Ella era una científica que renace en un nuevo mundo. Ahora tiene magia y puede dedicarse a cumplir sus sueños.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Oscuridad 1
Cuando ella entró a estudiar química, estaba completamente convencida de que su vida sería extraordinaria.
No tenía ninguna duda.
Desde pequeña le habían fascinado los experimentos, las reacciones químicas y la posibilidad de descubrir algo que nadie hubiera visto antes. Mientras otras personas soñaban con ser famosas, viajar por el mundo o tener una vida llena de aventuras, ella soñaba con tubos de ensayo, laboratorios y fórmulas.
[Algún día voy a hacer un descubrimiento que cambie el mundo].
Ese era su sueño.
Se imaginaba rodeada de enormes máquinas, pantallas llenas de datos, sustancias de colores extraños y científicos corriendo de un lado a otro mientras ella gritaba emocionada que había encontrado algo revolucionario.
Incluso había imaginado titulares de periódicos.
"JOVEN CIENTÍFICA CAMBIA LA HISTORIA".
[Qué bonito se ve].
Por supuesto, la realidad fue bastante diferente.
Muy diferente.
En la universidad descubrio que la ciencia no consistía solamente en hacer experimentos espectaculares.
De hecho...
Casi nunca podía hacer experimentos espectaculares.
La mayor parte del tiempo estaba sentada frente a un computador, leyendo artículos científicos.
O revisando investigaciones anteriores.
O haciendo cálculos.
O leyendo investigaciones sobre los cálculos que había hecho.
O revisando investigaciones que citaban las investigaciones que ella había leído.
[¿En qué momento se suponía que iba a explotar algo?]
Había días en los que pasaba tantas horas leyendo que terminaba mirando una fórmula durante varios minutos sin recordar qué estaba haciendo.
Y cuando finalmente conseguía autorización para realizar un experimento...
Siempre aparecía algún problema.
Que faltaba un material.
Que el equipo estaba ocupado.
Que había que repetir una medición.
Que el profesor quería modificar el procedimiento.
Que había que esperar los resultados de otro experimento.
Que el laboratorio debía cerrarse por mantenimiento.
Era desesperante.
Pero ella era una mujer aplicada.
Muy aplicada.
Tal vez demasiado.
Si algo tenía que hacerse, lo hacía.
Si algo no me salía bien, lo repetía.
Y si se equivocaba...
Lo volvía a intentar hasta conseguirlo.
[Algún día valdrá la pena].
Y entonces llegó aquella tarde.
Una tarde que, en teoría, sería como cualquier otra.
Pero no lo fue.
Ese día finalmente tenía autorización para realizar un experimento que llevaba meses preparando.
Había revisado el procedimiento una cantidad absurda de veces.
Había preparado cada sustancia con precisión.
Había revisado las concentraciones.
Las cantidades.
La temperatura.
La presión.
Los tiempos.
Incluso había preparado una lista de emergencia.
[Perfecto. Esta vez no puede salir nada mal].
El laboratorio estaba prácticamente vacío.
Afuera, una tormenta azotaba la ciudad.
La lluvia golpeaba con fuerza los ventanales y los relámpagos iluminaban el cielo cada pocos segundos.
Ella apenas le prestaba atención.
Estaba demasiado concentrada.
Tenía puestos los elementos de protección necesarios y había comprobado una última vez que todos los sistemas de seguridad funcionaran correctamente.
Guantes.
Gafas.
Mascarilla.
Bata.
Sistema de ventilación.
Alarmas.
Todo estaba listo.
Respiró profundamente.
[Muy bien. Tranquila. Has estudiado esto durante meses].
Comenzó a realizar las mezclas.
Una.
Luego otra.
Después la siguiente.
Cada sustancia fue incorporándose lentamente al recipiente correspondiente.
Observó las reacciones con atención.
Todo estaba ocurriendo exactamente como había previsto.
Una sonrisa apareció en su rostro.
[¡Está funcionando!].
Continuó con el procedimiento hasta llegar al último paso.
Tomó el recipiente con cuidado y se acerco al reactor.
La máquina emitía un leve zumbido.
Introdujo la mezcla.
Esperó.
Los indicadores comenzaron a cambiar.
La temperatura subió lentamente.
La presión se mantuvo estable.
