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Harina De Otro Costal Cómo No Matarse Con Un Rodillo

Harina De Otro Costal Cómo No Matarse Con Un Rodillo

Status: Terminada
Genre:Aventura / Romance / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Ramiro y Penélope comparten la misma calle, el mismo amor por la masa y un odio mutuo tan fermentado como el mejor pan. Él es un purista de la tradición; ella, una científica loca del azúcar. Cuando el "Gran Festival del Pastel de Oro" amenaza con arruinar a uno de los dos, se desata una guerra de espionaje industrial casero, sabotajes ridículos y encuentros a medianoche que terminarán demostrando que, en la cocina y en el amor, los opuestos no solo se atraen... se hornean juntos.

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Capítulo 10: La la intoxicación del alcalde

​El impacto del tuit de Don Augusto seguía flotando sobre la calle principal como una densa capa de humo invisible. El orgullo de Ramiro se desangraba en silencio. Miraba las cestas de mimbre de su mostrador, sintiendo por primera vez una opresión asfixiante en el pecho: el miedo real de haber defraudado el apellido de su abuelo y de convertirse en el hazmerreír de la provincia antes del Festival del Pastel de Oro. En la acera de enfrente, el panorama era idéntico. Penélope sentía que las paredes de "LaGlase" se le venían encima; el zumbido de las luces LED ahora le parecía una burla estridente a su fracaso. La humillación compartida les había arrebatado el sueño, pero también había activado en ambos el instinto primario de supervivencia.

​A las dos de la tarde, la desesperación dictó la misma orden en sus respectivas cocinas. El alcalde de Villa Delicia, don pancracio, no solo era el presidente del comité organizador del festival, sino también el juez principal cuyo voto de calidad desempataba cualquier disputa culinaria. Y, por encima de su cargo político, don pancracio poseía una debilidad pública e incurable: un apetito voraz que rayaba en la glotonería sin fondo.

​Ramiro, con los labios apretados en una línea de pura determinación, comenzó a preparar una cesta de mimbre forrada con un paño de lino blanco pulcro.

​—Si el crítico busca aburrimiento, el alcalde encontrará carácter —murmuró para sí mismo, con los ojos brillando con una chispa de urgencia.

​Seleccionó su producto más contundente: una hogaza rústica de pan de ajo, sazonada con finas hierbas, romero silvestre y una infusión de aceite de oliva virgen extra con cinco cabezas de ajo morado concentrado. Un pan denso, aromático y con una potencia capaz de resucitar a un batallón.

​Enfrente, Penélope colocaba un lazo de raso rosa en una caja de mimbre lacada en blanco. Sus gestos eran rápidos, casi espasmódicos, reflejando el pánico que le atenazaba el estómago.

​—¿Fachada ruidosa? Le daré una experiencia que no podrá olvidar —pensó con rabia contenida, dándole un azote al lazo.

​Su ofrenda era una bomba de relojería azucarada: una tarta de triple chocolate fundido, rellena de ganache de cacao al ochenta por ciento y cubierta con una densa crema de menta glacial y licor de piña para darle un toque "vanguardista".

​A las tres en punto, Charly —reincorporado al servicio de Ramiro tras una humillante disculpa— y el repartidor de Penélope salieron al mismo tiempo hacia el Ayuntamiento, cargando las cestas de la última oportunidad. Ninguno de los dos artesanos sabía que acababan de enviar dos proyectiles con trayectorias cruzadas hacia el mismo objetivo.

​Don pancracio se encontraba en su despacho presidencial, con la corbata ligeramente floja y los botones del chaleco estirados por la presión de su anatomía. Cuando las dos cestas gratis llegaron a su mesa de roble, sus ojos pequeños y vivarachos se abrieron de par en par, encendiéndose con el brillo codicioso de un niño en una tienda de juguetes. El tuit del crítico culinario carecía de valor para su estómago; para el alcalde, la comida gratis era una bendición estatal.

​—Vaya, vaya... la diplomacia del horno —dijo el alcalde, frotándose las manos regordetas con un gesto de pura anticipación—. A ver qué tenemos aquí.

​Abrió la cesta de Ramiro. El olor penetrante a ajo frito, romero y aceite de oliva saturó el despacho instantáneamente. Don pancracio salivó. Acto seguido, destapó la caja de Penélope. La oleada espesa de chocolate amargo, menta helada y piña licorosa chocó contra el aroma de los ajos, creando una atmósfera olfativa que habría hecho retroceder a cualquier sumiller. Pero el alcalde era un hombre de acción gastronómica, no de sutilezas.

​En lugar de elegir una opción y guardarse la otra para la cena, la glotonería se impuso sobre la lógica biológica. Agarró el cuchillo oficial del Ayuntamiento.

​Primer asalto. Cortó un trozo generoso del pan de ajo rústico de Ramiro. La miga densa y el aceite sazonado inundaron sus papilas gustativas con un golpe salado y picante. Don pancracio cerró los ojos, gimiendo de placer. Sin dar tiempo a que su esófago procesara el impacto, su mano izquierda se estiró hacia la tarta de Penélope. Cortó una porción del pastel de triple chocolate con crema de menta y se la embutió en la boca.

​El choque en su paladar fue sísmico. El picor del ajo tostado se mezcló de inmediato con el dulzor denso del cacao y el frío químico de la menta de repostería. El alcalde parpadeó, desconcertado por la combinación, pero su cerebro, saturado de dopamina calórica, interpretó la confusión como una genialidad.

