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Escuchada Por El Tirano

Escuchada Por El Tirano

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Mundo mágico / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:294.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Juna C

Anna despierta en el cuerpo de Adalia Mordrith, una noble comprometida con el hermano menor del emperador tirano.
En la historia original, Adalia estaba destinada a morir traicionada y ejecutada por su propio esposo, manipulado por su ambiciosa concubina.

Decidida a cambiar su destino, Anna solo quiere una cosa: romper el compromiso y escapar antes de que la tragedia vuelva a alcanzarla.
Pero el imperio no es tan fácil de burlar.
El emperador Azrael Thorne es frío, implacable y temido por todos. Un hombre cuya sola mirada puede condenar a cualquiera. Exactamente el tipo de persona al que Adalia debería evitar.
Y, sin embargo, por una razón que nadie puede explicar… él puede escuchar sus pensamientos.

En un imperio donde una sola palabra del emperador decide la vida o la muerte,
él escucha lo que nadie más puede oír.

Cuando ella entra a su vida, no imagina que su mente es un libro abierto para el tirano más temido del imperio.

NovelToon tiene autorización de Juna C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24

Adalia no se apresuró a hablar.

Se tomó un segundo.

Solo uno.

Lo suficiente para observarlo con calma desde el otro lado de la mesa baja, donde la luz que entraba por la ventana dibujaba líneas suaves sobre el rostro del emperador. Azrael permanecía relajado, pero había algo en su postura… algo contenido. Como si incluso en reposo estuviera listo para reaccionar ante cualquier cosa.

Peligroso.

Siempre lo era.

Adalia entrelazó suavemente sus dedos sobre su regazo antes de comenzar.

—En la mansión Avenel… —dijo con voz tranquila, perfectamente medida— no todo es lo que parece.

Azrael no la interrumpió.

Pero su atención se afiló.

Ella lo notó.

Y continuó.

—Vi a un hombre que no pertenecía al lugar. No era noble, tampoco servidumbre… y definitivamente no era alguien que debería estar en un evento social.

Una pausa breve.

—El mayordomo lo guió directamente a una zona privada.

Los ojos de Azrael no se apartaron de ella.

—Lo seguí —añadió Adalia con naturalidad, como si no estuviera describiendo algo potencialmente peligroso.

Y en su mente, fugaz—

Si me hubieran atrapado, esto habría sido un desastre… pero valió la pena.

Azrael no dijo nada.

Pero algo en su mirada cambió apenas.

Interés.

—Entraron a una habitación. Esperé. Y cuando salieron… aproveché.

Se inclinó apenas hacia adelante.

No demasiado.

Lo justo para que su voz bajara un poco, volviéndose más íntima.

—Dentro había mapas. Rutas marcadas. Varias… no una sola.

Azrael apoyó el codo sobre el brazo del sofá, sosteniendo ligeramente su rostro con los dedos, observándola con atención absoluta.

—¿Qué tipo de rutas?

—No comerciales —respondió de inmediato—. Evitan caminos principales. Cruzan zonas boscosas, bordes de territorios… lugares donde sería fácil mover mercancía sin ser detectados.

Un leve silencio.

Y luego—

—Y había cajas.

Azrael entrecerró los ojos apenas.

—¿Contenido?

Adalia lo miró directo.

—Armas.

No adornó la palabra.

No la suavizó.

La dejó caer tal cual.

El aire en la habitación cambió.

—No pocas —continuó—. Varias cajas. Bien ocultas bajo heno. Preparadas para transporte.

Azrael dejó de apoyarse.

Su postura cambió apenas.

Más erguido.

Más… presente.

—Escuché una conversación —añadió ella.

Y esta vez, su voz fue aún más baja.

Más peligrosa.

—Están apurados.

Un segundo de silencio.

—Saben que… si usted se da cuenta, podría adelantarse.

Una chispa cruzó los ojos de Azrael.

Oscura.

—Interesante.

Adalia inclinó levemente el rostro.

