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DURA DE MATAR : LA VERDADERA HEREDA REGRESA

DURA DE MATAR : LA VERDADERA HEREDA REGRESA

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / Reencuentro
Popularitas:774
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

A los cinco años, Elena Vega sobrevivió al intento de asesinato de su madre adoptiva tras la aparición del Sistema Dura de Matar. Esta interfaz le otorga datos tácticos, alertas de riesgo y a "Ratón Mayor": la encarnación física del sistema, un roedor con quien se comunica mentalmente para analizar venenos sin parecer loca.
​Dieciocho años después, Elena regresa a la mansión Montenegro a reclamar su lugar como la verdadera heredera. Pero Camila, la falsa heredera, orquesta sabotajes y contrata sicarios para eliminarla.
​Guiada por la lógica de su sistema, Elena desmantela cada trampa mientras Mateo, su atolondrado hermano biológico, absorbe sin querer los atentados como su "escudo humano" involuntario. ¿Podrá la impía rival salirse con la suya o sucumbirá ante la estratega más implacable?

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El banquete de bienvenida y la alergia mortal

Tras el "incidente botánico" del invernadero, Doña Rosa decidió que la mejor manera de celebrar la unidad familiar antes de iniciar la mudanza oficial era organizar una cena de gala privada en el comedor principal.

—¡Esta noche comemos todos juntos! —anunció Doña Rosa con entusiasmo, ajustando un enorme arreglo floral en el centro de la mesa—. Nada de platos individuales ni té en el jardín. El chef preparó el platillo favorito de la casa: crema de mariscos finos con nueces confitadas.

Mateo, que llevaba una venda elástica en la muñeca derecha por la patada de Elena y un parche térmico en la espalda, caminó hacia la mesa con extrema cautela, observando cada plato como si fuera una mina antipersona.

—Mamá... ¿revisaron que el chef no haya confundido la sal con cianuro? —preguntó Mateo con desconfianza.

—¡Mateo, por favor! —lo regañó Don Fernando desde la cabecera—. Basta de tonterías. Es una cena familiar.

Elena entró al comedor con paso sereno, vistiendo ropa cómoda y con su mochila táctica al hombro. Ocupó su lugar a la izquierda de Don Fernando. A su lado se sentó Mateo, mientras que enfrente estaba Camila, luciendo un vestido de noche azul y la sonrisa más dulce de su repertorio.

[¡ADVERTENCIA DEL SISTEMA!] [Análisis de plato: Crema de mariscos de Mateo. Detección de extracto concentrado de cacahuate/maní en alta densidad. Diagnóstico del sujeto: Mateo posee una alergia severa de Nivel 5 a los frutos secos. Probabilidad de choque anafiláctico tras la primera cucharada: 100%.]

—«¡Madre mía, Elena!» —gritó la voz de Ratón Mayor directamente en su cerebro, asomándose apenas por el cuello de su chaqueta—. «¡Esta mujer ya ni disimula! Sabía que Mateo es súper alérgico al maní y le atiborró la crema. ¡Quiere matar al 'Escudo Humano' para dejarte sin protección!»

—Qué buena pinta tiene esto —comentó Mateo, tomando la cuchara de plata y disponiéndose a probar la crema—. Al menos no huele a quemado ni a azufre.

—¡Espera! —intervino Camila con voz melodiosa, juntando las manos—. Mateo, querido hermano, como has estado tan estresado hoy, le pedí al chef que le pusiera un toque especial a tu plato para darte energías. ¡Tómalo todo!

Mateo sonrió conmovido, levantando la cuchara llena de crema.

—Vaya, Camila... qué atenta. Quizás fui duro contigo en el invernadero...

—Mateo —dijo Elena con voz plana y tranquila—, si te tragas esa cucharada, tu garganta se va a cerrar en tres segundos, tus pulmones colapsarán en cinco y terminarás tirado en la alfombra morado como una berenjena.

Mateo se quedó paralizado con la cuchara a dos centímetros de la boca.

—¿Q-Qué? —balbuceó Mateo—. Pero si es crema de mariscos...

—Con suficiente extracto de maní concentrado como para enviar a un establo entero de caballos al hospital —aclaró Elena, sacando un pequeño frasco de reactivo de su mochila y dejando caer una gota sobre el plato de su hermano. La crema reaccionó al instante, tornando un color verdoso sospechoso.

Mateo soltó la cuchara de golpe, haciendo un estruendo contra la porcelana, y saltó de su silla dando dos pasos atrás.

—¡Cacahuate! —gritó Mateo con la voz quebrada por el pánico—. ¡Saben perfectamente que si huelo un maní me da un paro respiratorio! ¡Camila! ¡¿Querías matarme?!

Camila abrió los ojos de par en par y comenzó a hiperventilar, llevándose las manos a la cara con desesperación.

—¡I-Imposible! —sollozó Camila, dejando caer lágrimas dramáticas—. ¡Yo no sabía! ¡Pensé que el toque de nuez le daría buen sabor! ¡Solo quería ser una buena hermana! ¡Señor, por qué todo lo que hago sale mal!

Doña Rosa se levantó de inmediato y corrió a abrazar a Camila, dándole palmaditas en la espalda para consolarla.

—¡Ay, mi niña, no llores! —dijo Doña Rosa con el corazón encogido—. Es un error sin intención. Como tú no eres alérgica, no tenías por qué recordar los detalles médicos de Mateo. ¡Lo que importa es la intención tan bonita que tuviste de alimentarlo!

Mateo se agarró la cabeza con ambas manos, mirando a su madre con una mezcla de horror y fascinación.

—¡¿Bonita intención?! ¡Mamá, casi me da un choque anafiláctico en vivo y en directo! ¡Me salvó la paranoica de mi hermana otra vez!

Don Fernando carraspeó con fuerza, tomando un sorbo de agua.

—Bueno, bueno, no hay de qué hacer un drama. Javier, llévate el plato de Mateo y tráele una manzana picada. Problema resuelto.

Elena miró a Camila por encima del arreglo floral. La "flor blanca" se limpiaba las lágrimas con un pañuelo, pero en sus ojos brillaba un odio puro y concentrado.

—Tranquila, 'hermanita' —le murmuró Elena con una leve sonrisa sarcástica—. Tus métodos culinarios son bastante predecibles. Para la próxima te sugiero revisar el expediente médico antes de intentar un envenenamiento por alergias. Es de novatos.

Camila apretó los dientes detrás del pañuelo, sintiendo cómo la ira la carcomía por dentro.

Mateo se volvió a sentar al lado de Elena, sosteniendo su manzana con ambas manos y mirándola como si fuera su diosa protectora.

—Elena... —susurró Mateo con tono solemne—. Mañana voy a hacer un testamento y te voy a dejar todo a ti. Eres la única razón por la que sigo perteneciendo al mundo de los vivos.

—De nada, hermano —respondió Elena, abriendo su propia lata de atún estéril—. Pero recuerda la regla táctica número dos: si vuelves a bajar la guardia frente a una sopa, la próxima vez te cobro los honorarios de rescate.

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