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Las Enseñanzas Del Bambú

Las Enseñanzas Del Bambú

Status: Terminada
Genre:Época / Completas
Popularitas:458
Nilai: 5
nombre de autor: Araceli Settecase

Lady Genevieve es la joven rebelde que escandaliza a la alta sociedad londinense. Lordian, un duque frío, metódico y perfecto, viaja de incógnito por la campiña inglesa cuando sus caminos se cruzan.
Sin conocer su verdadera identidad, Genevieve decide enseñarle las antiguas lecciones orientales que aprendió de su tío: fluir como el agua, encontrar el equilibrio y aprender a soltar. Entre risas, barro, estrellas y una atracción imposible de ignorar, ella descubrirá que incluso el corazón más rígido puede aprender a amar.

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Capítulo 14: La travesía hacia la capital

El carruaje negro con el emblema del roble y la calavera avanzaba a paso firme por el camino real que conducía a la capital. La bruma matutina, densa y fría, flotaba sobre los prados de la campiña, envolviendo los árboles en una niebla fantasmal que se disipaba lentamente con las primeras luces del amanecer. Dentro de la cabina, el silencio era denso, interrumpido únicamente por el crujido de la madera, el relincho amortiguado de los caballos y el compás pausado de sus respiraciones.

​Lordian permanecía sentado junto a la ventanilla, observando el paisaje cambiante con una serenidad imponente. Vestía un traje de viaje de paño azul oscuro, de corte impecable pero austero. La camisa de lino blanco, abierta en el primer botón y desprovista de la clásica corbata de seda, dejaba al descubierto la firmeza de su cuello. A su lado, Genevieve descansaba con la espalda apoyada contra el respaldo de terciopelo. Lucía un vestido de lana fina en tono verde oliva, de corte sencillo pero elegante, que resaltaba la calidez de su piel y el tono tostado de sus ojos avellana.

​—Londres no nos recibirá con aplausos, Genevieve —comentó Lordian en voz baja, rompiendo la calma de la travesía. Su mano buscó la de ella sobre el asiento, envolviéndola con una calidez firme—. El duque de Richmond y Francis han preparado el terreno. La citación ante la Cámara de los Lores no es una simple consulta administrativa; es un intento de juicio político para acorralarme y forzar la anulación de las reformas en Kent.

​Genevieve entrelazó sus dedos con los del duque y lo miró con una sonrisa serena.

​—Los hombres que juzgan en salones cerrados suelen temer a lo que no pueden controlar, Lordian —respondió ella, inclinando levemente la cabeza—. Richmond y tu primo solo ven números, títulos y alianzas de conveniencia. No entienden que el poder de un árbol no está en la altura de sus ramas, sino en la profundidad de la raíz que sostiene su vida.

​Lordian dejó escapar una risita grave y profunda, atrayendo la mano de la joven hacia sus labios para depositar un beso prolongado en sus nudillos.

​—Tu filosofía del bambú va a escandalizar a la mitad del parlamento —dijo él, con una chispa de orgullo en la mirada—. En esos salones, las palabras se miden con la precisión de una balanza de orfebre. Pero esta vez no iré a negociar márgenes de beneficio ni a pedir disculpas por mi conducta. Iré a fijar una postura.

​El trayecto continuó durante horas a medida que el entorno rural cedía espacio a los suburbios de la gran metrópoli. Las viviendas de piedra, las chimeneas humeantes y el bullicio de los carruajes urbanos anunciaban la proximidad del corazón del imperio victoriano. Al cruzar los límites de la ciudad, el contraste entre la paz de la campiña de Kent y el ritmo frenético de la capital se volvió insoslayable.

​El carruaje se adentró finalmente en Mayfair, el distrito donde se erigían las mansiones de la aristocracia. La residencia de los Montagu en la capital —una imponente construcción de fachada de piedra clara y balcones de hierro forjado— aguardaba con sus pesadas puertas de roble de par en par.