—También mencionaron un campamento. No dijeron exactamente dónde… pero por las rutas que vi…

Hizo una pausa, organizando la información.

—Podría estar en la zona norte del bosque de Virel. Es el punto donde varias de esas rutas convergen.

Azrael la observó sin parpadear.

Es demasiado preciso…

El pensamiento cruzó su mente.

Y él lo escuchó.

Completo.

Sin filtros.

Una leve curvatura apareció en sus labios.

—¿Algo más? —preguntó.

Adalia dudó un segundo.

Luego habló.

—El hombre con el que hablaba el barón… no parecía un simple intermediario.

Sus ojos se afilaron ligeramente.

—Daba órdenes.

Silencio.

—Y el barón… obedecía.

Eso sí era importante.

Azrael lo sabía.

—Así que no es la cabeza —murmuró él—. Solo una pieza.

Adalia asintió con suavidad.

—Exactamente.

Por un instante, ninguno habló.

El peso de la información se asentó en el aire.

Y entonces—

Adalia sonrió apenas.

Sutil.

Casi imperceptible.

—Al parecer están bastante interesados en… su cabeza, majestad.

Lo dijo con ligereza.

Como si fuera una broma.

Pero no lo era.

Azrael la miró.

Y entonces—

Sonrió.

No ampliamente.

No de forma amable.

Sino con esa calma peligrosa que lo definía.

—Me temo que eso será… complicado para ellos.

Su voz fue baja.

Segura.

Absoluta.

Adalia sostuvo su mirada un segundo más de lo necesario.

Con ese ego… cualquiera diría que quiere que lo intenten.

Azrael desvió apenas la mirada, ocultando el destello de diversión que cruzó por sus ojos.

—¿Eso piensas?

Adalia parpadeó.

—¿Majestad?

—Nada.

Después de exponer todo, el silencio que quedó entre ambos no fue incómodo… fue denso. Como si la información aún flotara en el aire, acomodándose, tomando forma en la mente del emperador.

Tristán regresó poco después, empujando suavemente la puerta antes de entrar. Traía una bandeja de plata con bocadillos delicadamente preparados y una tetera humeante cuyo aroma llenó la habitación con una calidez engañosa.

—Majestad —inclinó la cabeza—. Lady Mordrith.

Dejó todo sobre la mesa con precisión impecable y, sin añadir nada más, se retiró con la misma discreción con la que había entrado.

Adalia tomó la taza cuando Azrael se lo indicó con un leve gesto. El calor de la porcelana se filtró en sus dedos, contrastando con la calma exterior que mantenía.

—Falta poco para la boda —dijo Azrael de pronto, con un tono casual que no lo era en absoluto.

Adalia alzó la mirada hacia él.

No se apresuró a responder.

Dejó la taza en el platillo con suavidad antes de hablar.

—Así es, majestad.

Una pequeña pausa.

Y luego, su sonrisa apareció.

No dulce.

No tímida.

Segura.

—Aunque… es una boda que no sucederá.

El silencio que siguió fue breve, pero suficiente para que el significado de sus palabras se asentara con claridad.

Azrael la observó.

Y entonces sonrió.

No sorprendido.

No incrédulo.

Como si ya lo supiera.

—Eso pensé.

El leve destello en sus ojos no pasó desapercibido.

Adalia sostuvo su mirada, apenas inclinando el rostro, como si aquello fuera una simple conversación más…

Azrael dejó la taza sobre la mesa y se puso de pie con una calma natural que imponía más que cualquier gesto brusco.

Adalia lo imitó.

La distancia entre ambos se redujo apenas.

Y entonces—

Él alzó la mano.

Sin brusquedad.

Sin prisa.

Sus dedos tomaron un mechón del cabello dorado de Adalia, deslizándolo suavemente entre ellos como si evaluara su textura, su brillo… o quizá simplemente disfrutara del gesto.

Adalia no retrocedió.

No se tensó.

Pero su respiración se volvió apenas más consciente.

¿Qué se supone que haces…?