​—¡Es... es una fusión audaz! —exclamó con la boca llena, soltando un leve eructo sazonado.

​Repitió el proceso. Un mordisco al pan rústico grasiento de romero; un mordisco a la tarta de chocolate amargo con licor de piña y menta. Tres veces. Cinco veces. Siete veces. Don pancracio devoraba los productos alternándolos con una velocidad frenética, usando el pan para limpiar los restos de chocolate del plato y la crema de menta para suavizar el picor del ajo de las colinas.

​A la décima repetición, la combinación química letal estaba sellada en el fondo de su estómago. El aceite de oliva pesado, la acidez de la masa madre, el sodio del ajo concentrado, los aditivos de la menta fosforita y las grasas del triple chocolate comenzaron a reaccionar entre sí, creando una emulsión ácida y efervescente que desafiaba la física de los jugos gástricos. Don pancracio dejó caer el tenedor. Su sonrisa glotona se congeló en una mueca de sorda sorpresa.

​Dos horas más tarde, a las cinco y media de la tarde, la paz de la calle principal saltó por los aires. El sonido estridente y agudo de una sirena de emergencia rasgó el aire, rebotando en las fachadas de ladrillo de "El Trigo de Oro" y en los cristales de "LaGlase".

​Ramiro, que estaba limpiando sus palas de madera en el fondo del local, sintió un frío repentino en la nuca. Salió a la entrada a zancadas rápidas. Al mismo tiempo, Penélope empujó su puerta acristalada, asomándose a la acera con el rostro contraído por una súbita sospecha.

​Una ambulancia del servicio de salud regional acababa de detenerse frente a la escalinata del Ayuntamiento, justo al final de la avenida. Los técnicos de emergencias sanitarias bajaron a toda prisa con una camilla plegable. Menos de cinco minutos después, las puertas dobles del palacio municipal se abrieron y la comitiva de concejales apareció escoltando la camilla.

​Sobre ella yacía don pancracio. El alcalde ya no lucía el porte arrogante de la política local; tenía el rostro teñido de un tono verde lechuga fosforito que rivalizaba con los carteles de neón de Penélope. Tenía las manos entrelazadas sobre su enorme abdomen, que parecía haberse hinchado como un globo de helio defectuoso, y respiraba con espasmos visibles que le hacían temblar las mejillas.

​Al pasar la camilla cerca de la calzada de los comercios, el alcalde vio las siluetas de Ramiro y Penélope paradas en las respectivas aceras. Una oleada de indignación agónica le otorgó una fuerza inesperada. Se incorporó levemente sobre la lona de la camilla, señalando a ambos comerciantes con un dedo tembloroso y cubierto de restos invisibles de chocolate y aceite.

​—¡Asesinos! ¡Terroristas de la harina! —gritó don pancracio a través de la máscara de oxígeno que un enfermero intentaba colocarle. Su voz, distorsionada y rota por los retortijones, resonó en toda la manzana—. ¡Los dos... han intentado acabar con la alcaldía! ¡Es un complot culinario de destrucción masiva! ¡Terrorismo gastronómico!

​El enfermero lo empujó suavemente hacia atrás mientras las puertas traseras de la ambulancia se cerraban con un golpe seco. El vehículo se alejó a toda velocidad, dejando un rastro de sirenas que se desvanecía hacia el hospital comarcal.

​Antes de que Ramiro o Penélope pudieran asimilar el impacto de la acusación pública, dos coches de la policía local entraron en la calle principal con las luces azules giratorias encendidas, bloqueando los accesos a ambos locales. El cabo Ramírez bajó del primer coche, con la libreta pegajosa de la semana anterior en la mano y una expresión de severidad absoluta en el rostro rebozado.

​Ramiro se quedó de pie en su acera, con los brazos caídos a los lados del cuerpo y una abrumadora sensación de ruina hundiéndole el pecho. Miró a Penélope a través del asfalto. Ella tenía las manos tapándose la boca, con los ojos fijos en los rotativos azules de la policía, reflejando un pánico absoluto que borraba cualquier rastro de la rivalidad comercial. El plan de emergencia para limpiar sus imágenes corporativas se había transformado en un caso de intoxicación presidencial de primer orden. Estaban en el fondo del foso, la policía municipal rodeaba sus obradores y el Festival del Pastel de Oro acababa de convertirse en el escenario de un crimen político.

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Cristina Miranda
que lindo va a ser.cuando se.descubra todo!!☺️🥰🤣
Cristina Miranda
Panza llena, corazon contento👏👏🤣🥰
Cristina Miranda
Se esta poniendo bueno, va a terminar como yo dije!!☺️☺️
Cristina Miranda
muy etretenida la historia, liviana, risueña, ya adivino el final, espero que sea como pienso!!😂
Fernanda
se viene una batalla feroz 🤭espero que descubran al verdadero enemigo
Celina Espinoza
🤭duro muy poco la carma
Fernanda
buenas tardes historia ❤️☺️🙏muy divertida
Warriorgame
El olor ok. Pero un sonido tan fuerte... 🤔
Warriorgame
Luces baratas, pero eficaces.
Warriorgame
¿Por qué? Es simplemente publicidad.
Warriorgame
Aunque lo impecable del primero suele atraer, la tecnología pesa mucho actualmente.
Celina Espinoza
felicidades por tu nueva historia🙏
celimar
felicidades autora por esta nueva historia
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