"Dos apellidos enfrentados. Un amor prohibido. Una vida que lo cambiará todo."
Camila Santana siempre supo que su familia odiaba a los Santoro. Creció escuchando historias de traiciones, sangre y ruina. Por eso, cuando la envían al extranjero a los ocho años, cree que escapa de ese infierno. Pero el infierno la espera a su regreso.
Veintitrés años, fogosa y decidida, Camila vuelve a casa para encontrarse con su destino: el hijo de los Santoro. Lo que nace entre ellos es un torbellino de pasión y peligro, de caricias que saben a pecado y miradas que prometen guerra. Pero el odio de sus familias no es un rumor: es una sentencia.
Cuando un embarazo inesperado los une para siempre, Camila deberá enfrentarse a la pregunta más difícil: ¿puede el amor de dos personas vencer al odio de dos apellidos? ¿O su hijo estará condenado a heredar una guerra que no eligió?
Una historia de amor, lealtad y el valor de romper cadenas.
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Capítulo 17 Padre, he vuelto, ¿qué quieres?
Mientras Carola trataba de explicar su indecente actitud a su prima —la cual andaba en las mismas—, Rocco Santoro recibió una invitación a la casa familiar de los Santoro. Su padre quería hablar con él de algo importante, y sería lo que causaría muchos problemas.
—Padre, he vuelto, ¿qué quieres? —dijo con indiferencia mientras su padre apretaba los dientes. La relación de Jorge Santoro y su hijo había desmejorado desde hacía cinco años. En esa época, Rocco recién estaba por hacerse de la empresa como el heredero, y fue cuando descubrió cosas que no le agradaron para nada, lo que causó una ruptura entre padre e hijo.
—Rocco, no hables así, soy tu padre —dijo Jorge con exasperación; últimamente era casi imposible hablar con su hijo.
Pero solo obtuvo silencio. Era esa ley del hielo que Rocco le había impuesto desde hacía cinco años.
—Bien, camina conmigo. Te mandé llamar por un tema: es la fusión Remonett. Esa empresa está dispuesta a cooperar con nosotros y esto nos va a llevar más alto. Además, ya hace tiempo tienes un compromiso con la familia Monet. Gema Monet vuelve al país en un mes, y queremos hacer oficial el compromiso —dijo Jorge como si fuera lo más normal, y sabía que decir lo que quiere es escuchar lo que no quiere.
Rocco se puso de pie, metió las manos en los bolsillos y miró a su padre como quien ve a un payaso.
—¿Este compromiso absurdo es idea tuya o de tu hermano rey? Cada vez que a tu hermano le interesa algo, tú eres capaz de vender hasta a tus hijos por complacerlo. Pero esta vez…, en esta ocasión, dile a tu hermanito que si quiere emparentar con los Monet, que le haga una transformación de sexo a Mía, porque yo no me caso con esa tipa.
Rocco habló y salió de ahí mientras Jorge se quedaba gritando de impotencia. Sabía que lo que decía su hijo era verdad, pero también era un hombre que había sido criado para obedecer al hermano mayor, también para ser el escalón de su hermano mayor.
Rocco salió de ahí furioso; quería matar a alguien. Y recibió un mensaje: era de César, que decía la simpleza de la vida en la juventud y el amor.
«Hermano, tu mujer me ha pillado en el estudio fotográfico de Carola. Anoche nos ofuscamos y terminamos haciendo el sin respeto. Ahora me mira como si quisiera asesinarme. Te lo digo para que sepas que si amanezco muerto, fue Camila Santana la responsable.»
Rocco levantó una ceja, se subió al auto y se fue directo al lugar en cuestión. Su conejita es un poco malcriada, así que va a rescatar a su amigo y, como quien invita a Camila a almorzar, esa reunión con su padre lo ha dejado de mal humor y solo su conejita lo hace sentir tranquilo.
Mientras tanto, Joaquín, que tenía una reunión con Metaltech, estaba llegando a la empresa cuando una pelinegra sexy se le acercó con toda la confianza del mundo.
—Hola, guapo. Qué bueno verte. Este es mi número —dijo, para después darle un beso en los labios e irse como si nada.
Mía Santoro era toda una descarada con Joaquín. Él se quedó ahí parado con la tarjeta en la mano, mirando al infinito. Después de cinco segundos de muerte neuronal, por fin reaccionó y, furioso, botó la tarjeta en el basurero.
—Descarada —murmuró mientras se dirigía hacia el ascensor.
Pero alguien había visto la escena, y había registrado el momento, y sería quien vaya recopilando la información sobre esta situación entre los Santana y los Santoro.
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En el estudio fotográfico, carola terminó de arreglarse, mientra césar volvía con el desayuno, camila lo miraba con toda la desconfianza del mundo, pero le da crédito que haya vuelto y no haya escapado.
—camila, prima, no es lo que piensas —dijo crola pero se calló al ver la mirada de su prima.
—Claro que es lo que pienso, Caro, no es que estoy molesta, en realidad no tengo cara para hacer esto, solo que… —miro de reojo a cesar.
—siempre tratamos como santana de mantenerte fuera de este conflicto y ahora…, —dijo dando un largo suspiro al final.
—si esto va en serio… tendrás problemas —dijo camila con remordimiento.
Cesar y Carola se miraron e inmediatamente hablaron.
—No es en serio, solo una calentura —los dos lo dijeron tan coordinados que camila negó con la cabeza, esos dos ya estaban hasta coordinados para mentir.
antes de que pase nada, el timbre sonó y cuando fue a abrir, ahí estaba Rocco santoro.
—Hola conejita, creo que mi hermano está por morir en estos territorios —dijo entrando y dandole un suave beso en los labios. todos se quedaron mudos y con mirada pícaras, esa guerra de los santana y santoro más parecía una guerra de pasiones que de odios.