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Gemelos genios y un CEO implacable

Gemelos genios y un CEO implacable

Status: Terminada
Genre:CEO / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Una noche que no debía ocurrir. Un secreto que dura siete años. Y dos niños dispuestos a cambiarlo todo.

Ariana lo había perdido casi todo: el cariño de su padre, su lugar en casa, su sueño de estudiar. Lo único que le quedaba era su tenacidad. Hasta que una trampa cruel la arroja a los brazos de Edgar Alcázar, el presidente del imperio empresarial más poderoso del país, un hombre tan atractivo como glacial. Al amanecer, ella huye con un secreto que jamás imaginó llevar.

Siete años después, Ariana ha rehecho su vida lejos de todo, convertida en madre de unos gemelos que no son niños comunes: Rayan y Zayan son dos pequeños genios capaces de hackear cualquier sistema... y de trazar el plan maestro para encontrar al padre que nunca conocieron.

Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, Edgar no piensa dejarla ir por segunda vez. Pero entre ellos se interponen viejas heridas, un comisario que la protegió en silencio durante años y una familia dispuesta a todo con tal de arrebatarle la herencia al heredero.

¿Podrá el amor sobrevivir a siete años de mentiras y a los secretos que aún no han salido a la luz?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6

Al llegar frente a las rejas de la Universidad Nacional, Ariana se detuvo. A lo lejos, Renata, su mejor amiga desde el primer año de secundaria, ya le hacía señas con la mano, llena de entusiasmo.

—¡Ari, estoy acá! —la llamó Renata, con una amplia sonrisa.

Ariana le devolvió el gesto y se acercó de inmediato. Pero, cuando estuvo más cerca, Renata parpadeó extrañada. Algo fuera de lo común había en el aspecto de su amiga ese día.

—Qué raro que traigas el pelo suelto, Ari. ¿Y esto qué es? ¿Por qué te tapas el cuello con esa pañoleta? ¡Qué extraña andas hoy, Ariana! —indagó Renata, entornando los ojos con desconfianza.

Como la amiga más cercana que había pasado por tantas cosas a su lado, Renata conocía a Ariana de memoria. Las dos compartían la misma suerte: ambas habían perdido a su madre biológica y tenían un padre que se había vuelto a casar con una madrastra cruel. La diferencia era que Renata había tenido la fortuna de contar con un hermano mayor que trabajaba en Singapur y la adoraba, mientras que Ariana tenía que pelearla sola bajo la sombra de la injusticia de su padre.

Ariana se retorció los dedos. Sabía que no podría esconder un problema tan grande de la única persona que de verdad la entendía.

—Ari, ¿por qué anoche fue tan difícil comunicarse contigo? —preguntó Renata, extrañada por su silencio.

Ariana tomó aire.

—Después, Rena. Te cuento todo cuando termine de pagar mi matrícula. Después vamos a un lugar tranquilo.

Al ver que el gesto de Ariana se apagaba de golpe, Renata asintió, comprensiva.

—Está bien, vamos a resolver esto primero.

Cerca de una hora después, terminados los trámites de inscripción, las dos salieron de la zona principal del campus. Caminaron hacia una cafetería a la que solían ir, bastante tranquila a esas horas, el rincón favorito de los estudiantes de la Universidad Nacional para aislarse un rato.

Ariana y Renata se sentaron en el rincón del fondo, una frente a la otra. Ariana soltó un suspiro pesado, de esos que se quedan atorados en el pecho. Despacio, alzó los dedos y se deshizo de la pañoleta que le envolvía el cuello terso y delicado.

Al instante, los ojos de Renata se abrieron de par en par, incrédulos, al ver la hilera de marcas de un rojo amoratado que resaltaban con claridad sobre la piel.

—¡Dios mío, Ari! ¿Tú... tú ya tienes novio? ¿Acaso el tal Jordy, el que Dana siempre anda persiguiendo, se puso de novio contigo? —exclamó Renata, atónita.

—Esto no tiene nada que ver con ese tipo, Rena... —la cortó Ariana en voz baja, con la voz ronca—. Yo... me tendieron una trampa. Alguien quería destruirme con muy malas intenciones... y sí, ya me destruyeron, Rena.

La entereza de Ariana se vino abajo de golpe. Las lágrimas que había contenido todo este tiempo se desbordaron y le mojaron las mejillas. Frente a la amiga que siempre había estado ahí en las buenas y en las malas, Ariana le narró todo lo de aquella noche negra: desde la oferta de trabajo de su madrastra y la trampa de la bebida, hasta lo que había ocurrido, sin ser ella consciente, en la cama de aquella habitación de hotel.

A medida que escuchaba cada verso de dolor de Ariana, el rostro de Renata se encendió de rabia. Apretó el puño con fuerza sobre la mesa, hasta que se le marcaron las venas del cuello conteniendo la furia.

—¡Malditos! ¿Esto lo hicieron tu madrastra y tu hermanastra, Ari? Querían sacarte del camino destrozándote el futuro... ¡Qué gente tan perversa! —siseó Renata, echando fuego.

