo peor.

Me quedé mirándolo.

—Ojalá sea pronto.

Gael volvió a los mapas.

—Todo cae bajo su propio peso.

Solté una carcajada amarga.

—Espero que ese peso sea bastante grande.

Gael levantó la mirada.

—¿Qué hiciste anoche?

—Nada.

—Thiago.

—Estuve a punto de lanzarle la mesa encima y matarlo con un tenedor.

Gael me miró fijamente.

—Eso explica los rasguños.

—No tienen nada que ver.

—Claro.

Continuó marcando algunos puntos sobre el mapa.

—Tenemos que revisar esta zona.

Yo iba a responder cuando escuchamos pasos.

Valentina apareció.

—Hola, Gael.

Él levantó la mirada.

—Hola, Valentina.

Ella me miró.

—¿Podemos hablar?

Sentí un pequeño nudo en el estómago.

—Claro.

Me levanté.

La seguí hasta un lugar donde pudiéramos hablar sin que Gael escuchara.

Cuando estuvimos solos, respiré profundamente.

—Antes de que digas cualquier cosa, quiero volver a disculparme por lo que hice en Francia.

Valentina permaneció en silencio.

—Me di cuenta de quién eras hasta la mañana siguiente —continué—. Por eso dejé la nota.

Ella me miró fijamente.

—Lo siento, no puedo.

Asentí.

—Exactamente.

—¿Por qué usaste el nombre de tu hermano?

Me pasé una mano por el cabello.

—Porque mi vida es complicada.

—Eso no es una respuesta.

—Lo sé.

Suspiré.

—Aquella noche llevaba la tarjeta de crédito de Gael.

Valentina frunció el ceño.

—¿Qué?

—Cuando entré a la fiesta tenía que dejar registrada una tarjeta por si dañaba algo. Y...

Me encogí de hombros.

—Todos empezaron a llamarme Gael.

—¿Y tú no corregiste a nadie?

—No.

—¿Por qué?

—Porque estaba acostumbrado.

Ella me miró como si acabara de descubrir que era todavía más idiota de lo que pensaba.

—Eso no explica cómo entraste a una fiesta que requería invitación.

Sonreí.

—Mi mejor amigo es el dueño de la marca que organizaba el evento.

—¿En serio?

—Sí.

—¿Y por qué llevabas la tarjeta de Gael?

—Porque yo tengo problemas con los bancos.

Ella levantó una ceja.

—¿Problemas?

—No me prestan dinero.

—Eso explica muchas cosas.

—No te rías.

—No me estoy riendo.

Se estaba riendo.

—Mi mejor amigo me pidió que dejara una tarjeta registrada porque cada vez que salía de fiesta terminaba metiéndome en problemas. Esa noche, de hecho, me estaba comportando bastante bien.

—¿Bastante bien?

—Para mis estándares.

Valentina negó con la cabeza.

—No puedo creerlo.

Entonces pareció recordar algo.

—Espera.

Su expresión cambió.

—¿Gael sabe que tú y yo...?

—¡No!

Levanté las manos.

—No, no, no.

—Entonces...

—Gael no sabe que te conocí en París.

Tragué saliva.

—No sabe que usé su identidad. Y mucho menos sabe que nosotros...

No terminé la frase.

No hacía falta.

Valentina se llevó una mano a la frente.

Después se puso las manos en la cintura.

Comenzó a caminar de un lado a otro.

—Dios mío.

—Valentina...

—¡Yo pensé que era él!

—Lo sé.

—Todas esas veces que lo miraba y pensaba: este perro asqueroso, ¿cómo puede no acordarse de mí?

No pude evitar reírme.

—No te rías.

—Perdón.

No era cierto.

Seguía riéndome.

—Es que...

—¡No es gracioso!

—Un poco sí.

Me miró con una expresión asesina.

Dejé de reír.

—Está bien.

Valentina volvió a caminar.

Pero esta vez había algo diferente en su rostro.

No era rabia.

Era confusión.

La observé durante unos segundos.

Y entonces comprendí.

—Ay, Valentina...

