Tras un accidente todos creen que Clara ha perdido la memoria. Ella permite que así sea luego de darse cuenta de que su reciente esposo y la supuesta amiga de él parecen haber estado engañandola desde antes del matrimonio.
Pero lo peor no es eso, lo peor viene cuando se da cuenta de que han tramado una red de mentiras entre las cuales existe un "esposo" del que ella no tiene idea.
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El arte de la persuasión
El tic-tac del reloj de la suite parecía acelerarse con el paso de las horas. Clara sabía que la tregua del aislamiento tenía fecha de caducidad; en un par de días, Julián y Lucía cruzarían las puertas de la mansión y el escenario se volvería hostil. Su pierna, aún resentida y con una leve cojera que el accidente le había dejado como recordatorio de la traición, le cobraba factura por las tardes, pero el dolor físico no era nada comparado con su urgencia por asegurar a Matías.
Si quería que él fuera su escudo definitivo, tenía que demoler la distancia que el arquitecto se esforzaba por mantener desde la noche del beso.
La oportunidad perfecta se presentó el domingo por la noche. Aprovechando que el servicio descansaba en el ala de servicio y la planta principal estaba desierta, Clara bajó a las cocinas con paso lento. Con una paciencia que requería un esfuerzo tremendo, preparó una cena sencilla pero sofisticada: un plato de pasta ligera, una ensalada y rescató una botella de vino tinto de la reserva personal de la familia.
Cuando Matías regresó a la suite pasadas las nueve de la noche, con los ojos inyectados en sangre por las horas que había pasado encerrado en el despacho de la planta baja trabajando, se detuvo en seco en el umbral.
—¿Qué es esto, Clara? —preguntó mientras observaba la imagen frente a él.
La pequeña mesa redonda de la sala de estar de la suite estaba vestida con un mantel de lino. Dos velas encendidas proyectaban sombras alargadas en las paredes, y el aroma a albahaca y ajo inundaba el espacio. Clara lo esperaba sentada, con el cabello suelto y un vestido de punto suave que caía con naturalidad sobre sus curvas.
—Te pasas mucho tiempo cuidándome, asegurándote de que tome mis medicinas y de que no fuerce la pierna —dijo Clara, dedicándole una sonrisa cálida, desprovista de la frialdad que guardaba en su fuero interno—. Pensé que hoy me tocaba a mí consentir a mi esposo.
Matías tragó saliva. La palabra "esposo" pareció golpearlo físicamente en el pecho. Miró la mesa, miró a Clara bajo la luz dorada de las velas, y por un segundo, la tentación de dejarse llevar por esa ilusión doméstica fue tan fuerte que tuvo que sujetarse del marco de la puerta.
—Clara, no debiste molestarte. Tu pierna... el médico dijo que tenías que reposar —logró decir, con la voz pastosa.
—Mi pierna está bien, Matías. Ven, siéntate. No me dejes cenar sola.
No era una petición; era una orden envuelta en seda. Matías, incapaz de negarle nada a la mujer que creía desamparada y unida a él por el destino, avanzó y tomó asiento frente a ella.
Durante la cena, Clara desplegó su estrategia con una sutileza milimétrica. No presionó. No buscó el contacto físico inmediato. En su lugar, utilizó la conversación como un lazo invisible. Le preguntó por su trabajo en el teatro, escuchó con fascinación la historia de las molduras de 1910 y dejó que él se relajara. Cada vez que Matías reía o se apasionaba explicando un detalle arquitectónico, Clara lo miraba con una fijeza que desarmaba cualquier línea de defensa.
—Es increíble cómo hablas de ese lugar —comentó ella, inclinándose un poco hacia adelante, apoyando la barbilla en su mano—. Me hace pensar que, a pesar de todo lo que he olvidado de mi vida, hay cosas que no cambian. Tu bondad no cambia, Matías.
Matías dejó la copa de vino sobre la mesa. La calidez del alcohol y la cercanía de Clara estaban empezando a nublarle el juicio.
—No soy tan bueno como crees, Clara —susurró él, con una seriedad que tiñó el ambiente de una súbita pesadez. Pensaba en Julián, en el chantaje, en la farsa que estaba sosteniendo cada vez que la miraba a los ojos—. Si supieras...
—Sé lo que necesito saber —lo interrumpió ella, estirando la mano sobre la mesa hasta posar sus dedos sobre los de él. La piel de Matías se encendió ante el contacto—. Sé que cuando despierto en la madrugada, estás ahí. Sé que me cuidas. Mi mente puede estar en blanco, pero mi corazón sabe perfectamente quién eres.
Matías contuvo el aliento. Sintió el impulso eléctrico de apartar la mano, de recordar las reglas del silencio que él mismo había impuesto el sábado por la mañana. Se repitió mentalmente que ella era la mujer de Julián, que todo esto era una mentira peligrosa que terminaría destruyéndolos a ambos en cuanto regresara la familia. Pero el calor de los dedos de Clara sobre los suyos, la forma en que la luz de la vela se reflejaba en sus ojos oscuros y la absoluta confianza que ella depositaba en él actuaron como un imán devastador.
En lugar de alejarse, Matías giró la mano y entrelazó sus dedos con los de ella, apretándolos con una urgencia contenida.
—Clara... esto es peligroso —murmuró, con los ojos fijos en sus labios, la mandíbula tensa por el esfuerzo sobrehumano de no cruzar la línea, de no levantarse y rodear la mesa para estrecharla contra su cuerpo.
—¿Por qué sería peligroso estar con mi esposo? —preguntó ella, con una inocencia perfecta que por dentro ocultaba una agudeza letal.
Matías cerró los ojos, soltando su mano con lentitud, como si le costara desprenderse de ella. Se puso de pie, respirando con dificultad.
—Es tarde...Recuerda que en dos días tienes una sesión larga con el médico para revisar esa pierna —dijo, intentando reconstruir el muro de protección—. Debemos descansar.
Clara no protestó. Lo observó levantarse y comenzar a recoger los platos con una rigidez que delataba lo cerca que había estado de caer. Mientras se ponía de pie, ayudándose sutilmente de la mesa para no forzar la pierna, una sonrisa imperceptible se dibujó en su rostro.
Matías estaba al límite. La atracción lo estaba consumiendo por dentro, atrapado entre su moral de hierro y el deseo sordo que ella había sembrado en él. Clara sabía que el terreno estaba casi listo. En dos días Marcos llegaría probablemente con los resultados de la investigación sobre el coche, y ella se estaba encargando de que el juego dejara de ser una simulación. Estaba lista para empujar a Matías al abismo, sin saber que el fuego que estaba usando para cazar a Julián ya empezaba a resultarle peligrosamente cálido a ella también.
Marcos que noticias traerá y si encontró el vehículo que la atropello.
Como harán porque Clara algún día tiene que dejar de fingir la amnesia allí que dirá o que hará Julian y la Lucia 🤔🤔🤔❓❓❓
Veremos que noticias trae Marcos 🤔🤔🤔❓❓❓
Regresa Marcos después de una semana veremos si encontró el vehículo y que paso con el.