—Yo... yo tampoco lo sé, Rena. ¿Pero de verdad serían capaces de hacerme algo tan cruel? —dijo Ariana con un hilo de voz, aún buscando una verdad en medio de sus sentimientos hechos pedazos.

—No seas ingenua, Ari —replicó Renata con firmeza, mirándola directo a los ojos—. Con solo lo que acabas de contarme, ya puedo concluir que el trabajo que te ofreció tu madrastra era una trampa. ¡Esa arpía!

*

*

En otro lugar, Bruno, el asistente personal, llegaba al Hotel Gran Palmera. Sin perder tiempo, fue directo a ver al gerente del hotel y le pidió la lista completa de los empleados que habían trabajado durante la fiesta de cumpleaños de don Fernando Alcázar. El gerente, sumiso y obediente ante el poder y la influencia de la gran familia Alcázar, se apresuró a preparar los documentos solicitados.

—Aquí tiene la lista de empleados, con el personal fijo y los meseros temporales que trabajaron durante el cumpleaños de don Fernando, señor Bruno —dijo el gerente, entregándole un fajo de papeles.

Bruno los tomó con rapidez.

—Gracias, con permiso.

Volvió de inmediato a la sede central del Grupo Alcázar. Al llegar, Edgar ya lo esperaba con impaciencia. El hombre arrebató la lista de nombres junto con las fotos tamaño carné adjuntas a cada ficha de identidad. Los dedos de Edgar recorrieron una a una las fotos con atención. Por un instante, el recuerdo borroso de los rasgos de la muchacha de aquella noche giró en su mente. Pero, hasta la última hoja, ninguna foto coincidía con el rostro de la mujer que buscaba: el rastro de Ariana había sido borrado por completo por el contacto interno, a órdenes de Desi.

—¡Revisa otra vez, Bruno! Estoy seguro de que quedó algo pendiente —exigió Edgar, entre la curiosidad y la frustración.

—Sí, señor, volveré a revisar el sistema —respondió Bruno con presteza.

En ese momento, el celular sobre el escritorio de Edgar empezó a sonar con estridencia. Al ver en la pantalla el nombre de su tío David, Edgar se apresuró a contestar.

—¡Edgar, es una emergencia! ¡A tu papá le volvió a fallar el corazón! ¡Ahora mismo está en el hospital, ven enseguida! —gritó David al otro lado de la línea, con un pánico fingido.

¡Crac!

Del susto, el celular se le escapó de la mano a Edgar y cayó al piso. Sin perder un segundo más, Edgar salió corriendo del despacho rumbo al hospital, seguido de Bruno.

Al llegar, don Fernando ya estaba siendo atendido intensivamente por el equipo médico. En el pasillo de las habitaciones, el especialista que lo trataba se acercó a Edgar para plantearle la mejor opción de tratamiento.

—¿Qué, doctor? ¿Alemania? ¿Entonces sería mejor operar a mi papá allá y que reciba un tratamiento completo? —preguntó Edgar, respondiendo a la sugerencia del médico.

—Así es, señor Edgar. La atención en las instalaciones médicas de Alemania ofrece muchas más posibilidades para la recuperación a largo plazo de don Fernando —explicó el doctor.

Edgar guardó silencio un momento, sopesando la gravedad de la situación. A su lado, el tío David le dio unas palmaditas en el hombro, fingiendo ser un tío que se preocupaba de verdad, lleno de cariño.

—Toma la mejor decisión para tu papá, Edgar —dijo David con suavidad.

Edgar tomó aire, tratando de afianzar su ánimo por el bien de su padre.

—Está bien, hagan todo lo que haya que hacer para el tratamiento de mi papá —resolvió con firmeza. Luego miró a su tío—. Y tío David, quiero pedirle que dirija la empresa de manera temporal, hasta que mi papá se recupere. ¿Podría?

Al oír la petición que tanto había esperado, David se esforzó por contener el júbilo que le estallaba en el pecho. Compuso una amplia sonrisa forzada, de fingida amabilidad.

—Tú tranquilo, Edgar. El Grupo Alcázar estará a salvo bajo mi mando. Tú sigues siendo el líder principal; yo solo ayudo en todo lo que pueda —prometió David con aplomo.

Pero, detrás de aquella sonrisa amplia y de toda su hipocresía, un murmullo taimado corría desbocado en su mente.

¡Excelente! Ojalá ustedes dos no vuelvan nunca más por aquí, así podré adueñarme por completo de esta empresa junto con Aldo, mi hijo, que en poco tiempo regresa de Estados Unidos. David sonreía por dentro, satisfecho, a costa del sufrimiento de su hermano y de su sobrino.

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Tere Jimenez
gracias increíble novela hermosa un abrazo gracias
Tere Jimenez
muy bueno el libro muchas felicidades increíble familia espero nos regales más éxitos tuyos bendiciones y felicidades
Noemi Fernandez
makdutos ambiciosos pero haci les va ir
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