se trata sobre una joven de 25 años que sufre al lado de su madre maltratos y abusos hasta que finalmente fallece por una enfermedad terminal y renace en su novela favorita como la villana de la historia
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capítulo 17
el estruendo que siguió hizo que Alfonso cayera de espaldas. Lulú no solo gruñó; pisoteó el suelo con una fuerza sísmica, hundiendo sus patas en el mármol hasta que la piedra estalló en mil esquirlas. el palacio entero pareció quebrarse bajo el peso de la dragona. Lulú bajó la cabeza hasta que sus fosas nasales tocaron el pecho de Alfonso, obligándolo a sentir la vibración de su furia contenida.
—¡ya basta, Alfonso!—su voz era un ruido que calaba hasta los huesos—¿es que acaso no entiendes la gravedad de lo que hemos hecho? sí mi hermano zoel se entera de que manipulamos la mente de Elizabeth, no solo nos desterrara....¡me va a quitar mis poderes!
la dragona expandió sus alas, y por un momento, la habitación pareció sumergirse en una sombra absoluta, más negra que la noche misma.
—recuerda lo que somos—siseo Lulú, y sus escamas emitieron un brillo violáceo siniestro—somos los únicos dragones oscuros que quedan en el reino de las bestias. nuestra existencia pende de un hilo de seda. Zoel nos ha permitido vivir bajo la promesa de que usaríamos nuestra oscuridad para proteger el equilibrio, no para jugar hacer dioses con la memoria de una mortal.
Lulú mostró sus colmillos, de los cuales goteaba una esencia oscura quebraba la atmósfera.
—si intentamos tocar a Elizabeth ahora que está bajo la protección de Hades y la mirada de la corte, Zoel lo sentirá. y cuando él venga, no habrá emperatriz ni ejército que pueda salvarte de su juicio. No pidas el trono, Alfonso, pide que mi hermano nunca descubra que su propia sangre ayudó a un cobarde a robarle la voluntad a una mujer.
La voz de Lulú no fue un rugido esta vez. Fue un susurro seco, un eco que parecía provenir de un abismo que Alfonso no podía alcanzar. La dragona se encogió, sus escamas oscuras dejando de vibrar, perdiendo ese brillo violáceo hasta quedar como carbón apagado.
—Ya no te puedo ayudar, Alfonso —repitió ella, y esta vez la conexión mental se sintió débil, como un hilo a punto de romperse—. He agotado mi fuego tratando de cubrir tus mentiras. He manchado mi linaje y he traicionado al Rey de las Bestias por un jinete que no tiene honor.
Alfonso intentó acercarse, con las manos temblorosas extendidas hacia el hocico de la bestia, pero Lulú apartó la cabeza con un gesto de profundo cansancio.
—Se acabó —sentenció la dragona—. Elizabeth ya no es un vacío que puedes llenar con recuerdos falsos; su memoria ha vuelto y, con ella, su desprecio. Intentar recuperarla ahora no sería un acto de amor, sería un suicidio. Si doy un solo paso más en tu dirección, Zoel lo sabrá... y prefiero vivir en las sombras como una paria que ser ejecutada por mi propio hermano por tu egoísmo.
Lulú cerró sus enormes ojos amarillos, sumergiendo la habitación en una oscuridad absoluta.
—Búscate a ti mismo en este desastre, Alfonso. Porque desde este momento, estás solo en tu trono de cenizas.
Afuera, las campanas de la catedral dieron el último repique, sellando el matrimonio de Elizabeth y Hades, y dejando al príncipe en un silencio que pesaba más que cualquier corona.