🚩⚠️🔞Azael, CEO de una firma exclusiva. Creció bajo el yugo de padres controladores que trataban su vida como un negocio; por eso, él ahora controla todo a su alrededor para nunca volver a ser vulnerable. No tolera que nada que considere "suyo" escape de sus manos.
Bastian, un pasante de último año en la empresa. Trabaja bajo una presión brutal porque necesita el dinero y los contactos para costear el costoso tratamiento médico de su madre.
NO APTO PARA PERSONA SENSIBLES Y NO TIENE UN FINAL COLOR DE ROSAS. Están advertidos.🔞⚠️🚩
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En público
El lunes por la mañana llegó con un cielo gris plomo que amenazaba tormenta. El auto deportivo negro de Azael Brinkman se detuvo frente a la entrada privada del edificio corporativo. Bastian Murphy viajaba en el asiento del copiloto, vistiendo el impecable traje de tres piezas azul medianoche. Por fuera, parecía el pasante perfecto, pero por dentro, los pasadores ocultos de la tela presionaban los sensores biométricos contra su muñeca y su tobillo, registrando cada latido de su corazón.
Antes de bajar del vehículo, Bastian miró por el cristal tintado hacia la acera opuesta. Su pulso saltó de inmediato en el monitor del tablero. Allí, retenido fuertemente por dos guardias de seguridad privada y bajo la fría mirada de Josh, estaba Robin. Tenía el rostro desencajado por la frustración y sostenía unos papeles impresos que los guardias le arrebataron de un tirón. La orden de restricción penal que Azael había tramitado se estaba cumpliendo con una rigidez implacable en el perímetro de la empresa.
—Robin… —susurró Bastian, y una lágrima de pura impotencia amenazó con arruinar su compostura.
—Te advertí que no toleraría distracciones, Bastian —la voz de Azael Brinkman resonó en el interior del auto con una frialdad aterradora —. Tu amigo sigue desafiando mis límites. Y cada vez que él comete un error fuera de este edificio, tu cuerpo paga el precio aquí dentro.
Azael bajó del auto y obligó a Bastian a seguirlo directamente hacia el ascensor privado de la dirección ejecutiva, evitando que el joven Murphy pudiera hacer el menor ademán hacia la calle. En cuanto las puertas metálicas se cerraron con un clic hermético, sumiendo el elevador en un silencio absoluto, Azael extrajo su teléfono celular del bolsillo de su chaleco gris.
Con un sutil movimiento de su pulgar sobre la pantalla digital, Azael activó el microchip del tapón anal negro satinado que Bastian llevaba alojado en su intimidad. El juguete de silicona cobró vida de golpe, emitiendo una vibración profunda, continua y sádica que golpeó el centro del placer de Bastian con una potencia del cincuenta por ciento.
Bastian soltó un jadeo agudo, arqueando la espalda contra la pared de espejo del ascensor. Sus manos se aferraron con desesperación al pasamanos metálico para no caer de rodillas. El refuerzo de microfibra acolchada de su pantalón contuvo de inmediato la erección involuntaria que el estímulo le provocó, manteniendo su apariencia externa perfectamente lisa, pero por dentro su carne comenzó a arder con un calor espeso.
—Acomódate el saco —ordenó Azael, mirándolo a través del reflejo del cristal con esos ojos felinos cargados de una locura posesiva—. La junta de fondos internacionales comienza en tres minutos. Los directores principales ya están en la sala de juntas. Tu tarea hoy es estar de pie a mi lado derecho, pasar los gráficos financieros en la pantalla gigante y responder a mis preguntas con total claridad. Si dejas escapar un solo gemido audible o si tu rostro delata lo que ocurre en tu interior frente a los ejecutivos, incrementaré la potencia del chip al máximo desde mi teléfono.
Bastian asintió con la cabeza gacha, pasando saliva con dificultad. Sintió el metal frío de la cadena de oro con las iniciales A.B. presionando su garganta bajo la corbata oscura. El entrenamiento de sumisión del fin de semana había anulado su voluntad; el Síndrome de Estocolmo lo obligaba a obedecer al monstruo a cambio de mantener a Robin fuera de una celda fría.
Entraron a la gran sala de juntas del piso veintiocho. La mesa de cristal templado estaba rodeada por los ejecutivos de mayor rango de la firma corporativa. Al ver entrar a Bastian vistiendo el exclusivo uniforme azul medianoche, varios directores intercambiaron miradas de asombro; el joven Murphy lucía una elegancia imponente, pero su mirada era baja, fija exclusivamente en los pasos de su jefe.
Azael se sentó en la cabecera de la mesa, colocó su teléfono celular sobre el cristal, justo al lado de su agenda, y miró a Bastian.
—Comienza la presentación, asistente Murphy —mandó el director ejecutivo.
Bastian caminó hacia la pantalla gigante y tomó el control digital. Su pulso registraba ciento veinte latidos por minuto en la tableta que Josh vigilaba desde la esquina de la sala, pero externamente su rostro se mantenía como una máscara de seriedad ejecutiva.