​Cuando el carruaje se detuvo frente a la escalinata principal, varios sirvientes vestidos con la librea de gala de la casa se apresuraron a recibir al duque. Thomas descendió del pescante para abrir la portezuela, mientras el mayordomo de la residencia de la ciudad, el señor Gable, aguardaba al pie de los escalones con una rígida reverencia.

​—Sea bienvenido a la capital, su gracia —expresó Gable, ocultando con maestría la sorpresa al notar la falta de corbata en el atuendo de su señor y la presencia de Genevieve—. Los señores del consejo real y los representantes del ministerio han dejado múltiples misivas en su despacho desde primera hora de la mañana. La sesión extraordinaria en Westminster ha sido fijada para mañana al mediodía.

​Lordian descendió del vehículo y ofreció la mano a Genevieve con naturalidad.

​—Gracias, Gable. Prepara las habitaciones del ala principal para la señorita Genevieve. No quiero interrupciones durante la tarde. Si algún representante de la prensa o delegado del duque de Richmond se presenta en la entrada, indícale que responderé únicamente en el recinto de la Cámara.

​—Entendido, su gracia —asintió el mayordomo, dando un paso a un lado para permitirles el ingreso al gran vestíbulo.

​El interior de la mansión de la capital reflejaba la opulencia y el rigor de generaciones de duques de Blackwood. Enormes arañas de cristal colgaban de los techos altos, iluminando las paredes tapizadas en seda carmesí y los retratos de los antiguos lores de la familia.

​Genevieve caminó junto a Lordian, observando con curiosidad calmada la magnificencia del lugar. A pesar de los miedos que la alta sociedad intentaba infundir en quienes no pertenecían a su círculo, la muchacha se movía con la misma soltura y dignidad con la que recorría las colinas de Kent.

​—Tu castillo de la ciudad es aún más impresionante que el de la campiña —comentó ella en voz baja mientras ingresaban al gran salón de estar—. Aunque el aire huele a cera y a documentos antiguos.

​Lordian sonrió, retirándose la chaqueta de viaje y arrojándola sobre el respaldo de un sillón con un desparpajo que habría horrorizado a sus antiguos tutores.

​—Este lugar siempre fue el escenario de mis mayores cautiverios —confesó el duque, acercándose a ella por la espalda para envolver su cintura con los brazos—. Aquí aprendí a memorizar las leyes de la diplomacia, a sonreír en bailes que detestaba y a firmar acuerdos que ahogaban a los granjeros de nuestras tierras. Pero estar aquí contigo cambia por completo la perspectiva.

​Genevieve se giró entre sus brazos, apoyando las palmas de sus manos en el pecho firme del duque.

​—Mañana intentarán arrebatarte la iniciativa, Lordian. Usarán el protocolo, los precedentes y la amenaza del aislamiento social. ¿Estás preparado para mantener la flexibilidad ante la embestida?

​Los ojos oscuros de Lordian brillaron con una intensidad ardiente. Inclinó la cabeza y buscó la boca de Genevieve en un beso lento, posesivo y profundo, que hizo desaparecer por completo las sombras de la ciudad. Sus labios se unieron con la misma hambre y entrega con la que se habían buscado en la posada, sellando un pacto silencioso de lealtad absoluta ante la batalla que se avecinaba.

​—Que vengan con todas sus leyes, Genevieve —murmuró él contra sus labios, acariciando la curva de su rostro—. Mañana el consejo de la corona descubrirá que el duque de Blackwood ya no responde a sus cadenas.

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Isabel Sandoval
Eso se cuenta? /Slight//NosePick//Grin/
Isabel Sandoval
Ya está en la bolsa
Isabel Sandoval
jajaja
Isabel Sandoval
Hago eso y me rompo un hueso /Facepalm//Scare/
Martha Divas Delgado
jajaja jajaja jajaja k chistosa y ya se enamoró ❤️
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