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En Las Garras Del Pasado

En Las Garras Del Pasado

Status: En proceso
Genre:Enfermizo / Posesivo / Viaje En El Tiempo
Popularitas:980
Nilai: 5
nombre de autor: Kiary Valverde

PARA ELLA LA VIDA LA HA CONDENADO A UN HOMBRE QUE LA DESTRUYE. PERO ESA MISMA VIDA LE DA UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD PARA CAMBIAR SU DESTINO...

LO QUE ELLA NO SABE ES QUE EL DESTINO YA ESTABA ESCRITO...

¿Crees que si regreso al pasado cambio mi destino?

NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

5

...## Los encuentros inesperados...

...### Capítulo 4: ¿Me estás evitando?...

...Tres meses después....

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

Mi vida había tomado un rumbo radicalmente distinto. Cada una de esas metas que por cobardía o por estúpida devoción no me atreví a cumplir en el pasado, las estaba materializando ahora. Elizabeth Méndez por fin estaba cumpliendo la promesa que se hizo a sí misma...

—Hija, esta será tu nueva oficina. Sé que no es muy amplia ni tiene grandes lujos, pero es exactamente tal como la pediste —dijo papá con una sonrisa de orgullo mezclada con una evidente pizca de desconcierto.

Me quedé observando detenidamente el área de administración general. Había varios escritorios alineados; no iba a estar sola en ese espacio. Papá paseaba la mirada por el lugar con un disimulado gesto de desaprobación. Él esperaba que yo exigiera un despacho gerencial, un cargo directivo de peso desde el primer día, pero yo me negaba rotundamente. Necesitaba empezar desde el peldaño más bajo.

Para mí era una cuestión de supervivencia y redención. En mi otra vida, la ambición ciega por demostrarle al mundo que podía con un puesto de alta dirección me llevó a la silla de directora general sin tener la menor idea de cómo liderar, hundiendo la empresa en decisiones mediocres. Ahora no cometería el mismo error: aprendería desde la base, sudaría cada ascenso y me ganaría ese lugar con mérito propio.

Sofía y yo éramos como el día y la noche; mientras ella se complacía en el papel de la hija rica y consentida que solo buscaba brillar ante los ojos de los demás, yo solo anhelaba que alguien me mirara por lo que era. Aunque, claro, jamás imaginé que el par de ojos que terminaría posándose en mí de forma tan enfermiza sería el de Diego...

Negué con la cabeza de inmediato, sacudiendo esos pensamientos oscuros. *No. No puedes sentir absolutamente nada por él. Recuerda exactamente cómo terminó todo.*

Según mis recuerdos, en ese preciso momento Diego se encontraba en Londres, realizando aquel viaje familiar programado para después de la graduación. Eso le daría a Sofía y a Max el espacio perfecto para pasar más tiempo juntos, allanando el camino para que terminaran formalizando su relación como debía ser.

Sentada en mi nuevo escritorio, alcancé a ver a papá despidiéndose del director general. Sabía perfectamente que, conociendo a mi padre, le habría dejado instrucciones estrictas de vigilarme y darme facilidades, pero eso lo resolvería yo misma a base de esfuerzo.

—Bueno, princesa, espero que te diviertas en tu primer día —dijo papá, dándose la vuelta para regalarme un cálido beso en la frente.

—Estaré bien, papá. Tu hija no te va a decepcionar; te demostraré por qué era tan necesario empezar desde abajo —le aseguré, envolviéndolo en un abrazo fuerte y sincero.

Papá se marchó con el pecho inflado de orgullo. Yo, por el contrario, me armé de valor y caminé hasta la oficina principal del director general. Cuando entré, el hombre me recibió con una sonrisa educada pero visiblemente fingida; recordaba muy bien que, en mi otra vida, cuando le arrebaté su puesto por capricho, me había guardado un rencor tremendo.

Le devolví la sonrisa, sintiéndome extrañamente aliviada.

—Señor Vargas, por favor olvide cualquier instrucción especial que le haya dado mi padre. No quiero privilegios ni tratos preferenciales; aquí soy una empleada más —le pedí con firmeza.

Él parpadeó sorprendido, luego esbozó una sonrisa genuina y se acomodó en su sillón.

—Tu padre me advirtió que dirías algo así —comentó entre risas—. No te preocupes, Elizabeth. Te trataré exactamente igual que a cualquier otro subordinado. Ahora, ve a ganarte el sueldo —concluyó, señalando la puerta con la mano.

Asentí con la cabeza y salí de allí con paso firme. Dediqué el resto del día a hacer resúmenes interminables, cargar pilas de expedientes, correr por copias, imprimir documentos y lidiar con los pedidos de café. Tenía los pies deshechos y una fatiga inmensa recorriéndome los huesos, pero una extraña sensación de paz me acompañaba al salir del edificio.

Eran casi las siete de la noche cuando me detuve en la acera frente a la empresa, tiritando ligeramente por la brisa mientras esperaba que el chófer llegara a recogerme. Suspiré con pesadez, sintiendo los músculos tensos por el cansancio acumulado.

De pronto, un coche de lujo se estacionó con suavidad frente a mí. Las puertas se abrieron y de él bajaron Max y Sofía, riendo con complicidad y luciendo impecables.

—¡Oh, Eli! ¿Qué haces todavía por aquí? —preguntó Max, acercándose con una amabilidad que antes me derretía y que ahora solo me provocaba fatiga.

