La trama gira entorno a dos hermanas, y como a causa del daño que Kattya la hermana menor causa en su novio , desata una venganza donde la que paga un alto precio es su hermana mayor Cassandra.
¿Podrá la venganza vencer? o ¿el amor encontrará su camino?
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La oferta
La facultad de medicina se había convertido en el único lugar donde Cassandra Thompson —como ahora la conocía el mundo— se sentía viva. A sus casi veintiún años, la dulzura de su adolescencia se había transformado en una elegancia melancólica y una determinación de hierro. Durante los tres años de ausencia de Alexander, ella no se había permitido flaquear. Se despertaba antes del amanecer, estudiaba hasta que las palabras se emborronaban ante sus ojos y mantenía la frente en alto a pesar de los susurros que corrían por los pasillos sobre el "matrimonio de papel" que sostenía.
Faltaban solo dos meses para su cumpleaños número veintiuno y unos meses para culminar su profesión cuando su mentor, el Dr. Sterling, la citó en su oficina privada tras una jornada agotadora en el hospital universitario.
—Cassandra, he estado revisando tus últimas rotaciones en cirugía —dijo el Dr. Sterling, ajustándose las gafas mientras observaba a su alumna más brillante—. Tu capacidad diagnóstica y tu calma bajo presión son excepcionales. Tengo una oferta que hacerte.
Cassandra se sentó en el borde de la silla, con las manos entrelazadas sobre su regazo.
—Dígame, doctor.
—Al culminar tu carrera, me gustaría que formaras parte de mi equipo de investigación y residencia en una clínica de élite en Suiza. Es una oportunidad que solo se le da a uno entre mil. Tendrías el mejor equipo del mundo y un futuro brillante.
Por un momento, el mundo de Cassandra se detuvo. Suiza. El lugar donde el aire era puro, lejos de las fotos de prensa de Alexander con Kattya, lejos de la mansión que olía a soledad y lejos del apellido que se sentía como una marca de hierro candente en su piel. Una sonrisa, la primera en meses que llegaba a sus ojos, iluminó su rostro.
—Es una oferta increíble, doctor —susurró ella—. De verdad, me honra.
—Piénsalo, Cassandra. Sé que tienes... compromisos aquí —dijo el doctor con tacto, refiriéndose a su estatus como esposa de un magnate—. Pero un talento como el tuyo no debe marchitarse en una sala de espera. Tienes tiempo para darme una respuesta.
Al salir de la oficina, la sonrisa de Cassandra se desvaneció lentamente. Caminó por el campus, viendo a otras parejas de su edad reír y planear viajes, mientras ella sentía el peso invisible de su anillo de bodas. Durante cuatro años, se había aferrado a la idea de que ese matrimonio significaba algo, que Alexander algún día volvería y le explicaría por qué la odiaba tanto, ella había llegado a esa conclusión después de unir todas las piezas de su cambio. Se había quedado en esa casa por una lealtad que rozaba la autotortura.
"¿Qué estoy esperando?", se preguntó mientras subía al auto donde el chofer enviado por Marcus la aguardaba. "¿Estoy esperando a un hombre que está recorriendo el mundo con mi propia hermana?".
Esa noche, Cassandra no fue directamente a su habitación. Entró en el despacho de Alexander, ese lugar prohibido que aún olía débilmente a su perfume de sándalo y tabaco. Se sentó en el gran sillón de cuero y miró el calendario. En dos meses sería legalmente una mujer de veintiún años, dueña de su herencia y, según el contrato prenupcial que su padre había firmado, tendría mayor libertad sobre sus decisiones.
La Decisión en las Sombras
Abrió su computadora y, por inercia, el primer portal de noticias mostró una foto de esa misma mañana: Alexander y Kattya saliendo de una gala en París. Él se veía más imponente que nunca; ella, colgada de su brazo con una sonrisa triunfante.
El dolor que solía sentir Cassandra se transformó en algo nuevo: frialdad.
—Cuatro años —dijo en voz alta, y su voz resonó en el despacho vacío—. Cuatro años de ser la esposa perfecta de un hombre que ni siquiera me nota.
Cassandra tomó una hoja de papel y comenzó a escribir. No era una carta de amor, ni un reclamo. Eran notas sobre los requisitos de visado para Suiza y los trámites de validación de su título médico.
Si Alexander Thompson quería vivir su vida con Kattya, ella no iba a ser el obstáculo. Pero tampoco iba a ser el trofeo guardado en un estante para cuando él decidiera regresar. El Dr. Sterling le había ofrecido una salida, y por primera vez, Cassandra empezó a visualizar una vida donde el apellido Thompson no fuera una condena, sino simplemente un recuerdo de una lección aprendida.
Lo que Cassandra no sabía era que, a miles de kilómetros, Alexander estaba leyendo el informe de Marcus sobre esa misma reunión con el Dr. Sterling. La idea de que Cassandra se fuera a Suiza, el mismo país donde él tenía a Charly, y que lo hiciera para empezar una vida lejos de su control, encendió una chispa de posesividad maníaca en él.
—¿Suiza? —gruñó Alexander, arrugando el informe entre sus manos mientras Kattya lo observaba desde el otro lado de la suite—. Ella no va a ir a ninguna parte a menos que yo lo decida.
La farsa estaba a punto de terminar. Alexander ordenó empacar. Regresaría antes de su cumpleaños veintiuno, no para felicitarla, sino para recordarle que nadie escapaba de la red que él había tejido. Pero Cassandra ya no era la presa fácil que él recordaba; ahora tenía una meta, y Suiza era el faro que la guiaría a través de la tormenta que estaba por venir.