Los valores aparecían en la pantalla exactamente como los había calculado.
[Perfecto... perfecto...].
Entonces...
Un relámpago iluminó todo el laboratorio.
La ciudad entera pareció estremecerse.
Y las luces se apagaron.
—¿Qué...?
Silencio.
Durante un segundo, absolutamente todo quedó inmóvil.
El reactor dejó de emitir su sonido habitual.
Las pantallas se apagaron.
Los sistemas de ventilación se detuvieron.
Y entonces escuchó un sonido que jamás habría querido escuchar.
Las luces de emergencia comenzaron a parpadear.
[Oh, no].
Miró inmediatamente hacia el reactor.
Los valores comenzaron a subir.
Rápidamente.
Demasiado rápido.
—No, no, no...
Intentó activar el sistema de emergencia.
Nada.
La energía había regresado durante apenas unos segundos.
Pero lo hizo de manera inestable.
Una descarga atravesó el sistema.
El reactor comenzó a vibrar.
[Esto no está bien].
Retrocedió.
—¡Vamos, apágate!
Presionó el botón de emergencia.
Nada.
La pantalla comenzó a parpadear.
La presión siguió aumentando.
[Esto definitivamente no está bien].
Entonces ocurrió.
Una explosión sacudió el laboratorio.
La onda expansiva la lanzó varios metros hacia atrás.
Cayó al suelo con fuerza.
Por unos segundos no pudo escuchar nada.
Solo un fuerte pitido dentro de sus oídos.
Cuando recuperó parcialmente la conciencia, levantó la cabeza.
El laboratorio estaba destruido.
Fragmentos de vidrio cubrían el suelo.
Algunos equipos estaban volcados.
Había humo por todas partes.
Y el contenido del reactor se había derramado.
El líquido comenzó a extenderse por el suelo.
Entonces vi el vapor.
Al principio era apenas una pequeña nube.
Pero en cuestión de segundos comenzó a crecer.
[El compuesto...]
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
[El vapor es tóxico].
Intentó incorporarse.
El dolor recorrió todo su cuerpo.
—Ah...
No podía ponerse de pie.
Miró hacia la puerta.
A través de la ventana podía ver luces moviéndose en el exterior.
Y entonces escuchó voces.
—¡¿Hay alguien dentro?!
—¡Aléjense del laboratorio!
—¡Llamen a emergencias!
Mi respiración se aceleró.
[¡No!].
No podía permitir que entraran.
Si el vapor salía del laboratorio, podía afectar a cualquiera que se acercara.
Intentó arrastrarse.
Cada movimiento le dolía.
Pero siguio avanzando.
Centímetro a centímetro.
Hacia la mesa de control.
[Vamos... solo un poco más].
Sus manos temblaban.
El vapor comenzaba a llenar la habitación.
Sintio el ardor en la garganta.
Sus ojos comenzaron a llorar.
Pero continué.
Finalmente llegó hasta la mesa.
Levantó una mano y presionó el botón de sellado.
Nada.
—Por favor...
Lo presionó nuevamente.
Esta vez una luz roja apareció.
SISTEMA DE CONTENCIÓN ACTIVADO.
Las puertas comenzaron a cerrarse.
Las compuertas de seguridad descendieron lentamente.
[Perfecto...].
Soltó un suspiro de alivio.
Al menos nadie más entraría.
Al menos nadie más quedaría expuesto.
Se quedó tendida en el suelo.
Ya casi no podía moverse.
El ruido de la tormenta se escuchaba cada vez más lejos.
Las alarmas también.
Todo comenzaba a volverse borroso.
[Así que... este es el final].
Miré hacia el techo.
Pensé en todas aquellas horas de estudio.
En todos los experimentos que nunca había podido realizar.
En todos los libros que todavía quería leer.
En todas las investigaciones que todavía quería terminar.
[Qué injusto...].
Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro.
[Al menos nadie más resultó herido].
Sus ojos comenzaron a cerrarse.
La luz roja de emergencia se volvió cada vez más tenue.
El sonido de las alarmas desapareció.
El dolor desapareció.
El frío desapareció.
Y poco a poco...
Todo se apagó.
Hasta que solamente quedó oscuridad.
😂😂😂
Ya caíste con Thomas 💖💖