Ella renace en un nuevo mundo, muy distinto a todo lo que conocía y decide crear su propia historia.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Profesor Godric 1
Una semana después, la tranquilidad de la mansión Fletcher volvió a cambiar.
Aquella mañana, un carruaje diferente atravesó las puertas principales.
No llevaba escudos de familias nobles.
Ni escoltas numerosas.
Solo un pequeño baúl reforzado con hierro y varias cajas cuidadosamente protegidas.
Melody observaba desde una ventana cuando el vehículo se detuvo.
Un anciano descendió con sorprendente agilidad.
Tenía una larga barba gris perfectamente cuidada.
Cabello completamente blanco recogido detrás de la nuca.
Vestía una túnica oscura bordada con discretos símbolos plateados que Melody nunca había visto.
Pero lo que más llamó su atención fue otra cosa.
Apenas el anciano puso un pie sobre el suelo...
Una pequeña esfera de luz azul apareció sobre su hombro.
Flotó unos segundos.
Y luego desapareció.
Los ojos de Melody brillaron.
[¡Magia!]
[¡Magia de verdad!]
Sin esperar demasiado, bajó casi corriendo las escaleras.
Francis sonrió al verla llegar con tanta prisa.
—Veo que ya adivinó quién es.
Melody apenas podía contener la emoción.
—¿Es...?
El conde asintió.
—El profesor que prometí.
El anciano hizo una respetuosa inclinación de cabeza.
—Es un honor conocer a la señorita Cartier.
Melody respondió rápidamente a la reverencia.
—El honor es mío.
Entonces vio las cajas que los sirvientes comenzaban a descargar.
—¿Son...?
El profesor sonrió.
—Libros.
Melody abrió mucho los ojos.
—¿Todos?
—La mayoría proviene del Reino de Forest.
La joven tuvo que hacer un enorme esfuerzo para no lanzarse directamente sobre las cajas.
Francis lo notó.
Y rio por lo bajo.
—Puede abrirlas.
No hizo falta repetirlo.
Minutos después...
La biblioteca parecía una fiesta.
Melody abría cuidadosamente cada caja.
Dentro aparecían volúmenes con cubiertas completamente distintas a las que estaba acostumbrada.
Algunos estaban escritos en un idioma que no reconocía.
Otros tenían ilustraciones de criaturas fantásticas.
Mapas.
Tratados históricos.
Bestiarios.
Crónicas antiguas.
—¡Este tiene más de doscientos años!
Exclamó maravillada.
El profesor asintió con orgullo.
—Fue copiado a mano por monjes de Forest.
Melody acarició con reverencia la cubierta.
Como si estuviera sosteniendo un tesoro.
Las clases comenzaron al día siguiente.
Y fueron completamente diferentes a todo lo que Melody imaginaba.
El anciano no se limitaba a leer libros.
Contaba historias.
Dibujaba mapas de memoria.
Relacionaba acontecimientos.
Explicaba el origen de antiguas guerras.
Y, de vez en cuando...
Utilizaba magia.
—La mejor forma de entender la geografía...
Dijo una mañana.
Es que la vea.
Movió apenas la mano.
Un mapa luminoso apareció suspendido sobre la mesa.
Montañas.
Ríos.
Bosques.
Océanos.
Todo construido con pequeños hilos de luz.
Melody permaneció completamente inmóvil.
[¡Esto es increíble!]
El profesor sonrió.
Después hizo otro movimiento.
Los barcos comenzaron a navegar sobre el mapa.
Las corrientes marinas cambiaban.
Las rutas comerciales aparecían iluminadas.
Melody olvidó incluso tomar apuntes.
Solo observaba.
—¿Cómo hace eso?
Preguntó fascinada.
El anciano soltó una carcajada.
—Con muchos años de práctica.
Las semanas siguientes transcurrieron entre clases apasionantes.
Historia.
Magia.
Lenguas antiguas.
Cartografía.
Mitología de Forest.
Cada tema despertaba aún más curiosidad en Melody.
Y, sin darse cuenta...
Comenzó a pasar la mayor parte del día junto al profesor Godric.
Desayunaban.
Las clases empezaban inmediatamente después.
Continuaban hasta el almuerzo.
Tras un breve descanso seguían conversando en la biblioteca.
Muchas veces el anciano terminaba contándole anécdotas de sus viajes por Forest.
O describiéndole criaturas que había visto con sus propios ojos.
Melody escuchaba absolutamente todo con la misma atención.
El único que no parecía disfrutar demasiado aquella nueva rutina...
Era Francis.
No porque desconfiara del profesor.
Al contrario.
Le tenía un enorme respeto.
El problema era otro.
Una tarde llegó antes de lo habitual a la biblioteca.
Esperaba encontrar a Melody leyendo en el rincón de siempre.
Pero la encontró completamente concentrada observando cómo el profesor hacía levitar varias monedas para explicar una antigua teoría sobre el flujo del maná.
—¿Y si el hechizo se rompe?
Preguntó Melody.
—Entonces sucede esto.
Las monedas comenzaron a girar caóticamente.
Melody soltó una risa.
Francis permaneció unos segundos observando la escena.
Ninguno de los dos había notado que él había llegado.
[Creo...]
[Que hoy sobro aquí.]
Carraspeó suavemente.
Ambos levantaron la vista.
—¡Francis!
Melody sonrió con entusiasmo.
—¡Mire esto!
El profesor saludó con respeto.
—Mi lord.
Francis devolvió el saludo.
Pero no pudo evitar notar algo.
Durante casi toda la tarde...
Melody siguió hablando con el profesor.
Preguntando.
Aprendiendo.
Tomando notas.
Y aquello continuó los días siguientes.
Las mañanas.
Las tardes.
Incluso parte de las noches.
Los momentos que durante el último mes habían pertenecido únicamente a ellos...
Ahora también eran compartidos.
Una noche, mientras cenaban los tres juntos, el profesor observó a Francis durante unos segundos.
Después sonrió con una expresión divertida.
—Mi lord.
Francis levantó la vista.
—¿Sí?
—¿Le ocurre algo?
—No.
Respondió inmediatamente.
El anciano siguió comiendo.
—Qué bien.
Guardó silencio unos segundos.
—Porque tiene exactamente la misma expresión que los jóvenes aprendices cuando están celosos.
Melody casi dejó caer el tenedor.
Francis tosió discretamente.
—No estoy celoso.
—Claro.
Respondió el profesor con absoluta tranquilidad.
—Y yo tengo veinte años.
Melody bajó la cabeza intentando esconder la risa.
Sus hombros comenzaron a temblar.
Francis la miró.
—¿También se ríe de mí?
Ella intentó responder.
Pero apenas pudo decir entre risas…
—Lo... lo siento...
El anciano sonrió satisfecho.
—No se preocupe.
Tomó tranquilamente su taza de té.
—Es una buena señal.
Francis suspiró.
—¿Cuál?
El profesor respondió con la serenidad de quien había vivido mucho.
—Que ya considera la biblioteca como un lugar donde la persona mas importante para usted esta.
Hubo un breve silencio.
Melody dejó de reír.
Francis tampoco respondió.
Porque, muy en el fondo...
El anciano acababa de describir exactamente lo que él sentía.
Y Melody, al observar de reojo la expresión ligeramente avergonzada del conde, no pudo evitar sonreír con ternura.
Era la primera vez que lo veía competir...
Contra un profesor de historia de barba blanca.
Y, por alguna extraña razón, le pareció una escena tan absurda como entrañable.
Te saltaste un paso muchacho!!!
Te saltaste un paso muchacho!!!
Cuándo va a hablar con los padres de Melody este hombre!???