En un mundo en caos al borde de la guerra, Kael entra en una mazmorra llamada Lune con más de 100 pisos. Está mazmorra es la única en todo el continente del imperio, nadie sabe como llegó o quién la creo.
Selene es una Elfa, su misión es asistir a todo aquel aventurero que entre en la mazmorra.
El problema está cada vez que suban un piso, un nuevo reto, un recuerdo olvidado, un nombre, una parte de ellos.
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Capítulo 1: El primer pacto
Dicen que la Torre de Ceniza tiene 100 pisos.
Dicen que cada piso se come a los héroes, llegan con gritos de gloria... y mueren en 5 minutos.
En esta tierra, el poder no se entrena. Se compra y la moneda no es oro. Son recuerdos.
Selene Dusk apoyó la barbilla en su mano. Doscientos años sentada en ese mismo trono de piedra, viendo la misma escena.
Otro humano con armadura brillante. Otro grito de "¡Por el reino!". Otros huesos convertidos en polvo antes de llegar al segundo corredor.
"Bostezó". Las orejas de elfa se movieron bajo su capuchón blanco y plateado. Sus manos brillaban con luz sanadora que nunca usaba. ¿Para qué? Ninguno valía la pena.
Hasta que el sello del piso 1 crujió.
No era el ruido de miedo. No era el paso tembloroso de un novato.
Era el paso pesado de un hombre de 30 años que ya había perdido todo... y aún así avanzaba.
Selene entrecerró los ojos. "Interesante. Huele a resignación, no a esperanza".
Bajó flotando. Luz dorada iluminando las ruinas. Cuando llegó, el humano ya estaba de rodillas, rodeado de espectros. Armadura rota. Espada en la mano. Cero mana.
Kael Veyr levantó la vista. Rostro marcado por cicatrices. Ojos cansados de veterano. No rogó. No gritó. Solo apretó la empuñadura.
"Tu primer aliento a cambio de tu primer recuerdo", dijo Selene, voz fría como el hielo. "Así funciona aquí, caballero".
Kael escupió sangre. Sonrió.
"Llévate el día que me nombraron caballero. El día que mi padre me miró con orgullo. Ya no me sirve para nada".
El dolor fue como un hilo de fuego arrancado del pecho. Kael gritó, pero no cayó. Cuando abrió los ojos, no recordaba el rostro de su padre. Solo quedaba un vacío.
Mana nuevo le quemó el brazo. Runas azules, débiles. De Selene.
"2 minutos", pensó ella cruzándose de brazos. "Lo mismo de siempre".
Pero Kael se puso de pie. Sin mana extra. Solo técnica. Solo rabia. En 20 segundos los 3 espectros yacían en ceniza, cortados por una espada que se movía por instinto, no por magia.
Selene frunció el ceño. "Un humano sin poder... que no muere de un golpe. Hace 80 años que no veo uno".
El Guardián del Piso 1 despertó con un rugido que hizo temblar las piedras. 3 metros de armadura viviente. Maza que aplastaba reinos.
Selene suspiró. "Firma tu segundo pacto si quieres vivir. Dame tu nombre. Dame tu futuro".
Kael la miró a ella. Luego al monstruo. Y sonrió esa sonrisa que no era de héroe. Era de condenado.
"Ya te di mi recuerdo más preciado, elfa. No me queda nada más... excepto esto".
Cerró los ojos. Las runas de su brazo se volvieron negras como carbón. Un dolor antiguo, sellado hace años, se quebró en su pecho.
Las sombras de toda la sala se alargaron como dedos. Se envolvieron en fuego que no daba luz. Fuego oscuro. Fuego que no quema carne... quema nombres, quema mana, quema el alma.
"Esto", susurró Kael, "se llama Ceniza de Medianoche".
El Guardián levantó la maza. No llegó a bajarla. Las sombras se clavaron en sus junturas, y el fuego negro lo devoró desde dentro. Gritó de dolor, gritó segundo antes de volverse ceniza.
Silencio.
Kael cayó de rodillas. Sangre le bajó por la nariz y los ojos. Su poder se apagó tan rápido como llegó.
Selene se acercó despacio. 200 años sin que nada la sorprendiera. Pero ahora su mano temblaba al tocar su cara ensangrentada.
"No firmaste un pacto conmigo", susurró, y por primera vez su voz no era fría. Era curiosa. Peligrosa.
"Despertaste algo que ni la Torre puede sellar".
Kael abrió un ojo. "¿Poder de monarca? Qué nombre ridículo para esto".
Detrás de Selene, las sombras se movieron solas. Se giraron. Y la miraron a ella también.
La puerta de piedra al Piso 2 se abrió con un gemido.
Selene retiró la mano. Por primera vez en siglos, no sabía si quería salvarlo... o ver hasta dónde llegaba.
"Bienvenido al piso 2, caballero sin nombre", dijo. "Creí que estaba aburrida de los héroes... hasta que vi a uno que no necesita que lo salven