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Bajo El Yugo Del Comandante

Bajo El Yugo Del Comandante

Status: En proceso
Genre:Romance oscuro / Suspenso
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

En la ciudad de Asque, el Comandante William rige con un puño de hierro que no conoce la misericordia. Tras años de guerra y traiciones, ha olvidado al niño que alguna vez juró proteger a una pequeña de ojos dulces. Evelyn, por su parte, ha crecido bajo la sombra de la tiranía, convirtiéndose en una mujer que arriesga su vida en los barrios bajos para salvar a los inocentes que el régimen de William castiga.

​Cuando Evelyn es capturada durante una redada rebelde, William queda cautivado por su mirada desafiante. Sin reconocerla, la convierte en su prisionera personal, desatando una obsesión oscura que lo consume. Ella odia al monstruo en el que él se ha convertido; él desea doblegar la voluntad de la única mujer que no le teme. Pero entre enfrentamientos y castigos, los ecos de una promesa de infancia comienzan a surgir, revelando que el hombre más temido de Asque es el mismo que juró ser su refugio.

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capitulo 8

​La luz de la mañana siguiente entró con timidez por los ventanales de la habitación. Evelyn se sentía ligeramente mejor; el agua de la noche anterior había calmado la fiebre del ayuno, aunque la debilidad seguía presente en cada uno de sus movimientos. Se había lavado la cara en el tocador de caoba y ahora intentaba ordenar sus pensamientos cuando el sonido de la puerta al abrirse a media mañana la puso de nuevo en alerta.

​No era la sirvienta. Era William.

​El Comandante entró luciendo visiblemente exhausto. Sus hombros, habitualmente rígidos como la piedra de Asque, parecían cargar con el peso de una noche entera de informes y decisiones difíciles. Su uniforme de gala estaba incompleto; no llevaba la gorra militar y los botones superiores de su chaqueta estaban deshechos. Su rostro reflejaba el cansancio de quien no ha dormido en días, con sombras oscuras bajo sus ojos azules.

​Sin decir una palabra, William caminó directamente hacia el pequeño cuarto de baño contiguo a la habitación de Evelyn, cuya puerta permanecía abierta. Ella lo observó desde su silla, extrañada por su falta de hostilidad y por la familiaridad con la que se movía en ese espacio privado.

​William se detuvo frente al lavabo de mármol. Con un gesto de pura fatiga, comenzó a desabrocharse la chaqueta militar de color negro. Sus dedos, habitualmente precisos, fallaron una vez antes de lograr liberar los botones dorados con el emblema de la Unión. Se quitó la pesada prenda y la dejó caer sobre un taburete cercano, quedando únicamente con una fina camisa blanca de lino que se adhería a su torso por el sudor.

​Evelyn observó el movimiento desde la habitación. Había algo profundamente humano en esa vulnerabilidad física, algo que chocaba violentamente con la imagen del tirano de la plaza.

​William abrió el grifo de bronce y dejó que el agua fría corriera por sus manos. Se inclinó sobre el lavabo, recogiendo el agua con ambas manos para echársela en el rostro, buscando desesperadamente despejar la bruma de su mente. Para hacerlo con mayor comodidad, comenzó a enrollarse las mangas de la camisa blanca de lino hasta los codos.

​Fue en ese preciso instante cuando el mundo de Evelyn se detuvo.

​Cuando la tela de la manga derecha se deslizó hacia arriba, la luz del sol que entraba por la ventana del baño iluminó con total claridad el antebrazo de William. Justo debajo del codo, sobre la piel curtida por el sol y el entrenamiento, se recortaba una marca inconfundible: una cicatriz blanquecina, gruesa y con una forma de cruz imperfecta, donde la carne se había curado de manera tosca hace muchos años.

​Evelyn sintió que el aire se le congelaba en los pulmones. El corazón le dio un vuelco tan violento que sintió un dolor real en el pecho. Sus manos se aferraron a los brazos de su silla con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos.

​Esa cicatriz.

​Un torrente de imágenes del pasado acudió a su mente con la fuerza de una inundación. El callejón embarrado de la antigua aldea, el ladrido furioso de un perro callejero enorme y de ojos inyectados en sangre que la tenía arrinconada contra una pared de madera podrida. Ella, una niña indefensa de siete años, llorando y cubriéndose el rostro con las manos. Y entonces, el cuerpo pequeño de un niño interponiéndose entre ella y los colmillos del animal. El grito de dolor del niño, el sonido de los dientes desgarrando la carne de su antebrazo, y la sangre roja manchando la tierra.

​Recordó cómo ella misma, llorando con desesperación, había lavado esa herida con agua de lluvia y la había vendado con un trozo de su propio camisón. Recordó la forma exacta en que la piel se había desgarrado, dibujando una cruz que el niño Will había jurado llevar con orgullo porque "había sido para protegerla".

​—Es mi medalla de caballero, Evie —le había dicho el niño con una sonrisa valiente a pesar de las lágrimas de dolor—.

​Evelyn sintió que el suelo se desvanecía bajo sus pies. Se puso en pie sin ser consciente de ello, dando un par de pasos lentos e inseguros hacia la puerta del baño, como si fuera una sonámbula atraída por un fantasma. Sus ojos café estaban fijos, casi sin parpadear, en la marca del antebrazo de William.

​—Will... —el nombre se le escapó en un susurro inaudible, una exhalación de pura incredulidad.

