Una ciudad con nombre apacible, donde se respira cordialidad, buenos hábitos y una excelente atención en sus servicios.
Esto es visto por los ojos de las personas que vienen de afuera, turistas, emprendedores, familias que llegan a radicarse, pues ven en la ciudad un futuro prometedor para sus hijos.
Pero para quienes viven allí hace muchos años, la realidad es muy diferente.
Ellos saben que están parados encima de un polvorín, el cual puede estallar en cualquier momento. Caminan rodeados de lobos feroces, hambrientos de poder, cegados por la corrupción y la avaricia.
Pero decir una sola palabra en contra de esos lobos puede significar su sentencia de muerte, para ellos y sus familias.
Un grupo de amigos y una policía encubierto, unirán sus fuerzas para acabar con la corrupción que está azotando a la ciudad.
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CAPÍTULO 17
Amanda consultó por enésima vez su reloj. Eran diecinueve cuarenta y siete.
El último rayo de sol ya se había perdido detrás del horizonte. Las primeras sombras de la noche estaban ganando la batalla a la luz natural, por eso comenzaron a encenderse todos los focos públicos.
Los comercios no estaban exentos de eso y también encendían sus carteleras luminosas.
Presa de la impaciencia, se levantó del banco en el cual ya hacía más de una hora que estaba sentada.
Se encontraba en la plaza principal de la ciudad, a la espera de Germán.
Lógicamente, él no sabía que ella lo esperaba. Esa espera, se debía a la investigación que estaba llevando a cabo con respecto a Héctor Alonso y su posible vinculación con una banda de narcotraficantes y delincuentes, los cuales estaban operando por esa zona desde hacía un largo tiempo.
Hasta el momento sólo eran rumores, pero había indicios claros de que esos rumores eran tan ciertos como que la tierra es redonda.
Germán trabajaba en el hotel de Alonso, y en ese lugar era donde supuestamente funcionaba el cuartel general de la organización criminal.
Los comentarios de que uno de los pisos del edificio era centro de reuniones delictivas, en el que también corrían apuestas clandestinas, prostitución y drogas a granel, era algo a descubrir, y de hecho, si ella podía reunir información exacta sobre eso, sería un paso fundamental para desbaratar esa organización nefasta, la cual hacia tantos estragos entre los jóvenes y corrompia a la sociedad entera.
Ya tenía pensado un repertorio para aplicarle a Germán. Sin que éste sospechara, trataría de sacarle información detallada, minuciosa, tratando de no ponerlo en riesgo a él, dado que no tenía nada que ver con el asunto. Ni siquiera Adrián se atrevía a preguntarle algo sobre eso, por la misma razón de no involucrarlo en un quilombo del que Germán era totalmente ajeno.
Cuando ya estaba a punto de rendirse pensando que Germán no vendría, lo vió llegar a lo lejos, desde la avenida principal.
Amanda se había ubicado en un lugar estratégico, desde donde se podía divisar a las personas que desde la avenida venían hacia la plaza. Claro que no fue casualidad que ella supiera que Germán iba todas las tardes a tomar mate a ese lugar. Adrián se lo había dicho, ya que él conocía muy bien el itinerario de su amigo, dado que muchas veces el mismo venía con su esposa Silvana, y allí se encontraban para charlar y pasar un rato muy ameno entre amigos.
Cuando confirmó que se trataba de Germán, Amanda comenzó a caminar a su encuentro, tratando de aparentar que iba distraída contemplando las palmeras y las palomas que revoloteaban alrededor de las personas.
Cuando estaban a unos treinta metros de distancia se detuvo. El venía distraído, pero de verdad, no como ella que simulaba estarlo.
Ya estando bastante cerca, él la vió, pero ella miró para otro lado aparentando indiferencia, aunque con eso corría el riesgo de que Germán pasara de largo sin detenerse ni decirle nada. Al fin y al cabo ellos no se conocían, y él no tendría ninguna razón para dirigirle la palabra.
Eso fue exactamente lo que pasó, Germán seguía su camino sin detenerse ni saludarla. Entonces, Amanda al darse cuenta de esto giró repentinamente sobre sí misma, de tal manera que quedaron frente a frente.
Tal cual ella lo suponía, él la estaba mirando, y por algunos segundos permanecieron así, mirándose el uno al otro. Tal vez la sorpresa de verlo era fingida, pero lo que no era fingido fue el gesto que ella hizo con sus ojos y su boca al darse cuenta de lo guapo que se veía Germán.