—Salgo de trabajar, el turno se alargó —le respondí con voz cansada, intentando mantener una distancia prudente.

—Te lo advertí, el mundo corporativo es agotador. Debiste hacerle caso a papá y aceptar un cargo directivo de inmediato —comentó Sofía, cruzándose de brazos con un dejo de suficiencia.

Negué con la cabeza con una sonrisa leve.

—Estoy perfectamente donde estoy. Solo que los primeros días siempre resultan pesados para cualquiera —repliqué con calma.

—Oye, ¿papá sigue arriba en su despacho? —preguntó ella, mirando hacia la imponente fachada de cristal.

—Sí, creo que seguía reunido con los miembros de la junta directiva.

En ese instante, una sensación extraña me recorrió la nuca; sentí una mirada pesada, intensa, clavada en mí desde el interior del vehículo oscuro.

—Iremos a saludarlo un momento. Si quieres, podemos llevarte de regreso a casa —se ofreció Sofía con amabilidad.

—No te preocupes, no es necesario. Óliver ya debe estar por llegar a buscarme.

Ellos asintieron y se adentraron en el edificio. Aproveché el momento para sacar el teléfono y revisar mis mensajes. Tenía una notificación de nuestro chófer:

*“Señorita Elizabeth, hay un tráfico terrible en la autopista principal. Creo que lo mejor será que tome un taxi, la vía está completamente colapsada.”*

Solté un suspiro frustrado, bloqueé la pantalla y caminé hacia la esquina dispuesta a conseguir un transporte público. Justo en ese momento, la puerta trasera del coche de Max se abrió de par en par. De su interior emergió una figura alta y esbelta: Diego. Tenía un cigarrillo ya encendido colgando con elegancia entre los labios.

Me quedé paralizada un segundo. Todavía no lograba acostumbrarme a verlo así, con esa estampa juvenil y desenfadada. En la otra vida, cuando la locura lo consumía, jamás lo veía sin un vaso de whisky rancio en la mano para apagar sus demonios, y su ceño siempre estaba fruncido por la ira. Esta versión suya, sin la carga del monstruo en el que se convertiría, se sentía como un espejismo perturbador.

—Hacía mucho tiempo que no coincidíamos —dijo él, deteniéndose a unos pasos y clavando sus ojos grises directamente en los míos con una fijeza desconcertante.

—Me alegra muchísimo oír eso... digo, me sorprende un poco —repliqué de inmediato, apartando la vista con torpeza mientras fingía buscar un taxi en la carretera vacía.

No venía ni un solo coche libre. La mala suerte parecía perseguirme con ensañamiento. Tenía que conseguir huir de allí antes de que Sofía y Max salieran del edificio, de lo contrario me vería atrapada en su coche con Diego respirando en el asiento trasero.

—¿Me estás evitando? —preguntó Diego de repente, dando un paso al frente acortando la distancia entre nosotros con una calma exasperante.

Un temblor nervioso me recorrió el cuerpo. ¿Con qué cara se atrevía a reclamarme eso, cuando él era el rey de los enigmas?

—No te estoy evitando —mentí con descaro, estirando el cuello hacia la avenida oscura.

—Tengo el maldito presentimiento de que me huyes como a la peste —insistió, parándose justo a mi lado—. Ya no asistes a ninguna de las reuniones de Sofía, le pones distancia a Max y prácticamente te la pasas encerrada en tu habitación como si el mundo te diera alergia —añadió, antes de darle otra calada pausada a su cigarrillo.

1
Betty Saavedra Alvarado
Eli serás Caperucita para conquistar a tu lobo
Betty Saavedra Alvarado
Elizabeth estás enamorada deseas que Diego se cure para formar una familia se hara realidad tu deseo después de todo lo que has vivido con el
Betty Saavedra Alvarado
Diego no recuerda Elizabeth está con el en este momento muy difícil para ellos
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
A no dejarse derrotar por nadie a luchar
Betty Saavedra Alvarado
Te preocupas por Diego por qué será
Betty Saavedra Alvarado
Tu estás cambiando a Diego poco a poco
Betty Saavedra Alvarado
Diego está enamorado de ti nunca te hará daño
Betty Saavedra Alvarado
Kiary no comenté estuve en el medico recién estoy leyendo los capítulos me gustó mucho
Kiary Valverde: Espero que te mejores pronto 🫰🏻❤️
total 1 replies
Betty Saavedra Alvarado
Diego poco a poco quiere conquistar a Eli aunque ella lucha por no caer su cuerpo dice otra cosa ahora están juntos
Betty Saavedra Alvarado
Me gusta la historia
Lectora con visión 🥰
es comprensible que estés a la defensiva, pero... viendo cómo dices que no se parecen en nada estos dos, entonces dale la oportunidad, se ve que este Diego si quiere ir legal y no a la fuerza
Lectora con visión 🥰
Yo no sé, pero a mí ya me convenció, pido que se le dé otra oportunidad
Lectora con visión 🥰
si claro, la tienes traumada bb
Lectora con visión 🥰
me encanta esta historia 🥰
Betty Saavedra Alvarado
Kiary un capítulo súper intenso me gustó mucho
Lectora con visión 🥰
Me ha encantado, seguiré leyendo 😸😊
Lectora con visión 🥰
empezamos mal con ese comienzo 🥺
Lectora con visión 🥰
😭😭😭😭
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
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