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Dónde El Destino Volvió A Pasar Lista

Dónde El Destino Volvió A Pasar Lista

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Completas
Popularitas:276
Nilai: 5
nombre de autor: Sherineth Lameda Marrero

¿Y si el mayor fracaso de tu vida fuera, en realidad, el comienzo de tu historia de amor?
Valeria creyó que reprobar una materia era el fin de su camino. Mientras veía a sus compañeros avanzar, ella tuvo que regresar a un salón que jamás imaginó volver a pisar.

Gabriel, un estudiante que apenas iniciaba su primer semestre de medicina, llegó con la ilusión de cumplir el sueño de convertirse en médico. Lo que no esperaba era encontrar a una joven de mirada melancólica que, sin proponérselo, cambiaría su vida para siempre.

Entre clases interminables, noches de estudio, guardias, cafés compartidos y el peso de una carrera que exige el corazón tanto como la mente, nacerá un amor capaz de demostrar que el destino nunca se equivoca.

Porque hay encuentros que no ocurren por casualidad.

Hay personas que llegan justo cuando creemos haberlo perdido todo.
Y, a veces, la materia que más duele repetir... es la misma que termina enseñándote la lección más importante de tu vida.

NovelToon tiene autorización de Sherineth Lameda Marrero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Más allá de los libros

Capítulo 19

Más allá de los libros

La noticia de que Gabriel y Valeria representarían a la facultad en el congreso nacional de medicina se había convertido en el tema de conversación de los pasillos.

Los profesores los felicitaban cada vez que los encontraban y sus compañeros les deseaban suerte. Sin embargo, detrás de cada felicitación había una enorme responsabilidad.

Aquella mañana, el profesor de Fisiología reunió a los estudiantes seleccionados en uno de los auditorios.

—El congreso no solo evaluará sus conocimientos —dijo mientras caminaba frente al grupo—. También pondrá a prueba su capacidad para trabajar en equipo, tomar decisiones bajo presión y resolver casos clínicos complejos.

Valeria tomó apuntes sin levantar la vista.

Gabriel, sentado a su lado, notó que apretaba el bolígrafo con fuerza.

Al terminar la reunión, caminaron hacia la biblioteca.

—¿Estás nerviosa? —preguntó Gabriel.

—Muchísimo.

—¿Por el congreso?

Ella sonrió con sinceridad.

—Por decepcionar a quienes confiaron en mí.

Gabriel negó con la cabeza.

—Escúchame bien. Tú no llegaste hasta aquí por suerte. Llegaste porque te lo ganaste con esfuerzo.

Valeria suspiró.

—Ojalá pudiera verme con los mismos ojos con los que tú me ves.

—Algún día lo harás.

Y ese día entenderás todo lo que siempre he visto en ti.

Ella le respondió con una sonrisa que decía más que cualquier palabra.

---

Esa tarde, el grupo completo decidió estudiar en uno de los jardines de la facultad para cambiar un poco de ambiente.

Daniel llegó con una bolsa de pan dulce.

—La ciencia dice que estudiar con hambre no funciona.

Lucía levantó una ceja.

—¿Qué ciencia?

—La mía.

Todos comenzaron a reír.

Camila abrió un libro enorme.

—Muy bien, doctor Daniel. Entonces empiece respondiendo una pregunta.

—Uy... mejor pasen al siguiente tema.

Las carcajadas no tardaron en llenar el jardín.

Por un momento, el estrés desapareció.

Entre preguntas, bromas y café, las horas pasaron sin que ninguno se diera cuenta.

---

Al caer la tarde, el profesor de Anatomía se acercó al grupo.

—¿Puedo robarles unos minutos?

Todos se pusieron de pie.

—Claro, profesor.

Él observó a cada uno con orgullo.

—Hace muchos años también fui estudiante de esta facultad. Sé lo que sienten. Sé lo que es tener miedo de no ser suficiente.

Los jóvenes escuchaban en completo silencio.

—Pero quiero que recuerden algo.

La medicina no necesita personas perfectas.

Necesita personas que nunca dejen de aprender y que jamás olviden tratar a los pacientes con humanidad.

Valeria sintió que aquellas palabras llegaban directo a su corazón.

Cuando el profesor terminó de hablar, Gabriel comentó en voz baja:

—Algún día quiero ser un médico como él.

Valeria sonrió.

—Yo también.

---

Al finalizar la jornada, Gabriel invitó a Valeria a caminar por el campus.

El atardecer pintaba el cielo de tonos naranjas y rosados.

Las mariposas revoloteaban cerca de los jardines, como si acompañaran cada paso de la pareja.

—¿Recuerdas la primera vez que caminamos por aquí? —preguntó Gabriel.

Valeria rió.

—Claro. Yo estaba convencida de que solo querías preguntarme sobre Anatomía.

—Y terminé preguntándote si querías tomar un café.

—El peor intento de invitación que he escuchado.

Gabriel llevó una mano al pecho, fingiendo estar ofendido.

—¡Oye! Funcionó.

—Eso sí.

Los dos rieron.

Gabriel se detuvo frente al edificio donde se habían conocido.

—¿Sabes qué habría pasado si hubieras aprobado esa materia?

Valeria lo pensó unos segundos.

—Probablemente nunca nos habríamos conocido.

—Entonces... gracias por ese tropiezo.

Ella lo miró con ternura.

—Nunca imaginé que un momento tan doloroso terminaría regalándome la historia más bonita de mi vida.

Gabriel tomó su mano y la besó con delicadeza.

—Y esto apenas comienza.

---

Cuando regresaron a la entrada principal, encontraron a Daniel, Lucía, Camila, Sofía y Mariana sentados en las escaleras compartiendo unas empanadas.

—¡Llegaron los enamorados! —gritó Daniel.

—¿Otra vez? —preguntó Lucía riendo.

Gabriel negó con una sonrisa.

—No nos van a dejar vivir en paz, ¿verdad?

—Jamás —respondió Camila.

Valeria se sentó junto a ellos.

Por unos minutos hablaron de todo menos de medicina: películas, música, viajes y sueños.

Mariana miró a cada uno de sus amigos.

—¿Se imaginan volver aquí dentro de diez años?

Sofía sonrió.

—Con nuestras batas, nuestros títulos... y muchas historias que contar.

Daniel levantó una empanada como si fuera un trofeo.

—Y espero que con más dinero, porque estas guardias no se van a pagar solas.

Las risas volvieron a llenar el campus.

Valeria observó el edificio iluminado por las últimas luces del día y sintió una inmensa gratitud.

Había llegado a ese lugar creyendo que repetir una materia era el final de su historia.

Ahora entendía que solo había sido el primer capítulo de una vida llena de nuevos comienzos.

Mientras el grupo emprendía el camino de regreso a casa, Gabriel entrelazó sus dedos con los de ella.

No hicieron falta palabras.

A veces, el amor también se expresaba en el silencio, en una mano que nunca se soltaba y en la certeza de que, sin importar cuántas pruebas les pusiera la vida, siempre encontrarían el camino para volver el uno al otro.

1
Milanyela Lameda
muy buena la historia
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