El estaba vestido con un pantalón vaquero, una remera azul bastante ajustada, lo que dejaba imaginar que tenía un muy buen físico, y calzaba championes deportivos. Traía el pelo húmedo y peinado casual, casi a la ligera, lo que le daba un aspecto, según ella, irresistible.
—¡Hola! — exclamó ella, aparentando sorpresa.
—Hola... —contestó él, sorprendido.
Amanda iba vestida con una remera que dejaba su ombligo al descubierto, una minifalda un poco más arriba de las rodillas, y un par de championes blancos. Tenía el cabello recogido, se había maquillado ligeramente para la ocasión. Estaba realmente hermosa.
« ¡Pffff... ¡No seas mala!»... — pensó Germán—« ¡No podés estar tan divina! Dan ganas de cometer una locura contigo».
—-¿Cómo estás? ¿Paseando un rato?
Amanda intentó entrar en conversación.
—Si, salí a tomar un poco de aire... —contestó él, como si nada, tratando de que no se notara que la presencia de ella lo había trastornado.
«¡Pssss! ... Sabés que estás bueno y te hacés el interesante». pensó Amanda, mientras le sonreía de una manera encantadora.
«Decime que te morías por verme y me muero acá mismo contigo», pensó él, devolviendo la encantadora sonrisa.
—Que bien, veo que venís preparado —dijo ella, señalando el termo y el mate que Germán traía en sus manos.
—Aaa si, me gusta venir a tomar mate a la plaza, es muy desestresante.
«¿Qué esperás para invitarme a tomar mate contigo?» Siguió pensando Amanda , buscando la forma de que él se diera cuenta.
—De repente a mi también me vinieron ganas de tomar unos mates,— prosiguió ella, buscando engancharlo.
«Quedate a tomar mate conmigo mi amor, así charlamos un rato de nosotros». Germán no se decidía a invitarla por miedo a que ella lo tomara a mal.
—Si, cuando uno ve a alguien tomando mate también se le antoja. Es algo contagioso —dijo él, pero sin invitarla
—Es verdad... Por eso te digo que me dieron ganas... En fin... voy a ir a aprontármelo, no quiero que me salga un antojo en el cuerpo después...
«¡Será posible que este tarado no se de cuenta que le estoy pidiendo a gritos que me invite! ¿Qué tengo que hacer?, ¿suplicarle?.»
«¿Será posible que esta boba no entienda que le estoy insinuando, arrastrándome como una víbora para que se quede? ¿Qué hago? ¡Solo falta que me arrodille!.»
—Si no te molesta ni lo tomás a mal, quisiera invitarte con mi mate...
«Ahora me hace un escándalo en medio de la plaza y me deja pegado»...
—-No me molesta, al contrario...—contestó ella, con un tono casi eufórico— Quiero decir... Bueno, si... acepto tu invitación...
«¡Casi meto la pata! Calmate Amanda... Va a pensar que estabas desesperada por que el te invitara»...
—¡Genial ¿Querés que nos sentemos en el pasto? O dónde vos quieras... «Zafé, se ve que le gustó la idea de que charlemos un rato. ¡No puedo creerlo! Como me gustaría que Mario estuviera viendo esta escena, así le refregaba bien por la jeta su negativismo, ¡jeje!».
—Creo que estaremos más cómodos si nos sentamos en un banco, ¿no te parece? —propuso Amanda
—De acuerdo — apoyó Germán — Allá estoy viendo un banco libre, vamos antes que llegue el dueño...
En efecto, había un banco desocupado sobre uno de los extremos de la plaza, más cerca de la estación del ferrocarril. Hacia allí se dirigieron casi en silencio, cada cual ensimismado en sus propios pensamientos. Cuando llegaron y tomaron posesión del asiento, Germán comenzó a cebar el mate...
ahora tampoco me voy a sentir mal si muere
tenía que demostrar porque lleva tanto tiempo sin ser atrapado
tenía muchas 🚩🚩
sospechoso
emmm
me preguntó si sospecharan algo
yo estoy completamente segura que el cabello largo queda muy bien en los hombres
estás al horno con papas
al fin recordó que es el jefe
darle una pala talvez no fue la mejor idea