Camila Fernández se despertó en la cama de un hotel con un hombre que intentaba matarla, acusándola de haberle tendido una trampa. Pero la realidad era peor de lo ella esperaba.
Su propio hermano había organizado todo con la intención de sacarle dinero a Mateo Vázquez, el hombre con quien paso la noche y cuando obtuvo lo que quería, desapareció.
Dos meses después Camila estaba sola con su abuela, sus padres se habían quitado la vida al irse a la ruina, su hermano estaba desaparecido y ahora ella, estaba embarazada de Mateo.
Cuando su hermano Nicolás regresa y descubre el embarazo, corre con la familia Vázquez para sacar provecho y ahora, Camila está atrapada en un matrimonio con un hombre que la desprecia.
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Capítulo 17
Llegamos al hospital y el médico nos atendió de inmediato. Me hicieron varios estudios. Mateo esperó afuera todo el tiempo, pero cuando el doctor entró a la habitación, él también pasó.
---El susto fuerte desestabilizó un poco la posición del bebé\, pero no es grave ---explicó el médico\, entregándole los resultados a Mateo---. De todos modos\, las consecuencias de un shock así tardan en desaparecer. Esta noche es probable que tenga pesadillas. Lo mejor es que el marido se quede cerca para evitar cualquier accidente. Además\, necesita descansar mucho y mantener la calma. En unos días debería estar mejor.
---Gracias ---respondió Mateo con sequedad.
Cuando volvimos a la Finca, la familia Torres ya se había ido.
La abuela Mariana nos esperaba en el living, con cara de preocupación.
---¿Cómo estás\, hija?
---Estoy bien\, abuela.
---Tenés muy mala cara. ¿Qué dijo el médico?
---Que la señora se asustó mucho y el bebé se movió un poco. Necesita reposo ---contestó la señora Marta por mí.
La abuela me tomó las manos con fuerza.
---Hoy te hicimos pasar un mal rato. Perdónanos.
---No fue nada ---mentí\, forzando una sonrisa.
La abuela miró a Mateo.
---Vos y Julieta no tienen nada\, ¿verdad? Solo la querés como a una hermana\, ¿no es cierto?
Mateo tenía la cara oscura.
---Subo a mi cuarto.
---Este chico... ¿Vas a dejar a tu mujer enojada sin hacer nada? ¿Querés quedarte soltero toda la vida? ---La abuela lo agarró del brazo para que no se escapara.
---Abuela\, de verdad no estoy enojada. Con quién se junte Mateo es asunto suyo. A mí no me importa.
La abuela suspiró.
---Sé que decís eso porque estás dolida. No te preocupes\, yo le voy a dar una buena charla a este bruto.
Mateo parecía preguntarse en silencio si realmente era nieto de esa mujer.
---Todavía no comiste nada\, ¿verdad? En la cocina te dejaron la comida caliente. Andá a comer algo.
Asentí. En realidad no tenía hambre, pero con la abuela no se podía discutir.
Esa noche, tal como había dicho el médico, no pude dormir tranquila. Apenas cerraba los ojos, volvía la misma pesadilla: el gato blanco lanzándose sobre mí, el golpe contra la baranda, el dolor en el vientre. Me despertaba sobresaltada, con el corazón latiendo fuerte, y tardaba mucho en volver a dormirme.
Mateo, que dormía en el sofá, se levantó varias veces. Al final, sin decir nada, levantó la frazada y se metió en la cama. Me rodeó con el brazo y me atrajo contra su pecho.
Me desperté de golpe, respirando agitada. Tardé unos segundos en darme cuenta de que estaba apoyada contra él. Su olor fresco y el calor de su cuerpo me envolvieron. Intenté apartarme.
---Quedate quieta ---ordenó con voz ronca\, apretándome más fuerte.
Me quedé quieta. Poco a poco, el miedo se fue yendo. El ritmo constante de su respiración me calmó. Me dormí profundamente y no volví a despertarme hasta la mañana siguiente.
Cuando abrí los ojos, el lugar a mi lado ya estaba vacío, pero todavía quedaba un poco de su calor en las sábanas.
Tocaron a la puerta.
---Adelante.
La señora Marta entró con una sonrisa.
---¿Durmió bien\, señora?
---Más o menos.
---El señor salió temprano y pidió que no la despertáramos\, pero ya es casi mediodía. Si no se levanta\, el desayuno y el almuerzo van a juntarse.
---¿Tan tarde es? ---Miré el celular. Pasaban de las diez. No recordaba haber dormido tanto en mucho tiempo.
---Vaya a lavarse. Después le cambio el vendaje de la mano.
---Gracias\, señora Marta.
Fui al baño. Con el dedo lastimado era difícil hacer todo sin mojarlo. Cuando terminé y me senté en la cama para que me curara, la señora Marta abrió el vendaje y se asustó.
---Dios mío\, ¿cómo se hinchó tanto? ¿Se mojó la mano?
---No\, la mantuve levantada todo el tiempo mientras me bañaba.
El dedo estaba el doble de grueso, morado, con la uña llena de sangre acumulada. Dolía más que ayer.
---Esto no tiene buena pinta. Mejor vamos al hospital.
---No hace falta. Con desinfectar y cambiar el vendaje debería mejorar en un par de días. No quiero preocupar más a la abuela.
La señora Marta dudó, pero finalmente aceptó.
---Entonces tenga mucho cuidado. No deje que se infecte.
Desinfectó con yodo, puso pomada y me vendó de nuevo con cuidado.
---Gracias.