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Ecos De Luz Y De Sombras

Ecos De Luz Y De Sombras

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Mundo mágico / Amor prohibido / Completas
Popularitas:702
Nilai: 5
nombre de autor: Solecito87

Guiada por sueños inquietantes, Elara cruza el límite prohibido y encuentra a Kael, el hombre que ha visto en sus visiones. Lo que parece un encuentro imposible revela un lazo antiguo entre Luz y Sombra, despertando una profecía capaz de traer salvación... o destrucción. ✨🌙

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Capítulo 17 — El refugio entre los pelos

Elara:

La sensación de atravesar el portal fue como sumergirse en un mar hecho de viento. No había peso, no había caída, solo un suave tirón que parecía venir de todas partes. Por un instante creí que mis sentidos se desarmaban y volvían a ensamblarse en otro orden, como si mi esencia se reorganizara mientras cruzábamos entre mundos.

Y entonces… el mundo apareció.

La luz llegó primero. No una luz fuerte o cegadora, sino un resplandor tibio, casi vivo, que parecía darnos la bienvenida. Me encontré de pie sobre un suelo cubierto por una hierba suave, esponjosa, que brillaba ligeramente cuando la brisa la rozaba. Los árboles que nos rodeaban eran inmensos, con troncos ondulados y cortezas translúcidas como si tuvieran corrientes internas de luz recorriéndolos. Las hojas, de tonos esmeralda, dorado y violeta, tintineaban como pequeños cristales.

—No puede ser real… —susurré, más para mí que para los demás.

Un par de luces diminutas pasaron rozando mi cabello, soltando un sonido similar a campanillas de cristal. Me giré rápido y vi dos pequeñas criaturas de apenas el tamaño de mi mano. Tenían alas como pétalos y ojos grandes llenos de curiosidad. Me estudiaron por un segundo, inclinando la cabeza a un costado, y luego volaron hacia los árboles riendo con un sonido que parecía viento suave.

—Hadas… —dije en voz baja.

Sarem sonrió con una serenidad que no había mostrado en muchísimo tiempo.

—Algunas culturas las llaman así. Aquí, son Vellin. Espíritus del refugio. Si han venido a saludarte, significa que este lugar te acepta.

Kael estaba a mi lado, observando el entorno con atención. En él, la desconfianza siempre venía primero… pero podía sentir la tensión en sus hombros relajándose lentamente, como si este lugar lo envolviera con una paz que no conocía.

—¿Dónde estamos? —pregunté.

—En el Refugio de los Velos —respondió Sarem—. Un espacio que no pertenece a ningún mundo en particular. Está entre ellos… conectado solo por vibraciones y fuerzas muy antiguas. Aquí, la guerra no tiene alcance.

Apenas terminó de hablar, un pequeño animalito salió de entre los arbustos.

Parecía una mezcla entre un zorro y una liebre, con orejas largas y suaves, ojos grandes y brillantes, y un pelaje que cambiaba de tono según cómo le daba la luz: rosa pálido, azul celeste, un toque plateado. Se acercó dando pequeños saltos, olfateando el aire, y finalmente vino directo hacia mí.

Sin pensarlo, me arrodillé.

La criatura apoyó suave su frente en mi mano y una vibración cálida subió por mi brazo, como si compartiera su energía conmigo.

—Se llama Liri —dijo Sarem con voz suave—. Los de su especie pueden percibir cualquier forma de vida en crecimiento. Por eso vino a ti.

Miré a Kael. Su mirada se suavizó aún más al verme acariciar al pequeño ser. Había algo en él… una mezcla de adoración, intriga y un toque de temor reverente. Como si la realidad de lo que estaba creciendo dentro de mí comenzara a tocarlo de verdad.

Liri emitió un pequeño sonido dulce, se enroscó contra mi abdomen un instante, y luego se alejó correteando con movimientos rápidos, casi danzando.

Respiré hondo. Todo en este lugar se sentía… puro. Vibrante. Como si la vida misma se manifestara sin límites.

Pero debajo de todo ese encanto, había un pulso inquietante. Un recordatorio.

El eco de la guerra que habíamos dejado atrás.

Y la sombra de Aeryn, su promesa, su dolor.

Kael debió percibir mi inquietud, porque tomó mi mano. Su toque era firme, cálido… y más protector que nunca.

—Aquí nadie te tocará —murmuró—. Ni Aeryn, ni las sombras, ni nadie que intente separarnos.

Me recosté contra él, apoyando mi frente en su pecho. El sonido de su respiración me centró.

—Quiero creerlo.

—Créelo —susurró cerca de mi oído—. Lo haré real.

Kael:

Había visto mundos oscuros, desolados, mundos hechos de sombras y tormentas eternas. Había recorrido reinos que alimentaban la guerra y respiraban muerte.

Pero jamás había visto algo como esto.

El Refugio de los Velos era… demasiado hermoso. Demasiado perfecto. Y eso, más que tranquilizarme, me mantenía alerta.

Sarem caminaba delante con aire pensativo, como si estuviera escuchando algo que el resto no podía.

—¿Estás seguro de que estaremos a salvo aquí? —pregunté.

—Tanto como pueden estar dos almas que llevan una guerra dentro de sí —respondió—. Pero este lugar hará lo necesario para protegerlos. A los tres.

Mi pecho se tensó. El “tres” tenía un peso que aún no lograba comprender del todo.

—¿Elara está bien? —pregunté en voz baja.

