En el escenario de la alta tecnología, la ambición no tiene escrúpulos y el amor es la moneda más peligrosa.
Linda Lennox es la heredera indiscutible de un imperio multimillonario, pero también la víctima de una coreografía de expectativas ajenas. Mientras ella se pregunta si su destino le pertenece, su hermana adoptiva, Thais, ejecuta en la sombra una fría venganza para arrebatarle su lugar y a su prometido.
Un exclusivo baile de máscaras será el punto de no retorno. Oculta tras un disfraz, Linda conocerá a James Darcy, el frío rival de su padre que no cree en las promesas vacías. Esa noche, la traición más dolorosa saldrá a la luz, obligando a Linda a descubrir quién es realmente y hasta dónde está dispuesta a llegar para reescribir su propio guion.
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CAPITULO 16. EL ESLABON MAS DEBIL.
El ambiente en Lennox Technologies se había vuelto sumamente tenso y desconfiado. Los empleados murmuraban en voz baja por los pasillos, temerosos de ser los próximos señalados por la directiva o de que la compañía no resistiera un nuevo golpe financiero. Linda, sin embargo, se mantenía firme como un roble. Cruzaba los pasillos con la frente en alto, transmitiendo una seguridad y una esperanza contagiosas a su equipo cada vez que cruzaba una mirada con ellos.
Esa mañana, Linda convocó una reunión privada de urgencia con James y Thais en su despacho.
—Tenemos que estrechar el círculo de una vez por todas —dijo Linda en voz baja, asegurándose de cerrar la puerta con llave tras ellos—. No podemos permitir que el culpable siga moviéndose libremente entre nosotros sin ser descubierto. Esto nos está matando desde dentro.
James asintió con semblante serio, desplegando sobre la mesa de cristal un mapa digital interactivo con los accesos detallados a la red central.
—He cruzado minuciosamente los horarios de todos los accesos sospechosos con los registros de las tarjetas de entrada al edificio —explicó James—. Hay coincidencias exactas con tres empleados en particular que estuvieron presentes en la oficina en todos los momentos clave de las filtraciones.
Thais revisó los tres nombres en la pantalla y se quedó pensativa por unos instantes, mordiéndose el labio.
—Uno de esos nombres es Laura, la asistente principal de administración —comentó Thais—. Siempre ha sido una trabajadora eficiente y puntual, pero últimamente la he notado bastante nerviosa y esquiva.
Linda dio un hondo suspiro, sintiendo cómo la sospecha enturbiaba el ambiente.
—No quiero acusar a nadie sin tener una prueba sólida en la mano, pero debemos actuar con inteligencia. James, ¿puedes revisar a fondo el historial de los dispositivos informáticos de Laura? Necesitamos ver si hay algo que la relacione con las conexiones no autorizadas.
—Por supuesto, me pongo a ello ahora mismo —respondió James, tecleando con rapidez en su ordenador—. Mientras tanto, sería de gran ayuda que Thais y tú hablaran con ella a solas. Quizá una conversación directa y en un tono tranquilo pueda revelar algo de utilidad.
Unas horas después, Linda y Thais invitaron a Laura a tomar un café en la sala de descanso del piso ejecutivo, un lugar apartado. La joven asistente aceptó la invitación de inmediato, aunque su lenguaje corporal delataba una evidente inquietud.
—Laura, sabemos de sobra que la situación en la empresa ha sido terriblemente difícil estos días —comenzó Linda con un tono de voz muy amable y comprensivo—. Solo queremos asegurarnos de que todos en el equipo estén bien y de que podamos seguir confiando los unos en los otros.
Laura bajó la mirada de inmediato, jugando de manera nerviosa con su taza de café caliente entre las manos.
—Yo… sé perfectamente que las cosas están muy raras por aquí —balbuceó la asistente—. Pero les juro por lo más sagrado que no tengo absolutamente nada que ver con el robo de información de la empresa.
Thais la observó con los ojos muy abiertos, analizando cada uno de sus gestos.
—Hemos notado que has estado mucho más distante con nosotras, Laura. ¿Te ha pasado algo fuera de lo normal que debamos saber?
Laura dudó durante un largo e incómodo instante antes de romper a llorar y confesar.
—La verdad es que recibí un correo electrónico muy extraño hace una semana. El mensaje decía que, si no entregaba ciertos datos de la empresa, iban a perjudicar gravemente a mi familia. Me asusté muchísimo y no supe qué hacer. No se lo conté a nadie por puro miedo a las represalias.
Linda sintió una mezcla inmediata de alivio por la inocencia de la chica y preocupación por la crueldad del enemigo. El extorsionador jugaba sucio.
—Laura, debiste confiar en nosotros desde el principio —le dijo Linda, tomándola de la mano—. Pero aún estamos a tiempo de solucionar este desastre. ¿Conservas todavía ese correo electrónico?
—Sí, lo tengo guardado en mi bandeja de entrada —respondió Laura, visiblemente aliviada por la inesperada comprensión de su jefa.
Mientras tanto, James analizó a fondo el mensaje y el ordenador de la asistente. No tardó en descubrir un virus espía oculto que había permitido a un tercero controlar el equipo de Laura a distancia y de manera remota.
—No fue Laura quien robó los archivos —explicó James con firmeza—. Alguien muy astuto usó el miedo de esta chica y su ordenador para meterse en el sistema central de Lennox Technologies. Esto nos confirma que el verdadero traidor sigue completamente oculto en las sombras, manipulando los hilos a su antojo.
Linda abrazó a Laura con cariño, profundamente agradecida por su sinceridad en un momento tan oscuro.
—Muchas gracias por confiar en nosotras, Laura. Ahora más que nunca, debemos mantenernos unidas para protegernos.
Con una pista fresca en sus manos y la absoluta certeza de que el enemigo era muchísimo más peligroso de lo que habían imaginado en un principio, Linda, James y Thais se prepararon mentalmente para la siguiente jugada del tablero. La gran batalla continuaba en pie, pero ahora sabían que la unión real y la confianza mutua serían sus armas más poderosas para ganar la guerra.