El pensamiento cruzó su mente con claridad.

Y él lo escuchó.

Una sombra de diversión pasó por su mirada.

—En unos días habrá un banquete en el palacio —dijo, como si nada—. Me gustaría verla allí, Lady Mordrith.

Su voz fue baja.

Cercana.

Peligrosamente tranquila.

Adalia lo observó un segundo más, sosteniendo el equilibrio entre lo que mostraba y lo que pensaba.

Luego asintió.

—Claro que sí, majestad.

Su respuesta fue perfecta.

Su sonrisa también.

Su control… impecable.

Pero por dentro—

Otro evento lleno de serpientes… perfecto.

Azrael soltó apenas el mechón de su cabello.

—Lo esperaré.

No era una invitación.

Era una certeza.

Adalia inclinó la cabeza en una reverencia elegante, sin perder la compostura en ningún momento.

—Entonces no lo haré esperar.

Se giró con naturalidad, caminando hacia la salida sin apresurarse, sin mirar atrás… aunque era plenamente consciente de que su mirada seguía sobre ella.

Siempre.

Al salir de la habitación, el aire pareció cambiar ligeramente.

Menos denso.

Menos… cargado.

Tristán ya la esperaba en el exterior de la cabaña, erguido como una sombra silenciosa.

—Lady Mordrith —inclinó la cabeza con respeto.

—Tristán —respondió ella con una leve sonrisa, recuperando ese tono social perfectamente medido.

Descendió los escalones con cuidado, el sonido suave de sus pasos perdiéndose entre el murmullo del viento que rodeaba la propiedad.

Antes de subir al carruaje, se permitió una última mirada hacia la cabaña.

1
Maria Margarita Islas
excelente 👌
Elizabeth Avarsua
Excelente novela 💖 me rei mucho con la protagonista 😬
Elizabeth Avarsua
jajaja lo dejó con la duda 🤭
Maria Rojas
una vez más gracias autora por brindarnos otra bella novela con un lindo final me encantó que sigan los éxitos bendiciones 🙏🤗
Luna púrpura 💜
Estupenda historia! Gracias Autora por tu dedicación... Sigue adelante! 💪🏻😊
Yesenia Monje
ayy Pero tampoco digas toodo 🤭🤣 no seas tan fácil
Fanny Echenique
Muy divertida , me encantó escritora
Yesenia Monje
ahhh será q estará con el cuñado??
Nany SanPer
Wow quien se hubiera imaginado que el emperador sería tan romántico.
Lo amo.
Amai
Amé ❤️
Karlite Fabrega
querida autora o autor dejame decirte que me encanto la historia es la.primera vez que leo una novela tuya gracias por compartir ese bonito talento
Yesenia Monje
ay! yo si me burlaría ..
buaaajaa buaaajaja
Yesenia Monje
como???? no puede ser, se comieron su propia mentira
lei didy
Bueno supuestamente en los tiempos antiguos las mujeres no podían heredar xq la mujer no tenía voz y si moría el padre el título y propiedades pasaban a familiares incluso lejanos si no tenían cercanos xq como dije una mujer no heredaba nunk nada hasta para hablar eran medidas za no había tantos derechos para la mujer 🤭
lei didy: He incluso x ello siempre se obsesionaban x tener un hijo barón para heredarle a ellos..... Aunq es novela y es accetable q dejen q ella herede pero en la realidad en esos tiempos neee imposible
total 1 replies
Ana Parra
Excelente muy buena historia
Ana Parra
Felicidades escritora 👏👏👏👏 estuvo genial tu historia y me encanto mucho la interacción entre Adalia y el rey
Izza Miguel
Al menos querrán tener sus cabezas en su lugar, de seguir molestando no creo que la necesiten
yenifer perdomo
estuvo precioso me encantó
F G
para las criticonas que decían que el buen y guapo rey era tacaño, bromas queridas compañeras de la lectura
Ana Parra
Muy hermosa. me encanta cuando los autores colocan imágenes de los personajes
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