—Buenos días, señores directores —comenzó Bastian con la voz temblorosa, pero esforzándose por sonar firme—. A continuación, revisaremos el balance de los fondos de contingencia del trimestre…
En ese preciso segundo, el pulgar de Azael Brinkman rozó casualmente la pantalla de su teléfono sobre la mesa de juntas. Incrementó la vibración del implante al setenta por ciento.
Un corrientazo de placer brutal y sádico recorrió la columna de Bastian, haciéndolo detenerse a mitad de la frase. Sus dedos se apretaron contra el control digital con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos. Sus paredes internas se contrajeron con violencia alrededor de la silicona negra, enviando alertas continuas a los sensores ocultos en su muñeca.
—¿Algún problema con los datos del fondo, Murphy? —preguntó Azael, mirándolo con una cortesía fingida que ocultaba un sadismo refinado.
—No… no, señor director —alcanzó a responder Bastian, mordiéndose el interior de las mejillas para contener el gemido agudo que amenazaba con salir de su garganta. El sudor frío comenzó a empaparle la frente bajo las luces LED de la sala—. Como pueden ver en el gráfico de barras, la inversión se mantuvo estable…
Las embestidas mecánicas del juguete continuaron devorando su interior de manera completamente invisible para la junta directiva. Los ejecutivos escuchaban atentos la exposición de Bastian, completamente ajenos al hecho de que el elegante pasante que tenían enfrente estaba siendo profanado y estimulado al límite de sus fuerzas por el hombre sentado en la cabecera. La asimetría del poder era absoluta; Bastian era un esclavo de carne cableado bajo la costura de su traje de tres piezas.
A mitad de la conferencia, Azael Brinkman decidió subir la apuesta. Deslizó el dedo sobre la pantalla, elevando la potencia de la vibración al noventa por ciento.
El impacto sensorial fue tan devastador que las piernas de BastianMurphy flaquearon. Tuvo que apoyar su mano izquierda sobre la mesa de cristal para no colapsar en el suelo. Sus ojos se empañaron por las lágrimas del éxtasis robado y su respiración se volvió corta, rápida y agitada. Su pene, atrapado en el refuerzo de microfibra acolchada, derramaba fluido de manera continua, rozando el límite del clímax sin necesidad de contacto.
—Asistente Murphy, detalle el porcentaje de riesgo del mercado internacional —ordenó Azael en un tono de voz ronco y dominante que solo Bastian supo descifrar como una amenaza física.
Bastian miró a los directores, luego miró el teléfono de Azael sobre la mesa y finalmente fijó sus ojos en su captor. El nivel de dependencia psicológica y el placer asfixiante se fundieron en su mente destrozada. Entendió que su clímax y su dolor eran el entretenimiento privado de su jefe.
—El… el riesgo es del… cuatro por ciento, señor Brinkman… —gimió Bastian de manera casi inaudible, soltando un suspiro trémulo que el director de marketing confundió con cansancio laboral.
Bastian apretó los muslos con fuerza, entregando las últimas defensas de su anatomía a la vibración sádica del implante. Su cuerpo entero vibraba por dentro bajo la lana italiana, adaptándose perfectamente al peso total de sus cadenas.
La junta continuó durante una hora más en una tortura de silencio y control invisible. Cuando los directores finalmente recogieron sus portafolios y abandonaron la sala de juntas, felicitando a Azael por el excelente rendimiento de su asistente, Bastian se quedó apoyado contra la pantalla gigante, con el pecho subiendo y bajando con violencia y los labios entreabiertos por la agitación.
Azael se levantó de su silla de cuero negro, tomó su teléfono celular y caminó lentamente hacia Bastian, acorralándolo contra la superficie de la pantalla. Josh cerró la puerta principal de la sala de juntas, asegurando la privacidad absoluta de los dos hombres.
Con un movimiento pausado, Azael apagó el microchip desde la aplicación. El vacío repentino hizo que Bastian soltara un sollozo ahogado de frustración, dejando caer su cabeza sobre el hombro firme de su jefe.
—Tu compostura ejecutiva fue magnífica hoy, mi pequeño Bastian —susurró Azael en su oído, pasando sus manos enguantadas por la cintura de su uniforme, acariciando el dorso donde el tatuaje de espinas permanecía sepultado—. Mantuviste la frente en alto delante junta directiva mientras tu carne ardía por mí. Has aprobado tu lección de sumisión en público.
Bastian lo miró a través de sus lágrimas de estimulación, sintiendo el metal del collar con las iniciales A.B. en su garganta y el fluido del deseo humedeciéndole el pantalón. La voluntad de Bastian Murphy ya no existía en la corporación; el piso veintiocho de la firma Brinkman se había transformado esa mañana de lunes en otra extensión de su jaula y su santuario del que ya jamás podría ni querría escapar.
⚠️👑⬇️Obra finalizada, vayan a leer mis amores. Espero disfruten...⬇️👑⚠️