—Sí —dijo Sarem, mirándome por encima del hombro—. Aunque su esencia está agitada. No por miedo. Sino porque este lugar acelera su conexión con lo que lleva dentro. Aquí, todo se amplifica… especialmente aquello que nace del entrelazamiento de dos fuerzas opuestas.

Mi corazón dio un vuelco.

Elara se adelantó unos pasos, maravillada por un grupo de pequeñas hadas —Vellin, como las llamaba Sarem— que danzaban alrededor de una fuente hecha de raíces entrelazadas. El agua que brotaba de ella tenía tonos dorados y azules que cambiaban con el ritmo de sus alas.

La veía moverse… con esa mezcla de luz, de inocencia, de fortaleza silenciosa.

Y algo dentro de mí ardía.

No solo deseo, aunque ese era un fuego constante desde que la había tocado por primera vez.

Era otra cosa. Algo más profundo, visceral.

Temor a perderla.

Temor a no ser suficiente para la vida que estaba creciendo en ella.

Temor a que Aeryn tuviera razón al creer que alguna vez le perteneció.

—No dejes que la duda te carcoma —dijo Sarem de repente.

Me giré hacia él.

—No estoy dudando.

—Estás temiendo —corrigió—. Y temer no es lo mismo que dudar. Pero si no lo trabajas… se convertirá en lo mismo.

Lo fulminé con la mirada, pero él no retrocedió. Era uno de los pocos que nunca lo hacía.

—Kael —prosiguió con voz baja—. Eres oscuridad, sí. Pero tu oscuridad no es destrucción por naturaleza. No te confundas. Es profundidad. Es intensidad. Es territorio desconocido que solo quienes están dispuestos a sentir de verdad pueden atravesar. Elara no te teme. No temas tú lo que son juntos.

No respondí de inmediato.

Porque en el fondo… sabía que estaba diciendo la verdad.

Elara:

Continuamos avanzando hasta llegar a una especie de claro circular rodeado por enormes flores de pétalos luminosos. Cada una medía casi mi altura, y despedían una fragancia suave, relajante, como una mezcla de madera dulce y fruta fresca.

Sarem alzó ambas manos.

Las flores reaccionaron a su energía, abriéndose aún más.

El aire vibró.

—Aquí descansarán —dijo—. El refugio ha aceptado su presencia.

Kael se acercó a mí mientras yo observaba embelesada cómo las hadas formaban espirales alrededor de las flores, iluminando el lugar como pequeñas estrellas flotantes.

—¿Cómo te sientes? —preguntó él.

—Extraña… pero bien —respondí—. Siento algo moviéndose dentro de mí. No físicamente… es una especie de susurro.

Él frunció el ceño, preocupado.

Tomó mi mano y la llevó a su pecho.

—No estás sola en esto.

Sentí su latido. Fuerte. Constante. Y algo en su mirada… me hizo estremecer. Una ternura tan intensa que casi dolía.

Liri —el pequeño animal que nos había recibido— regresó de improviso, corriendo hacia nosotros con una emoción evidente. Se colocó entre Kael y yo, frotando su pequeño cuerpo contra nuestras piernas.

Entonces, algo sucedió.

Una esfera de luz blanca emergió de las flores, flotando como si tuviera voluntad propia.

Las hadas se detuvieron en el aire, silenciosas.

Sarem se adelantó, observando con gravedad.

—El Refugio está reaccionando… —murmuró.

La esfera descendió lentamente hacia mi vientre.

Mi respiración se cortó.

Kael rodeó mi cintura con ambos brazos, como si pudiera protegerme de la misma luz.

La esfera tocó mi piel.

Un calor suave se expandió en mi abdomen.

Liri emitió un pequeño chillido alegre.

Y entonces lo sentí.

Un pulso.

Un latido.

No el mío.

Cerré los ojos.

Mi mundo se detuvo.

Cuando volví a abrirlos, las hadas danzaban otra vez.

La esfera se desvaneció.

Y Sarem sonreía con una emoción real, profunda.

—El vínculo entre ustedes y esa vida… se ha reforzado —dijo—. Este lugar lo ha reconocido. Ya no podrá ser arrancado ni manipulado.

Mis ojos se llenaron de lágrimas.

Kael apretó su frente contra la mía.

—Te lo dije —susurró—. Nadie te la arrebatará. Nadie los separará.

Su voz tembló.

Y ese temblor me derritió por dentro.

Kael:

Cuando Sarem se alejó para inspeccionar los límites del refugio, me quedé solo con Elara en el claro.

La abracé desde atrás, apoyando mis labios en su cuello, respirando el aroma que siempre lograba calmar la parte más salvaje de mí.

—No sabes lo que me haces sentir —murmuré contra su piel.

Ella suspiró, apoyándose en mí.

—Y tú no sabes cómo me sostienes.

—Haré más que sostenerte —susurré—. Te protegeré. A ti y a nuestro hijo. Aunque el mundo entero se rompa por intentar impedirlo.

La sentí estremecerse suavemente en mis brazos.

La besé en el hombro, despacio, dejando que el vínculo —ese que había crecido entre nosotros desde el inicio— vibrara entre nuestras pieles.

El refugio parecía respiran con nosotros.

Todo brillaba un poco más.

Todo nos envolvía como si este lugar hubiera sido creado para contener exactamente este momento.

Pero incluso en esta belleza…

sabía que la paz no duraría.

Elara también lo sabía.

Podía sentirlo en su cuerpo, en la manera en que mis manos la rodeaban.

Una guerra esperaba afuera.

Y Aeryn no había dicho su última palabra.

Pero por ahora… por este instante suspendido…

el mundo entre los velos nos pertenecía solo a nosotros.

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