Ella se detuvo.

—¿Qué?

—No me digas que tú...

—¿Yo qué?

Me crucé de brazos.

—Te estás enamorando de Gael.

Su rostro cambió por completo.

—¿Qué?

—Eso pensé.

—¡No!

—Valentina...

—¡No estoy enamorada!

—No dije que lo estuvieras.

—Acabas de decirlo.

—Dije que te estás enamorando.

—¡Es diferente!

La miré divertido.

—No tanto.

Ella se quedó callada.

Y ese silencio respondió por ella.

Mi sonrisa desapareció poco a poco.

Porque si aquello era cierto, entonces teníamos un problema.

Un problema enorme.

Gael no sabía nada de París.

Valentina ahora sabía que él no era el hombre que la había abandonado.

Y yo sabía algo que ninguno de los dos parecía querer admitir todavía.

Que cada vez que estaban juntos, algo estaba cambiando.

—Valentina —dije finalmente—, tienes que tener cuidado.

Ella me miró.

—¿Con qué?

Antes de poder responder, escuchamos la voz de Gael desde la otra habitación.

—¡Thiago!

Ambos nos quedamos inmóviles.

—¿Sí? —respondí.

—Ven un momento.

Miré a Valentina.

Ella estaba pálida.

—Ve —susurró.

Caminé hacia la puerta.

Pero antes de salir, la miré una última vez.

—Y una cosa más.

—¿Qué?

—Si realmente estás empezando a sentir algo por mi hermano...

Hice una pausa.

—No se lo digas todavía.

—¿Por qué?

Miré hacia donde estaba Gael.

—Porque cuando Gael descubre algo que pone en peligro a alguien que le importa, deja de pensar como un hombre razonable.

Valentina tragó saliva.

—¿Y tú crees que yo le importo?

Sonreí.

—Créeme.

Miré nuevamente hacia la otra habitación.

—Ese es precisamente el problema.

1
Mirian Suarez
fueron muchos capitulos en lo mismo sin encontrar pruebas sobre Augusto pero buena la historia
Mirian Suarez
ojalá Augusto pague todo lo que hizo
Mirta Gomez
me encanto una historia con muchas complicaciones peligro una relacion un padre egoista Pero la rekacion de pareja hermosa Felicitaciones
Francisca Letycia MirandaGarcia
excelente historia gracias por su tiempo
Francisca Letycia MirandaGarcia
Augusto lo quiso matar y logró escapar
Francisca Letycia MirandaGarcia
solo hay una explicación no es su hija, pero la madre tampoco ha dicho lo contrario
Francisca Letycia MirandaGarcia
pobre Gael ahora que está embarazada Valentina
Francisca Letycia MirandaGarcia
ya le están dando muchas vueltas al asunto y nada que se sabe de la verdad
Francisca Letycia MirandaGarcia
sería Alejandra la de los mensajes
Francisca Letycia MirandaGarcia
aparte de avaricioso, asesino
Francisca Letycia MirandaGarcia
que extraño es Augusto que estará tramando
Francisca Letycia MirandaGarcia
que hombre, hay que tenerlos bien puestos para aceptar una verdad así
Francisca Letycia MirandaGarcia
para mí que la zorrita le dijo lo de Thiago, y ella debió hablar antes de meterse con él
Francisca Letycia MirandaGarcia
me pregunto si su madre ya se dió cuenta habemos mujeres que no somos tan estupidas
Francisca Letycia MirandaGarcia
algo me dice que Valentina no es su hija y el hombre que anda rondando el tal ruso tiene que ver con su verdadera familia
Francisca Letycia MirandaGarcia
todo es un misterio
Francisca Letycia MirandaGarcia
por eso el padre tiene esa propiedad y que le harían al padre de ellos
Francisca Letycia MirandaGarcia
pq la quiere destruir Alejandra o a quien está ayudando
Francisca Letycia MirandaGarcia
el viejo tiene amante y es Alejandra
Francisca Letycia MirandaGarcia
con que tranquilidad lo tomo Thiago, pero no está muy bien pq son hermanos
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