​William, que terminaba de secarse el rostro con una toalla blanca, se detuvo al escuchar el sutil movimiento. Se giró lentamente, bajando la toalla y encontrándose de inmediato con la mirada perdida y aterrorizada de Evelyn. Al notar la fijeza de sus ojos en su brazo, William miró hacia abajo y, con un movimiento rápido y casi instintivo, tiró de la manga de su camisa para cubrir la cicatriz, ocultándola de nuevo bajo la tela de lino.

​Su rostro volvió a recuperar la rigidez fría habitual, pero en sus ojos azules cruzó un destello de incomodidad, como si acabara de ser descubierto en su secreto más celosamente guardado.

​—¿Qué pasa? —preguntó William, su voz sonando más áspera de lo habitual—. ¿Es que nunca has visto a un hombre lavarse la cara?

​Evelyn dio un paso atrás, con la respiración entrecortada. Su mente era un campo de batalla donde dos realidades irreconciliables luchaban por el control.

​"No puede ser él", se dijo a sí misma en un grito silencioso que amenazaba con romper su cordura. "No es posible".

​El conflicto interno comenzó a desgarrarla por dentro. El niño Will era la definición de la luz en su infancia, el único refugio que había tenido en un mundo que ya empezaba a desmoronarse. Él era el niño que dividía su pan bajo el sauce llorón, el que curaba sus raspaduras con cuidado y el que había recibido esa mordida de perro solo para evitar que ella sufriera un rasguño. Aquel niño era compasión pura, amor incondicional y protección.

​Este hombre frente a ella era el Comandante William. El tirano que gobernaba Asque con puño de hierro, el hombre que no medía su crueldad y que ordenaba ejecuciones públicas en la plaza sin parpadear. Este hombre era sombra, acero frío y muerte. Era el verdugo de la gente que ella intentaba salvar en los barrios bajos, el carcelero que la mantenía encerrada en una jaula de oro y que la obligaba a someterse a su voluntad.

​"¿Cómo puede la luz convertirse en tanta oscuridad?", se preguntó, sintiendo una náusea física ante la idea. "No, es una coincidencia. Una cicatriz similar, nada más. El mundo está lleno de cicatrices".

​Pero su corazón, ese órgano obstinado que no entendía de lógica militar, sabía la verdad. Sabía que la familiaridad de sus ojos, la intensidad de su presencia y el dolor que sentía al mirarlo no eran casualidades. Era él. El niño que había prometido ser su esposo y su refugio se había convertido en el monstruo del que toda la ciudad intentaba escapar.

​William la observó con atención, notando el temblor en sus hombros y la forma en que sus ojos se empañaban con lágrimas que ella se negaba a dejar caer. Se acercó un paso, saliendo del baño, pero Evelyn retrocedió de inmediato, colocándose detrás de la silla como si fuera un escudo entre ellos.

​—Vete —susurró ella, su voz apenas un hilo quebradizo.

​William se detuvo. Sus cejas se juntaron en un gesto de desconcierto ante la repentina hostilidad, mucho más profunda y dolorosa que la de los días anteriores.

​—Evelyn...

​—¡He dicho que te vayas! —gritó ella, y la fuerza de su voz pareció resonar en las paredes del cuarto. Sus manos temblaban tanto que tuvo que aferrarse al respaldo de la silla para no caer—. No quiero verte. No quiero tu agua, no quiero tu comida, no quiero nada de ti. Vete de aquí, Comandante.

​William la miró durante un largo segundo. El uso de su título militar pareció levantar de nuevo la muralla invisible entre ambos. El brillo de preocupación que había amagado con surgir en sus ojos azules se apagó, siendo sustituido por la habitual frialdad del líder de Asque.

​Sin decir una palabra, William recogió su chaqueta de gala del taburete, se la colocó sobre los hombros y caminó hacia la salida. Al llegar a la puerta, se detuvo, pero no se giró para mirarla.

​—El almuerzo llegará en una hora —dijo, con una voz gélida y distante—. Y te sugiero que lo comas, Evelyn. Porque a partir de hoy, tus caprichos ya no serán tolerados en esta casa.

​La puerta se cerró tras él con el sonido definitivo de la cerradura.

​Evelyn se dejó caer de rodillas sobre la alfombra, ocultando el rostro entre sus manos mientras las lágrimas finalmente ganaban la batalla, deslizándose por sus mejillas y empapando la tela de su ropa. El rastro del pasado estaba allí, grabado en la piel del Comandante, pero la verdad resultaba infinitamente más dolorosa que el olvido. Su refugio era ahora su carcelero, y la luz de su infancia se había ahogado en el trono de sangre de Asque.

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Celina Espinoza
💯💯💯
Fernanda
super 👍
Celina Espinoza
👏👏👏👏💯
celimar
💯💯👏👏
celimar
excelente 💯💯💯gracias por compartir
Fernanda
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Celina Espinoza
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celimar
👏👏👏🥰🥰💯💯
Fernanda
💯💯👍👍
Celina Espinoza
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Fernanda
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Celina Espinoza
exelente capitulo 💯
Celina Espinoza
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Fernanda
muy bien 💯
Celina Espinoza
👏👏👏💯
Fernanda
💯💯👍
Fernanda
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Claudia Torres
me encanta tu historia .....quiero ver cómo will poco a poco va siendo ante ivy q emoción 💪💝😘😘💘
celimar
👏👏
Celina Espinoza
💯💯
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